Según la OMS, un medicamento es una sustancia que puede modificar el funcionamiento de un organismo vivo. Aunque los alimentos no suelen considerarse fármacos, algunos contienen compuestos que también afectan al organismo y, en determinados casos, pueden tener un efecto terapéutico. La mayoría de las veces los medicamentos se usan para prevenir, aliviar o curar una enfermedad o para mejorar una condición médica crónica. Ejemplos comunes son la aspirina y el paracetamol, que suelen administrarse para tratar la fiebre y algunas infecciones o para aliviar el dolor. Cuando estos fármacos se consumen por periodos prolongados suelen ser recetados y supervisados por un médico.

Es importante distinguir entre diferentes usos de las drogas o fármacos. Las drogas que se toman para tratar una enfermedad o una afección suelen llamarse terapéuticas, mientras que las que se toman por placer o por el efecto psicoactivo se denominan recreativas.

Los fármacos pueden producir tanto efectos deseados como efectos no deseados. Los efectos no buscados se conocen generalmente como efectos secundarios y pueden ir desde leves molestias (náuseas, somnolencia) hasta reacciones graves (alergias, daño en órganos). Además, muchos fármacos interactúan entre sí o con alimentos, por lo que es fundamental informar al profesional sanitario sobre todos los medicamentos y suplementos que se estén tomando.

La forma en que un fármaco actúa depende de su dosis, es decir, de la cantidad administrada. Por eso es esencial tomar la cantidad adecuada indicada por el profesional sanitario. Por ejemplo, la aspirina se prescribe habitualmente contra la fiebre o como analgésico. Uno de sus efectos secundarios es que diluye la sangre; por este motivo también se utiliza, en dosis menores, para reducir el riesgo de accidentes cerebrovasculares o infartos de miocardio. Esa diferencia entre dosis terapéutica y dosis usada para otras indicaciones ilustra cómo la misma sustancia puede tener distintos usos según la cantidad y la pauta de administración.

Tomar una cantidad excesiva de un fármaco ("una dosis demasiado alta") puede provocar intoxicaciones, daño orgánico o incluso la muerte. Por eso cuando el médico indica la dosis correcta, hay que seguirla estrictamente y no suspender ni modificar el tratamiento sin consultarle: alguien puede sentirse mejor pero aún estar enfermo. La indicación concreta sobre qué medicamento, qué dosis y durante cuánto tiempo se conoce como prescripción. Cumplir la prescripción reduce riesgos y aumenta la eficacia del tratamiento.

Algunas drogas pueden causar adicción o dependencia física y/o psicológica. Las sustancias extremadamente adictivas suelen ser ilegales en muchos países; además, su comercio ilícito conlleva riesgos añadidos, como consumo de productos adulterados, violencia y exclusión social. La adicción puede afectar la salud física, mental, las relaciones personales y la vida laboral o académica.

Para reducir riesgos y promover un uso seguro de los fármacos es recomendable:

  • • Seguir la prescripción médica y las instrucciones del prospecto o del farmacéutico.
  • • Informar al profesional sanitario sobre alergias, otras enfermedades, embarazo o lactancia, y todos los medicamentos y suplementos que se estén tomando.
  • • Evitar mezclar alcohol u otras drogas con medicamentos sin consultar a un profesional.
  • • Guardar los medicamentos fuera del alcance de niños y en condiciones adecuadas (temperatura, humedad).
  • • No compartir medicamentos con otras personas ni usar medicamentos prescritos para otra persona.
  • • Buscar ayuda profesional si se sospecha dependencia, abuso o efectos adversos graves.

También es importante conocer cómo actuar ante una posible sobredosis o reacción adversa grave: contactar con los servicios de emergencia, acudir al centro de salud o a urgencias y llevar siempre los envases o información del medicamento para facilitar la atención. En casos de consumo recreativo, la reducción de daños (información, pruebas de pureza cuando existan servicios, no conducir bajo efectos, no mezclar sustancias) puede disminuir riesgos, aunque la opción más segura es evitar el consumo de sustancias no prescritas.

Finalmente, la regulación y la legalidad de las drogas varían según el país: algunos compuestos están restringidos, otros requieren receta médica y algunos son ilegales. Las políticas sanitarias buscan equilibrar el acceso a fármacos necesarios para la salud con la prevención del abuso y la protección de la población. Ante dudas, consulte siempre a un profesional de la salud.