El dióxido de carbono (CO2 ) es un compuesto químico. Es un gas a temperatura ambiente. Está formado por un átomo de carbono y dos de oxígeno. Las personas y los animales liberan dióxido de carbono cuando exhalan. Además, cada vez que se quema algo orgánico (o se hace fuego), se produce dióxido de carbono. Las plantas utilizan el dióxido de carbono para fabricar alimentos. Este proceso se llama fotosíntesis. Las propiedades del dióxido de carbono fueron estudiadas por el científico escocés Joseph Black en la década de 1750.
Propiedades físicas y químicas
El CO2 es un gas incoloro e inodoro en concentraciones habituales en la atmósfera. A nivel molecular es una molécula lineal (O=C=O). Algunas propiedades relevantes:
- Masa molar: ≈ 44,01 g/mol.
- Estado: gas a temperatura y presión estándar; se convierte en hielo seco (sólido) por sublimación a aproximadamente −78,5 °C.
- Densidad: es más denso que el aire, por lo que tiende a acumularse en zonas bajas en espacios cerrados.
- Solubilidad: se disuelve en agua formando ácido carbónico (H2CO3), lo que contribuye a la acidificación de océanos y aguas superficiales.
- Reactividad: no es inflamable y, en condiciones normales, es relativamente inerte, aunque participa en procesos bioquímicos y químicos (p. ej., formación de carbonatos).
Fuentes y sumideros de CO2
El dióxido de carbono forma parte del ciclo del carbono y tiene fuentes naturales y humanas:
- Fuentes naturales: respiración de animales y plantas, descomposición de materia orgánica, emisiones volcánicas y liberación desde los océanos.
- Fuentes antropogénicas (humanas): combustión de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), producción industrial (cemento, siderurgia), cambios en el uso del suelo y la deforestación.
- Sumideros: superficies terrestres (bosques y suelos), océanos (absorción física y biológica) y procesos geológicos de almacenamiento a largo plazo.
Papel en el clima y efecto invernadero
El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero. Estos gases permiten que la radiación solar entre en la atmósfera pero absorben y reemiten la energía térmica (infrarroja) emitida por la superficie terrestre, lo que calienta la atmósfera y la superficie. El aumento de la concentración atmosférica de CO2 incrementa este efecto natural y contribuye al cambio climático y al calentamiento global.
El CO2 es especialmente importante porque:
- Permanece en la atmósfera durante décadas a siglos, por lo que las emisiones actuales afectan el clima futuro.
- Su incremento ha sido el principal motor del aumento del forzamiento radiativo desde la era preindustrial.
Impactos ambientales y sociales
El aumento de CO2 y el consecuente calentamiento tienen múltiples efectos:
- Temperaturas más altas: olas de calor más frecuentes e intensas.
- Eventos extremos: cambios en patrones de precipitación, sequías y lluvias intensas.
- Elevación del nivel del mar: por la expansión térmica del agua y el deshielo de glaciares y casquetes polares.
- Acidificación oceánica: reduce la disponibilidad de carbonato para organismos marinos (corales, moluscos) y altera ecosistemas marinos.
- Impactos en ecosistemas y agricultura: desplazamiento de especies, pérdida de biodiversidad y efectos mixtos en productividad agrícola.
- Salud humana: aunque el CO2 a niveles ambientales no es tóxico, concentraciones elevadas en interiores (>1 000 ppm) pueden afectar la concentración; niveles muy altos (decenas de miles de ppm) pueden ocasionar asfixia.
Medición y tendencias
La concentración atmosférica de CO2 se mide en partes por millón (ppm). En la era preindustrial era aproximadamente 280 ppm; desde finales del siglo XIX ha aumentado de forma continua debido a las actividades humanas. Observatorios como el de Mauna Loa (Hawái) registran este incremento desde 1958. En los últimos años las concentraciones han superado los 400 ppm y se sitúan alrededor de los ~420 ppm (valores aproximados para 2023–2024), una cifra mucho mayor que en cualquier parte de los últimos cientos de miles de años.
Mitigación y soluciones
Reducir el impacto del CO2 en el clima requiere acciones sobre la oferta y demanda de emisiones:
- Reducción de emisiones: descarbonizar la energía (renovables, electrificación), mejorar la eficiencia energética, cambiar al transporte limpio y reducir la deforestación.
- Remoción de CO2: reforestación, restauración de suelos, tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCS) y captura directa del aire (DAC), así como soluciones basadas en la naturaleza.
- Políticas y cooperación: precios al carbono, regulaciones, incentivos, y acuerdos internacionales como el Acuerdo de París para limitar el calentamiento global.
Datos prácticos y seguridad
En entornos cerrados, la ventilación adecuada reduce la acumulación de CO2. Aunque no es inflamable, altas concentraciones pueden desplazar el oxígeno y causar mareos, somnolencia o asfixia en casos extremos. Para usos industriales y científicos existen normativas y prácticas de seguridad específicas.
Resumen: El dióxido de carbono es un componente natural y esencial del ciclo de la vida, pero las emisiones humanas excesivas lo han convertido en el principal impulsor del cambio climático actual. Su gestión combina ciencia, tecnología, políticas públicas y acciones individuales para reducir emisiones y mitigar los impactos.


