El picor (latín: prurito) es una sensación desagradable que provoca el deseo o el reflejo de rascarse. El picor tiene muchas similitudes con el dolor y ambos son experiencias sensoriales desagradables, pero sus patrones de respuesta conductual son diferentes: el dolor suele desencadenar retirada, mientras que el picor conduce al rascado. Las fibras nerviosas del picor y del dolor se encuentran en la piel, pero la información se transmite por vías centrales parcialmente distintas que recorren haces de nervios.
¿Qué causa el picor?
El picor puede originarse en la piel o ser secundario a procesos sistémicos, neurológicos o psicológicos. Entre las causas más frecuentes se incluyen:
- Dermatológicas: dermatitis atópica, dermatitis de contacto, psoriasis, urticaria, picaduras de insectos, eccema, xerosis (piel seca).
- Sistémicas: enfermedad hepática (colestasis), insuficiencia renal crónica, alteraciones tiroideas, anemia por deficiencia de hierro, hematopatías (por ejemplo linfoma).
- Neurológicas: neuropatías periféricas, prurito postherpético, compresiones medulares.
- Medicamentos: opiáceos, ciertos antibióticos, antihipertensivos y otros fármacos pueden provocar prurito.
- Psicológicas: prurito psicógeno o relacionado con estrés y trastornos psiquiátricos.
- Otras: alergias, infestaciones (p. ej. escabiosis), causas idiopáticas (sin causa identificable).
Síntomas y signos asociados
- Picor localizado (por ejemplo en una zona con erupción o picadura) o generalizado.
- Lesiones cutáneas asociadas: enrojecimiento, habones, pápulas, costras o laceraciones por rascado.
- Rascado intenso que puede producir excoriaciones, infección secundaria o engrosamiento crónico de la piel (liquenificación).
- Alteración del sueño, irritabilidad y deterioro de la calidad de vida cuando el prurito es persistente.
Cómo se evalúa el prurito
La evaluación comienza con una historia clínica detallada y exploración física. Es importante preguntar sobre:
- Inicio, duración, patrón (diurno/nocturno), localización y factores que empeoran o alivian el picor.
- Medicamentos recientes, enfermedades sistémicas y antecedentes familiares o personales de alergias y enfermedades de la piel.
- Signos acompañantes: pérdida de peso, fiebre, ictericia, cambios urinarios o digestivos que puedan indicar enfermedad sistémica.
Pruebas complementarias posibles: analítica con hemograma, bioquímica hepática y renal, hormonas tiroideas, pruebas de alergia, y en casos seleccionados biopsia cutánea o estudios neurológicos.
Medidas para aliviar la comezón en casa
- Hidratación de la piel con emolientes y cremas sin perfume varias veces al día, especialmente tras el baño.
- Bañarse con agua tibia, evitar duchas muy calientes y usar limpiadores suaves y sin jabón agresivo.
- Aplicar compresas frías sobre la zona que pica para calmar la sensación.
- Cortar las uñas y mantenerlas limpias; usar guantes nocturnos si el rascado es involuntario durante la noche.
- Evitar sustancias irritantes o alergénicas (detergentes con perfume, ropa sintética, látex) y factores desencadenantes conocidos.
- Ropa de algodón y ambiente con humedad adecuada para evitar sequedad cutánea.
Tratamientos tópicos y sistémicos
La elección del tratamiento depende de la causa:
- Tópicos: emolientes, corticosteroides tópicos para dermatosis inflamatorias, cremas con mentol o calamina para alivio sintomático. Los anestésicos tópicos o antihistamínicos locales deben usarse con precaución por riesgo de sensibilización.
- Antihistamínicos orales: útiles en prurito mediado por histamina (urticaria, alergias). Los sedantes (clásicos) pueden ayudar a conciliar el sueño si el picor empeora de noche.
- Fármacos para prurito neuropático: gabapentina, pregabalina o ciertos antidepresivos (p. ej. mirtazapina o inhibidores de la recaptación de serotonina) cuando hay componente nervioso.
- Tratamientos específicos: para colestasis pueden emplearse colestiramina o rifampicina en casos seleccionados; en enfermedad renal crónica y prurito refractario se valora fototerapia (UVB) o tratamientos farmacológicos especializados.
- Biológicos y novedosos: en enfermedades como dermatitis atópica, medicamentos biológicos (por ejemplo dupilumab) o inhibidores de JAK han mostrado eficacia para reducir prurito en contextos específicos bajo supervisión médica.
Cuándo acudir al médico
- Si el picor es intenso, generalizado y no mejora con medidas básicas en días o semanas.
- Cuando se acompaña de síntomas generales (pérdida de peso, fiebre, ictericia) o signos sugerentes de enfermedad sistémica.
- Si aparecen lesiones cutáneas que aumentan, supuran o muestran signos de infección.
- Prurito de nueva aparición en personas mayores sin causa aparente, o prurito que impide el sueño o las actividades diarias.
Prevención y cuidados a largo plazo
- Mantener la piel bien hidratada y evitar agentes irritantes.
- Controlar enfermedades crónicas que puedan favorecer el prurito (diabetes, enfermedad renal, hepática, tiroides).
- Identificar y evitar alérgenos o medicamentos desencadenantes cuando sea posible.
- Seguir las indicaciones médicas y acudir a revisión si el tratamiento no controla los síntomas.
En resumen, el picor es una sensación común con múltiples causas y grados de gravedad. Muchas veces se controla con medidas simples y tratamientos dirigidos, pero cuando es persistente, intenso o acompañado de otros síntomas, requiere evaluación médica para identificar la causa y aplicar un tratamiento adecuado.


