El semen (pronunciado SEE-men o SEE-mən) es el líquido que sale del extremo del pene del hombre cuando tiene un orgasmo (el punto álgido de la excitación sexual) y eyacula. Suele ser una sustancia blanquecina o amarillenta, algo pegajosa, compuesta por espermatozoides (células masculinas para la reproducción sexual) que flotan en un líquido llamado plasma seminal. Ese plasma contiene agua y diversas sustancias químicas (azúcares como fructosa, proteínas, enzimas, prostaglandinas, minerales como el zinc y otras moléculas) que nutren y ayudan a transportar a los espermatozoides. Normalmente, una eyaculación produce entre 1,5 y 5 mililitros (hasta una cucharadita) de semen, aunque el volumen puede variar según la frecuencia de las relaciones sexuales, la edad, la salud y otros factores.

Composición y origen

El semen se forma por la contribución de varios órganos:

  • Los testículos producen los espermatozoides y parte del líquido seminal.
  • El epidídimo almacena y madura los espermatozoides.
  • Las vesículas seminales aportan la mayor parte del volumen del plasma seminal, rico en fructosa y otras sustancias energéticas.
  • La próstata añade enzimas, citrato y factor de licuefacción que modifican el pH y la consistencia del semen.
  • Las glándulas bulbouretrales (de Cowper) secretan una pequeña cantidad de líquido pre-eyaculatorio que lubrica y puede proteger a los espermatozoides.
El plasma seminal tiene un pH ligeramente alcalino (aprox. 7,2–8) para ayudar a neutralizar la acidez de la uretra y la vagina, facilitando así la supervivencia de los espermatozoides.

Eyaculación: proceso y características

La eyaculación suele ocurrir durante el orgasmo y consta de dos fases principales: emisión (se mezcla el semen en la uretra prostática) y expulsión (contracciones musculares que expulsan el semen hacia el exterior). Justo después de la eyaculación, el semen suele coagularse ligeramente y, en minutos, se licúa por acción de enzimas prostáticas para liberar los espermatozoides y permitir que se desplacen. La consistencia, el color y el volumen pueden variar según la frecuencia de la actividad sexual, la hidratación, medicación o enfermedades.

Semen y fertilidad

Para que exista posibilidad de embarazo es necesario que el semen contenga suficientes espermatozoides con buena movilidad y morfología. Un análisis de semen (seminograma) evalúa parámetros como:

  • volumen (ml),
  • concentración de espermatozoides (millones por ml),
  • motilidad (porcentaje de espermatozoides móviles),
  • morfología (porcentaje con forma normal),
  • pH y tiempo de licuefacción.
Según la Organización Mundial de la Salud, una concentración normal suele ser superior a 15 millones de espermatozoides por ml y la motilidad total superior al 40% (valores orientativos; los criterios pueden actualizarse).

Riesgos para la salud y precauciones

Si el semen entra en contacto con el cuerpo de otra persona, puede transmitirle infecciones de transmisión sexual (ITS) como VIH, gonorrea, clamidia, sífilis, entre otras. Por eso, el uso de un preservativo es una medida efectiva para reducir el riesgo de transmisión de ITS y evitar embarazos no deseados.

Algunas personas pueden experimentar una reacción alérgica al semen (hipersensibilidad al plasma seminal), un fenómeno poco frecuente que puede provocar enrojecimiento, hinchazón, picor o síntomas locales y, en casos raros, reacciones más generalizadas. Si aparece dolor persistente al eyacular, sangre en el semen (hematospermia), fiebre, secreción o cualquier síntoma preocupante, conviene consultar a un profesional de la salud.

Se ha planteado en estudios la hipótesis de que la exposición al semen podría influir en el estado de ánimo de la mujer por compuestos bioactivos presentes en el plasma seminal; sin embargo, la evidencia no es concluyente y sigue siendo objeto de investigación. Por seguridad y salud sexual, las medidas preventivas como el uso de preservativos y las pruebas regulares de ITS son las recomendaciones habituales.

Variaciones normales y signos de alarma

El color del semen puede variar: normalmente es blanco grisáceo; tonalidades amarillas pueden aparecer por restos de orina, conducción prolongada o el consumo de ciertos alimentos o medicamentos. Un aspecto verdoso o acompañado de mal olor puede indicar infección. La presencia de sangre (tonos rojizos o marrones) debe evaluarse médicamente. También es normal que la cantidad y la calidad del semen cambien con la edad, tras largas abstinencias o en periodos de enfermedad.

Uso clínico y conservación

El semen se analiza en estudios de fertilidad y puede ser congelado (criopreservado) en bancos de semen para preservación de la fertilidad antes de tratamientos médicos (p. ej., quimioterapia) o para reproducción asistida. La recolección para análisis o banco requiere condiciones específicas (muestra completa, periodo de abstinencia recomendado, transporte y temperatura adecuados) para que los resultados sean válidos.

Aspectos culturales y sociales

Muchas culturas de todo el mundo pensaron o siguen pensando que el semen tiene cualidades especiales o incluso mágicas. Mostrar el semen en formas de cultura popular como el arte y el cine ha sido durante mucho tiempo un tabú, es decir, no ha sido generalmente aceptado por la sociedad. Sin embargo, desde finales del siglo XX, los artistas y cineastas lo han incluido con más frecuencia, lo que ha abierto debates sobre la representación, la estética y la censura.

En resumen, el semen es un fluido biológico complejo esencial para la reproducción. Conocer su composición, su función y los riesgos asociados ayuda a tomar decisiones informadas sobre la salud sexual y reproductiva. Ante dudas sobre fertilidad, ITS o síntomas anormales relacionados con el semen, lo apropiado es consultar a un profesional sanitario.