La fiebre es un aumento temporal de la temperatura corporal por encima de los valores habituales. Se considera fiebre cuando la temperatura central supera los 37,5 ° Celsius (≈ 99,5 °F), si bien la temperatura normal varía entre individuos y según la zona de medición.
Medición y valores habituales
- La temperatura puede medirse en distintas ubicaciones: oral (debajo de la lengua), rectal, axilar o por vía timpánica. Cada sitio ofrece lecturas ligeramente distintas.
- Por lo general, la medición rectal es aproximadamente 0,3 °C más alta que la oral; la axilar suele ser más baja.
- Clasificación aproximada:
- Fiebre baja: alrededor de 38 °C (100,4 °F).
- Fiebre alta: por encima de 39,5 °C (≈103 °F).
Por qué aparece la fiebre
La fiebre es una respuesta del organismo ante un agente agresor. El sistema inmunitario aumenta la temperatura como parte de la defensa frente a una enfermedad, con el objetivo de dificultar la multiplicación de microorganismos y potenciar procesos inmunitarios.
Causas frecuentes
- Infecciones: la mayoría de las fiebres son secundarias a una infección bacteriana o vírica.
- Enfermedades no infecciosas: algunos cánceres pueden cursar con fiebre, por ejemplo la leucemia, el linfoma y el carcinoma de células renales.
- Otras causas: reacciones a fármacos, enfermedades autoinmunitarias, golpes de calor y procesos inflamatorios; la investigación clínica determina la causa en cada paciente.
Poblaciones con características distintas
- Los niños suelen presentar fiebres más altas y reacciones febriles más intensas que los adultos; su sistema inmune aún está madurando.
- Los conejos y los gatos —entre otros animales pequeños— tienen una temperatura corporal normal más elevada que la humana.
- Los bebés recién nacidos presentan un rango de temperatura normal diferente al de los adultos y requieren evaluación médica ante cualquier elevación térmica.
Riesgos, complicaciones y cuándo acudir a urgencias
- La fiebre suele ser benigna y transitoria, pero puede provocar malestar, deshidratación y empeoramiento de enfermedades crónicas.
- Temperaturas muy elevadas pueden causar daño orgánico; por encima de ciertos umbrales existe riesgo de complicaciones graves y es una emergencia médica.
- Se recomienda buscar atención médica si la fiebre es muy alta, persiste sin explicación, se acompaña de signos de alarma (confusión, dificultad para respirar, rigidez de nuca, somnolencia extrema) o si afecta a personas vulnerables (recién nacidos, inmunodeprimidos, ancianos).
Evaluación y tratamiento
La evaluación clínica debe orientarse a identificar la causa subyacente: historia, examen físico y pruebas complementarias según el contexto. El tratamiento depende de la causa y del estado del paciente.
- Medidas generales: reposo, líquidos y control ambiental para evitar la deshidratación.
- Tratamiento sintomático: antipiréticos y medidas físicas en caso de malestar; la indicación concreta y la dosis deben establecerse por un profesional sanitario.
- Si la fiebre es debida a una infección bacteriana, puede requerirse tratamiento antibiótico dirigido.
Resumen
La fiebre es una manifestación común y, en muchos casos, útil como respuesta inmunitaria. La interpretación de su gravedad depende de la temperatura exacta, la duración, los síntomas asociados y el perfil del paciente. Ante dudas o signos de alarma, es necesario consultar a un profesional de la salud.