Artritis reumatoide: qué es, causas, síntomas y tratamiento
Artritis reumatoide: descubre qué es, causas, síntomas y tratamientos efectivos para frenar el daño articular y mejorar tu movilidad y calidad de vida.
La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad grave, dolorosa y crónica (de larga duración). Es una enfermedad autoinmune, es decir, una enfermedad en la que el sistema inmunitario del cuerpo ataca a las células sanas. Cuando una persona tiene AR, su sistema inmunitario ataca las articulaciones y los tejidos que las rodean en el cuerpo. Esto provoca diferentes problemas, como:
- Las cápsulas alrededor de las articulaciones se hinchan
- El cuerpo produce demasiado líquido sinovial (el líquido especial que se supone que amortigua las articulaciones)
- El tejido fibroso duro se acumula en la zona de la sinovia (que también se supone que ayuda a amortiguar las articulaciones)
Con el tiempo, la AR puede destruir el cartílago articular de una persona. Normalmente, el cartílago articular (que tiene que ver con las articulaciones) cubre el extremo de los huesos donde se unen para formar las articulaciones. Esto evita que los huesos se rocen entre sí. Si el cartílago articular ha sido destruido por la AR, los huesos se rozan entre sí, lo que resulta muy doloroso.
¿Qué causa la artritis reumatoide?
Nadie sabe qué causa la AR, pero algunas teorías apuntan a que tiene que ver con las hormonas, el entorno, las infecciones y los genes. La AR es el resultado de una respuesta inmune anómala que provoca inflamación persistente en la membrana sinovial de las articulaciones. Entre los factores de riesgo conocidos o asociados están:
- Tener antecedentes familiares de AR o ciertos marcadores genéticos.
- Factores ambientales como el tabaquismo y algunas infecciones.
- Sexo y hormonas: las mujeres tienen entre dos y tres veces más probabilidades de padecer artritis reumatoide que los hombres.
- Edad: la mayoría de los casos de AR se dan en personas de entre 25 y 55 años, aunque puede aparecer a cualquier edad.
Síntomas habituales
Los síntomas pueden variar en intensidad y duración, pero los más frecuentes son:
- Dolor, hinchazón y rigidez en las articulaciones, especialmente por la mañana o después de periodos de reposo (rigidez matutina que dura más de 30–60 minutos).
- Afectación simétrica: suele comenzar en las pequeñas articulaciones de las manos y los pies y afectar a ambos lados del cuerpo.
- Fatiga, fiebre baja y pérdida de apetito o peso.
- Nódulos reumatoideos debajo de la piel en algunos casos.
- Manifestaciones fuera de las articulaciones (extraarticulares): ojos secos o inflamados, problemas pulmonares, afectación cardíaca, anemia u otras alteraciones.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la combinación de síntomas, examen físico y pruebas complementarias. Entre las pruebas más utilizadas están:
- Analíticas de sangre: factor reumatoide (FR), anticuerpos anti-CCP (anticuerpos anti péptidos cíclicos citrulinados), velocidad de sedimentación globular (VSG) y proteína C reactiva (PCR) para medir la inflamación.
- Imágenes: radiografías, ecografía articular o resonancia magnética para valorar inflamación y erosión ósea.
- Historia clínica y criterios clínicos que ayudan a determinar la probabilidad y la actividad de la enfermedad.
Tratamiento y manejo
No existe una cura completa para la AR, pero hay opciones eficaces para controlar la inflamación, aliviar el dolor, prevenir daños en las articulaciones y mejorar la calidad de vida. El abordaje suele ser multidisciplinar y personalizado. Principales enfoques:
- Tratamiento farmacológico:
- Fármacos modificadores de la enfermedad (DMARDs) como el metotrexato, que son la base del tratamiento para evitar progresión.
- Biológicos (inhibidores de TNF, inhibidores de IL-6, etc.) y los inhibidores de JAK para pacientes que no responden adecuadamente a DMARDs convencionales.
- Corticoides para control rápido de brotes (usados a la mínima dosis y tiempo posible por sus efectos secundarios).
- Analgésicos y antiinflamatorios (AINEs) para aliviar síntomas, sin olvidar sus riesgos si se usan de forma prolongada.
- Rehabilitación y fisioterapia: ejercicios para mantener la movilidad y la fuerza, y programas de terapia ocupacional para adaptar actividades y proteger las articulaciones.
- Cambios en el estilo de vida: dejar de fumar, mantener un peso saludable, realizar ejercicio regular adaptado y una alimentación equilibrada.
- Cirugía: en casos avanzados, la cirugía reconstructiva o el reemplazo articular pueden ser necesarios para recuperar función o reducir el dolor.
- Estrategia "treat-to-target": el objetivo actual es controlar la inflamación hasta lograr remisión o baja actividad de la enfermedad mediante ajustes tempranos y planificados del tratamiento.
Riesgos y complicaciones
Si no se trata adecuadamente, la AR puede causar erosión y deformidad articular irreversible, pérdida de función y discapacidad. También aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, infecciones y determinadas comorbilidades relacionadas con la inflamación crónica y los tratamientos inmunosupresores.
Vivir con artritis reumatoide
- El diagnóstico y el inicio precoz del tratamiento mejoran significativamente el pronóstico.
- La educación del paciente, el apoyo psicológico y el trabajo conjunto con reumatólogo, fisioterapeuta y otros profesionales son claves.
- Es importante mantener las vacunas al día y monitorizar efectos secundarios de los medicamentos.
- Si una persona desea quedar embarazada o está embarazada, debe consultar con su reumatólogo para ajustar la medicación de forma segura.
Breve historia
La AR fue reconocida por primera vez alrededor de 1800 por el Dr. Augustin Jacob Landré-Beauvais.
Si sospecha que puede tener artritis reumatoide o tiene síntomas persistentes en las articulaciones, consulte con su médico o reumatólogo para una evaluación completa y un plan de tratamiento individualizado.
Síntomas
Los síntomas pueden incluir:
- Hinchazón, rigidez y dolor alrededor de las articulaciones afectadas
- Fiebre
- Sensación de malestar y cansancio
A menudo, las personas con AR también desarrollan anemia, una enfermedad diferente que hace que la persona no tenga suficientes células sanguíneas en la sangre.
Con menos frecuencia, una persona con AR podría tener:
- vasos sanguíneos inflamados
- dolor de cuello
Preguntas y respuestas
P: ¿Qué es la artritis reumatoide?
R: La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune grave, dolorosa y crónica (de larga duración) en la que el sistema inmunitario del organismo ataca a las células sanas. Esto provoca la inflamación de las cápsulas que rodean las articulaciones, un exceso de líquido sinovial y la acumulación de tejido fibroso duro en la zona de la sinovial. En algunos casos puede incluso destruir el cartílago articular que normalmente amortigua los huesos cuando se juntan para formar las articulaciones.
P: ¿Cuáles son algunas de las posibles causas de la AR?
R: Se desconoce la causa exacta de la AR, pero las teorías sugieren que puede estar relacionada con las hormonas, el medio ambiente, las infecciones y los genes.
P: ¿Quién tiene más probabilidades de padecer AR?
R: Las mujeres tienen entre dos y tres veces más probabilidades que los hombres de padecer artritis reumatoide y la mayoría de los casos se dan en personas de entre 25 y 55 años.
P: ¿Existe cura para la AR?
R: Desgraciadamente no existe cura para la AR en este momento, pero los médicos han determinado formas de ayudar a ralentizar y reducir su impacto en las personas afectadas por ella.
P: ¿Cuándo se reconoció la AR por primera vez?
R: La AR fue reconocida por primera vez alrededor de 1800 por el Dr. Augustin Jacob Landré-Beauvais.
P: ¿Cómo afecta la AR al organismo?
R: Cuando una persona padece AR, su sistema inmunitario ataca las articulaciones y los tejidos que las rodean, provocando la hinchazón de las cápsulas que rodean las articulaciones, una producción excesiva de líquido sinovial, que debería amortiguar la articulación, así como la acumulación de tejido fibroso duro en la zona sinovial, que también ayuda a amortiguar los huesos cuando se juntan en una articulación. Con el tiempo, esto puede llevar a la destrucción del cartílago articular que normalmente recubre estos extremos de los huesos impidiendo que rocen entre sí de forma dolorosa si es destruido por la AR.
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