El pueblo judío es una comunidad histórica y etnorreligiosa formada por personas unidas por ascendencia, tradición, memoria compartida y, en muchos casos, por la práctica del judaísmo. No todas las personas judías son religiosas, y la identidad judía puede ser cultural, familiar, nacional o una combinación de estas dimensiones. La tradición jurídica judía, conocida como Halajá, considera judía a la persona nacida de madre judía o convertida al judaísmo.

Sus orígenes se sitúan en el antiguo Oriente Próximo, donde surgieron los primeros pueblos israelitas y la tradición bíblica hebrea. Con el paso de los siglos, la historia judía quedó marcada por migraciones, expulsiones y asentamientos en distintas regiones. Esa experiencia dio lugar a la diáspora, por la cual comunidades judías se establecieron en numerosos países sin perder del todo sus vínculos religiosos y culturales.

Identidad, lengua y vida comunitaria

La identidad judía se expresa de formas muy diversas. Además de la religión, influyen la historia familiar, las fiestas, la alimentación ritual, la literatura y las lenguas vinculadas a distintas comunidades. Entre las más conocidas están el hebreo moderno, el yidis y el ladino. En la práctica, algunas personas se identifican ante todo como judías por su herencia, mientras que otras lo hacen principalmente por convicciones religiosas o por una mezcla de ambas.

Hoy, Israel es el único país con mayoría judía, aunque existen comunidades significativas en la diáspora. Hay poblaciones judías en Estados Unidos, Argentina, Europa y Australia, entre otros lugares. Esta distribución refleja siglos de movilidad, integración local y reconstrucción comunitaria, especialmente después de cambios políticos y migratorios del siglo XX.

Historia de persecución y resiliencia

La historia del pueblo judío también incluye largos periodos de persecuciones, discriminación y expulsiones. Durante la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo de Estado impuesto por los nazis culminó en el Holocausto, en el que fueron asesinados seis millones de judíos. Ese hecho marcó profundamente la memoria judía y la historia contemporánea mundial.

Tras la guerra y la disolución de la Unión Soviética, muchas personas judías emigraron a Israel, a América del Norte y a otros países, modificando el mapa demográfico de la comunidad global. Pese a su diversidad interna, el pueblo judío suele compartir referencias comunes como la Biblia hebrea, la celebración del Sabbat, el calendario festivo y la importancia de la educación y la transmisión intergeneracional.

En el uso moderno, conviene distinguir entre judío como identidad de pueblo y judaísmo como religión. Esa diferencia ayuda a entender por qué hay judíos seculares, reformistas, conservadores, ortodoxos y personas que se reconocen judías por ascendencia o cultura sin observar una práctica religiosa estricta. Precisamente esa pluralidad hace del pueblo judío una de las comunidades históricas más antiguas y diversas del mundo.