El bazo es un órgano de los vertebrados que forma parte del sistema linfático. En las personas, se encuentra en el lado izquierdo del cuerpo, debajo del corazón, entre el estómago y el diafragma, en la cavidad abdominal superior izquierda (hipocondrio izquierdo). Es de tamaño moderado —habitualmente mide alrededor de 10–12 cm y pesa entre 150 y 200 g en un adulto sano— aunque su tamaño puede variar con la edad, el estado de salud y en determinadas enfermedades. El bazo ayuda a combatir las infecciones y mantiene las células sanguíneas sanas.

Ubicación y anatomía

El bazo está protegido por las costillas inferiores del lado izquierdo. Tiene una cápsula fibrosa externa y, en su interior, una estructura trabecular que divide el órgano en dos zonas principales:

  • Pulpa blanca: rica en linfocitos (células del sistema inmune) y responsable de la respuesta inmunitaria frente a microorganismos y antígenos.
  • Pulpa roja: contiene sinusoides y macrófagos encargados de filtrar la sangre, eliminar glóbulos rojos envejecidos o dañados y reciclar hierro.

En el borde medial se encuentra el hilio esplénico, por donde ingresan y salen la arteria esplénica (rama del tronco celíaco) y la vena esplénica. El bazo también recibe fibras nerviosas del plexo celíaco y drena linfa hacia los nódulos linfáticos cercanos.

Funciones principales

  • Filtración sanguínea: elimina glóbulos rojos envejecidos o defectuosos y otros desechos celulares.
  • Funciones inmunológicas: la pulpa blanca produce linfocitos y anticuerpos; los macrófagos capturan y destruyen bacterias y partículas extrañas, contribuyendo a la defensa frente a infecciones.
  • Reserva y reciclaje: almacena sangre y plaquetas que pueden liberarse en situaciones de demanda (hemorragia), y recicla el hierro procedente de la degradación de glóbulos rojos.
  • Eritropoyesis fetal: durante la vida intrauterina el bazo participa en la producción de glóbulos rojos; en el adulto, esta función suele desaparecer salvo en situaciones patológicas.

Importancia clínica

  • Esplenomegalia (bazo agrandado): puede ocurrir por infecciones (por ejemplo mononucleosis), enfermedades hepáticas con hipertensión portal, trastornos hematológicos (anemias hemolíticas, leucemias) y otras causas. A veces provoca sensación de plenitud o dolor en el cuadrante superior izquierdo.
  • Ruptura esplénica: un traumatismo abdominal puede causar ruptura y hemorragia interna, situación potencialmente grave que requiere atención urgente. El dolor irradiado al hombro izquierdo (signo de Kehr) y la hipotensión son signos de alarma.
  • Asplenia o hipofunción esplénica: la ausencia o mala función del bazo aumenta el riesgo de infecciones graves por bacterias encapsuladas (p. ej., Streptococcus pneumoniae, Neisseria meningitidis, Haemophilus influenzae). Por ello, se recomiendan vacunas y, en algunos casos, profilaxis antibiótica tras la esplenectomía.
  • Hallazgos de laboratorio y pruebas: tras la pérdida de función esplénica aparecen en el frotis sanguíneo cuerpos de Howell-Jolly (restos nucleares en eritrocitos). Para evaluar el bazo se utilizan palpación clínica, ecografía abdominal, tomografía computarizada (TC) y, según el caso, gammagrafía esplénica.
  • Tratamiento: depende de la causa. En rupturas o hemorragias masivas puede ser necesaria la esplenectomía (extirpación quirúrgica) o la embolización arterial selectiva. En algunos casos se plantean medidas conservadoras y seguimiento. Si se extirpa el bazo, es importante vacunar y tomar precauciones para reducir el riesgo de infecciones.

Si notas dolor persistente en la parte superior izquierda del abdomen, fiebre inusual, signos de infección grave o has sufrido un golpe en el abdomen, consulta a un profesional de salud para una valoración. La intervención temprana puede prevenir complicaciones importantes.