La edad de la Tierra se estima en algo más de 4.500 millones de años. Llegar a esa cifra no fue sencillo: durante siglos, la humanidad no contó con herramientas fiables para medir el tiempo geológico y, además, el planeta guarda muy pocos materiales originales de sus primeros momentos. El problema fue abordado por los científicos de la Tierra en el siglo XX, cuando la geología, la química y la física permitieron reconstruir con bastante precisión la historia más antigua del planeta.

Cómo se calcula su edad

Las estimaciones modernas se basan en métodos de datación radiactiva. Este procedimiento aprovecha la desintegración natural de ciertos elementos presentes en las rocas y minerales. Al medir la proporción entre el elemento original y los productos de su descomposición, los investigadores pueden calcular cuánto tiempo ha pasado desde que ese material se formó o se cerró a intercambios con el entorno.

En el caso de la Tierra, el reto consiste en que gran parte de su corteza más antigua ha sido reciclada por la tectónica de placas, la erosión, el vulcanismo y el metamorfismo. Por eso, no basta con estudiar rocas superficiales actuales: también se analizan meteoritos primitivos, fragmentos de la Luna y minerales extremadamente antiguos conservados en algunos lugares excepcionales del planeta.

Los materiales más antiguos conocidos

Los minerales más antiguos de la Tierra -pequeños cristales de circón de las Colinas Jack de Australia Occidental- tienen al menos 4.400 millones de años. Estos circones son valiosísimos porque son muy resistentes y pueden conservar información química de una Tierra extremadamente joven, cuando la superficie estaba todavía en proceso de enfriamiento y consolidación.

Además, las inclusiones ricas en Ca-Al -los trozos sólidos más antiguos conocidos en los meteoritos formados en el sistema solar- tienen 4.567 millones de años. Estas inclusiones, conocidas por ser de los primeros materiales que se condensaron en el disco protoplanetario, ofrecen una referencia clave para fechar el origen del sistema solar. Por comparación, ayudan a fijar un límite superior para la edad de la Tierra, ya que el planeta tuvo que formarse después de esos primeros sólidos.

Origen de la Tierra y primeros millones de años

La Tierra nació a partir de polvo y rocas que orbitaban alrededor del joven Sol. Con el tiempo, esos materiales se agruparon por acreción, formando cuerpos cada vez mayores hasta convertirse en protoplanetas. El planeta primitivo creció rápidamente por impactos, se calentó intensamente y se diferenció en capas: núcleo, manto y corteza.

En esa etapa temprana, la superficie debió de ser muy dinámica, con volcanismo intenso, bombardeo de asteroides y un ambiente extremo. Aun así, en un periodo relativamente corto, comenzaron a aparecer minerales capaces de registrar señales químicas del agua y de la formación de continentes primitivos. Por eso, aunque la Tierra tiene más de 4.500 millones de años, las rocas conservadas de esa época son muy escasas.

Por qué la fecha no es exacta al día

La cifra de 4.500 millones de años es una estimación científica muy sólida, pero no representa una fecha exacta al día. En geología, lo habitual es trabajar con márgenes de error pequeños, porque la evidencia disponible proviene de materiales antiguos que han sufrido cambios a lo largo de miles de millones de años. Aun así, la coincidencia entre distintos métodos de datación hace que el valor aceptado sea extraordinariamente confiable.

En conjunto, los datos indican que el sistema solar se formó hace unos 4.567 millones de años y que la Tierra terminó de ensamblarse poco después. Desde entonces, el planeta ha evolucionado de forma continua: se enfrió, formó océanos, desarrolló una atmósfera más estable y, más tarde, permitió la aparición de la vida.