La hepatitis es una enfermedad del hígado. En la hepatitis, el hígado está inflamado. Puede haber varias razones por las que el hígado se inflama. Por ello, hay varios tipos de hepatitis. Las formas más comunes son la hepatitis A, la hepatitis B y la hepatitis C. La mayoría de los casos de hepatitis están causados por virus. Algunas formas están causadas por bacterias, hongos o parásitos. Las bacterias que causan la tuberculosis o la sífilis también pueden causar hepatitis, al igual que el parásito que causa la malaria.

La hepatitis también puede ser causada por el alcohol. Aproximadamente una de cada cuatro personas que beben más de tres bebidas alcohólicas al día (durante un periodo de 10-15 días) tendrá alguna forma de hepatitis causada por el alcohol.

Varios fármacos y productos químicos también pueden causar hepatitis, sobre todo el paracetamol (sobredosis), el fósforo amarillo y otros. La hepatitis también puede ser causada por otras enfermedades.

Tipos principales de hepatitis

  • Hepatitis viral: incluye hepatitis A, B, C, D y E. Cada una se transmite de forma distinta, tiene distinto curso (agudo o crónico) y diferentes opciones de prevención y tratamiento.
  • Hepatitis alcohólica: causada por el consumo excesivo y prolongado de alcohol; puede evolucionar a cirrosis.
  • Hepatitis medicamentosa (inducida por fármacos): por reacción tóxica o idiosincrática a medicamentos (por ejemplo, sobredosis de paracetamol), suplementos o productos químicos.
  • Hepatitis autoinmune: el sistema inmunitario ataca las células del hígado; suele requerir tratamiento inmunosupresor.
  • Hepatitis por infecciones bacterianas, fúngicas o parasitarias: menos frecuentes, aparecen como parte de infecciones sistémicas.

Cómo se transmiten las hepatitis virales

  • Hepatitis A y E: principalmente por ingestión de alimentos o agua contaminados (vía fecal-oral). Son más comunes en lugares con malas condiciones sanitarias.
  • Hepatitis B, C y D: por contacto con sangre u otros líquidos corporales infectados. Vías habituales: transfusiones no seguras, uso compartido de agujas, tatuajes o piercings sin esterilizar, relaciones sexuales sin protección y transmisión de madre a hijo durante el parto (especialmente B).

Síntomas

La hepatitis puede ser asintomática o producir síntomas leves o graves. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Fatiga y debilidad.
  • Ictericia (color amarillento de piel y ojos).
  • Orina oscura y heces pálidas.
  • Dolor o molestia en la parte superior derecha del abdomen.
  • Fiebre, náuseas, vómitos y pérdida de apetito.
  • Dolores articulares y musculares.

En muchos casos de hepatitis B y C la infección puede volverse crónica sin síntomas evidentes hasta que aparece daño hepático avanzado (cirrosis) o complicaciones como cáncer de hígado.

Diagnóstico

  • Pruebas de sangre para medir enzimas hepáticas (ALT, AST), bilirrubina y función hepática.
  • Serología para detectar anticuerpos y antígenos específicos de virus (por ejemplo, HBsAg para hepatitis B, anti-HCV y ARN-VHC por PCR para hepatitis C).
  • Ecografía hepática y, en algunos casos, elastografía o biopsia hepática para evaluar fibrosis y daño crónico.

Tratamiento

  • Hepatitis A y E: suelen ser agudas y se tratan con medidas de soporte (reposo, hidratación, evitar alcohol y medicamentos hepatotóxicos) hasta la recuperación.
  • Hepatitis B: puede requerir antivirales en infecciones crónicas (tenofovir, entecavir, entre otros) y seguimiento a largo plazo para prevenir cirrosis y cáncer hepático.
  • Hepatitis C: actualmente existen tratamientos antivirales directos (DAA) muy eficaces que pueden curar la infección en la mayoría de los casos.
  • Hepatitis alcohólica y medicamentosa: suspensión de la causa (alcohol o fármaco), tratamiento de soporte y, en casos graves, hospitalización. En sobredosis de paracetamol el antídoto es la N-acetilcisteína.
  • Hepatitis autoinmune: suele tratarse con corticoides y/o inmunosupresores.
  • En insuficiencia hepática severa o cirrosis avanzada puede ser necesaria la evaluación para trasplante hepático.

Prevención

  • Vacunación: existen vacunas seguras y eficaces contra la hepatitis A y la hepatitis B. La vacunación es la medida preventiva más eficaz para estas formas.
  • Higiene y saneamiento: lavado de manos, agua potable y prácticas seguras en la manipulación de alimentos para prevenir hepatitis A y E.
  • Prácticas seguras en el uso de agujas: no compartir jeringas ni objetos cortopunzantes; usar material estéril en tatuajes y piercings.
  • Seguridad en transfusiones: selección y cribado de sangre y productos sanguíneos.
  • Relaciones sexuales seguras: uso de preservativo reduce la transmisión de hepatitis B.
  • Evitar consumo excesivo de alcohol y seguir las pautas de dosificación para fármacos potencialmente hepatotóxicos (por ejemplo, no exceder la dosis recomendada de paracetamol).

Complicaciones

  • Cirrhosis (fibrosis avanzada del hígado).
  • Insuficiencia hepática aguda.
  • Cáncer hepatocelular (cáncer de hígado), más frecuente en hepatitis B y C crónicas.
  • Complicaciones extrahepáticas (por ejemplo, trastornos renales, vasculitis, afectación hematológica en algunas infecciones).

Cuándo acudir al médico

  • Si presenta ictericia, orina muy oscura, vómitos persistentes, dolor abdominal intenso o signos de sangrado.
  • Si ha estado expuesto a sangre o fluidos de una persona infectada, o ha viajado a zonas con alta prevalencia de hepatitis A o E.
  • Si consume alcohol en exceso, usa medicamentos que afecten al hígado o tiene factores de riesgo (uso de drogas inyectables, parejas con hepatitis B o C).

La detección precoz, la vacunación (cuando corresponde) y las medidas de prevención comunitarias y personales son fundamentales para reducir la carga de la enfermedad. Ante cualquier duda, consulte con su profesional de salud para recibir orientación, pruebas y tratamiento adecuados.