Descripción general
La sífilis es una infección bacteriana de transmisión humana causada por una bacteria espiroqueta conocida como Treponema pallidum. Se transmite principalmente por contacto sexual directo; para más información sobre la vía sexual vea transmisión sexual. Cuando la infección pasa de madre a hijo durante el embarazo o el parto se denomina sífilis congénita y está asociada a complicaciones neonatales si no se diagnostica y trata a tiempo (embarazo, parto).
Características y etapas clínicas
La evolución clásica de la sífilis se divide en cuatro etapas: primaria, secundaria, latente y terciaria. En cada una aparecen signos y manifestaciones distintas que conviene reconocer para el diagnóstico temprano (signos y síntomas):
- Primaria: suele aparecer un único chancro, una úlcera indolora en la piel o mucosas (piel), que puede pasar desapercibida.
- Secundaria: erupciones cutáneas, lesiones mucosas y síntomas generales (fiebre, fatiga), que indican diseminación bacteriana.
- Latente: fase asintomática en la que la infección permanece detectable en pruebas de laboratorio pero sin manifestaciones clínicas evidentes (síntomas).
- Terciaria: aparición años después en casos no tratados, con afectación sistémica grave que puede incluir compromiso del sistema nervioso (meninges, cerebro, o las raíces y nervios) y del corazón, entre otras complicaciones.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico suele apoyarse en pruebas serológicas como análisis de sangre (análisis de sangre) que detectan anticuerpos específicos y en técnicas directas para visualizar el agente al microscopio en muestras de lesiones. El tratamiento estándar consiste en antibióticos; la penicilina sigue siendo el fármaco de elección en la mayoría de los casos y etapas (antibióticos, penicilina). Es esencial la evaluación y tratamiento de las parejas sexuales y el seguimiento serológico posterior. En contextos clínicos avanzados puede requerirse manejo multidisciplinario y atención a secuelas neurológicas o cardiacas (tratamiento médico).
Importancia epidemiológica e historia
La difusión de la sífilis ha variado con el tiempo: la disponibilidad masiva de antibióticos a mediados del siglo XX redujo la carga de enfermedad, pero en las últimas décadas se han reportado rebrotes en múltiples regiones. A finales del siglo XX se estimó que más de 12 millones de personas habían contraído la infección y una proporción significativa residía en el mundo en desarrollo. La enfermedad aumenta además la susceptibilidad a la infección por VIH y otras ITS, por lo que su control es relevante para la salud pública.
Prevención y datos prácticos
La prevención combina medidas individuales y de salud pública. Entre ellas se incluyen:
- Uso correcto y consistente de preservativos y reducción del número de parejas sexuales (prevención de transmisión sexual).
- Cribado en embarazadas y tratamiento oportuno para evitar la sífilis congénita (embarazo, parto).
- Identificación, notificación y tratamiento de contactos sexuales para romper cadenas de transmisión.
- Acceso a diagnóstico mediante análisis de sangre y confirmación con métodos directos cuando sea necesario (microscopio).
Datos clínicos y recomendaciones finales
Sin tratamiento oportuno la sífilis puede provocar complicaciones severas y, en casos avanzados, resultar fatal; por ello es crucial la detección precoz y la administración adecuada de antibióticos. Históricamente, la introducción de la penicilina cambió el pronóstico de la enfermedad, pero la vigilancia continua y la educación sexual son necesarias para controlar su reemergencia. Si existe sospecha de infección o exposición, se recomienda consultar con servicios de salud para pruebas, tratamiento y asesoramiento, y evitar la transmisión a otras personas (signos y síntomas, chancro, síntomas).
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