El siglo I fue el que duró del año 1 al 100.

Durante este periodo, Europa, el norte de África y Oriente Próximo cayeron bajo el creciente dominio del Imperio Romano. Este continuó su expansión bajo el emperador Claudio (43). Las reformas introducidas por Augusto durante su largo reinado estabilizaron el imperio. Más adelante en el siglo, la dinastía Julio-Claudia, que había sido fundada por Augusto, llegó a su fin con la muerte de Nerón en el año 68. Siguió el famoso Año de los Cuatro Emperadores, un breve periodo de guerra civil e inestabilidad, al que puso fin Vespasiano, noveno emperador romano, fundador de la dinastía Flavia.

No existe el año 0 en la cronología tradicional occidental; por eso el siglo I se cuenta desde el 1 hasta el 100. En el mundo romano este siglo estuvo marcado por la consolidación del poder imperial, la extensión de las redes de comunicación (carreteras, puentes, puertos) y por una relativa estabilidad política y económica conocida como la Pax Romana en sus primeras etapas.

Imperio Romano: expansión, conflicto y renovación

La conquista de la isla de Gran Bretaña por Claudio en el año 43 es uno de los episodios de expansión más conocidos del siglo; las legiones romanas también aseguraron y reorganizaron las provincias de la Galia, Hispania, África y partes de Oriente Próximo. Bajo los emperadores julio-claudios (como Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón) se consolidaron instituciones administrativas, el ejército profesional y la organización provincial.

Tras la muerte de Nerón se produjo en 69 d.C. el Año de los Cuatro Emperadores, que terminó con la victoria de Vespasiano y el inicio de la dinastía Flavia. Durante este periodo tuvo lugar también la Primera Guerra Judeo‑Romana (66–73), que culminó con la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 bajo el mando de Tito (hijo de Vespasiano) y provocó profundas transformaciones en la sociedad judía de la diáspora.

En lo cultural y social, la vida urbana romana siguió desarrollándose: grandes obras públicas, juegos y espectáculos, la expansión del derecho romano y el alcance comercial del Mediterráneo como centro de una economía interconectada. Al mismo tiempo surgieron y se expandieron nuevas corrientes religiosas y filosóficas; en el seno del Imperio nacieron y comenzaron a difundirse las primeras comunidades cristianas.

Dinastía Han y Asia oriental

China siguió dominada por la dinastía Han, a pesar de una interrupción de 14 años de la dinastía Xin bajo Wang Mang. El gobierno Han se restauró en el año 23. El gobierno de Wang Mang representa el punto de inflexión entre el Han occidental/antiguo y el Han oriental/posterior. La capital también se trasladó de Chang'an a Luoyang.

Wang Mang usurpó el trono en el año 9 y su breve dinastía Xin intentó introducir reformas monetarias y agrarias que provocaron fuerte resistencia, disturbios y hambrunas; fue asesinado en 23, y la restauración Han fue consolidada por Liu Xiu (Emperador Guangwu) en la década siguiente, dando paso al periodo conocido como Han oriental (o posterior), con la capital en Luoyang. Durante el siglo I se mantuvo una administración centralizada, una economía agrícola vigorosa y continuaron las rutas de comercio a larga distancia que más tarde se conocerían como la Ruta de la Seda.

Además, en este tiempo las comunicaciones entre Occidente y Oriente se intensificaron: comerciantes y diplomáticos transitaban por Asia Central, facilitando el intercambio de bienes (seda, metales, especias), ideas y religiones. En particular, el budismo empezó a penetrar en China desde Asia Central y la India durante los siglos I y II, introduciendo nuevos horizontes religiosos y culturales.

Otros hechos relevantes del siglo I

  • En Asia central y la India emergieron y consolidaron poderes como el Imperio Kushán, que dinamizó el comercio entre la India, China y Roma.
  • En el Cercano Oriente el Imperio parto siguió siendo un actor clave que controlaba los pasos hacia Asia Central y rivalizaba con Roma en influencia regional.
  • En lo religioso y cultural, la vida intelectual romana produjo obras literarias y filosóficas importantes, mientras que en Judea y las provincias orientales se consolidaban nuevas formas de organización religiosa (incluyendo las primeras comunidades cristianas).

En resumen, el siglo I fue una época de grandes expansiones imperiales, de conflictos y restauraciones dinásticas en Eurasia, y de intensificación de los contactos interregionales que sentaron las bases para transformaciones políticas, religiosas y económicas posteriores.