Un concierto es una pieza musical compuesta para un instrumento solista y una orquesta. Cuando una orquesta actúa en un concierto —en el sentido de programa o función— puede interpretar una sinfonía (una obra para orquesta) o un concierto (una obra con solista). Si el instrumento solista es un violín, la obra suele llamarse "concierto para violín"; si es un piano, "concierto para piano", y así sucesivamente. La orquesta acompaña al solista: aunque la orquesta sostiene el fondo armónico y rítmico, es a menudo el solista quien marca matices y decisiones expresivas. El director —o el líder de la agrupación cuando no hay director— debe escuchar la intención del solista y coordinar a la orquesta para que el acompañamiento sea sensible y ajustado a esa interpretación.

La palabra "concierto" proviene del italiano: es una palabra italiana (la segunda "c" se pronuncia como una "ch" inglesa en italiano). Literalmente significa "ponerse de acuerdo" o "tocar juntos". En inglés el plural de la forma italiana es "concertos". En español la misma palabra también designa el espectáculo público en que se interpreta música, por lo que conviene distinguir entre el concierto como composición musical y el concierto como evento.

Estructura y elementos principales

  • Movimientos: la mayoría de los conciertos clásicos tienen tres movimientos con la estructura habitual rápido–lento–rápido, aunque hay excepciones (más movimientos o formas diferentes según la época y el compositor).
  • Cadenza: es un pasaje virtuosístico, generalmente en el primer movimiento (y a veces en el último), donde el solista muestra su destreza. En el Barroco y el Clasicismo la cadenza a menudo se improvisaba; en épocas posteriores muchos compositores la escribieron.
  • Ritornello y diálogo: en los conciertos barrocos (ej.: Vivaldi) es frecuente el uso del ritornello, un tema orquestal que vuelve entre las intervenciones del solista. Más adelante el concierto se organiza como diálogo entre solista y tutti (toda la orquesta).
  • Acompañamiento: la orquesta no sólo "acompaña" en sentido pasivo: puede tener momentos de protagonismo, respuestas al solista, o pasajes sin él (tutti). En los ensayos se utiliza a menudo una reducción al piano para preparar la parte orquestal.

Tipos de concierto

  • Concierto para solista y orquesta: el tipo más común (piano, violín, violonchelo, trompeta, guitarra, etc.).
  • Concerto grosso: típico del Barroco; contrapone un pequeño grupo de solistas (concertino) con el conjunto completo (ripieno o tutti).
  • Concierto para varios solistas: doble, triple, etc., donde hay dos o más instrumentos solistas (por ejemplo, el Triple Concierto de Beethoven para piano, violín y violonchelo).
  • Concierto para orquesta: obras como el Concerto for Orchestra de Béla Bartók tratan secciones o instrumentos de la orquesta como "solistas" sucesivos; no hay un solista individual destacado.
  • Concierto de cámara: para conjunto pequeño con uno o varios solistas y textura más íntima.
  • Concertos modernos y contemporáneos: amplían la paleta tímbrica, frecuentemente incorporan técnicas extendidas, electrónica o influencias de jazz y otras músicas.

Evolución histórica

El concierto se hizo popular durante el siglo XVII en Italia, donde compositores como Antonio Vivaldi desarrollaron la forma del concierto para violín con ritornellos y contrastes entre solista y orquesta. En el Barroco también aparecen los concerto grosso. En el Clasicismo (Mozart, Haydn) el concierto consolidó la forma de tres movimientos y la idea del diálogo entre solista y orquesta. En el Romanticismo (Beethoven, Brahms, Tchaikovsky, Dvořák) el concierto se volvió vehículo de expresión individual y virtuosismo. En el siglo XX (Bartók, Ravel, Shostakovich, Rodrigo, Rachmaninoff) se experimentó con nuevas sonoridades y estructuras; también surgieron conciertos emblemáticos para instrumentos menos habituales, como el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo para guitarra.

Algunos elementos prácticos y ejemplos famosos

  • Cadenza escrita o improvisada: hoy en día muchas cadenza están escritas por el compositor o por el propio solista, aunque algunos intérpretes optan por improvisar o incorporar cadenzas históricas.
  • Duración: varía ampliamente; muchos conciertos clásicos duran entre 20 y 40 minutos, pero hay obras más breves o más extensas.
  • Obras y autores destacados: ejemplos célebres incluyen los conciertos para violín de Beethoven y Tchaikovsky, los conciertos para piano de Mozart y Rachmaninoff, los conciertos para violonchelo de Dvořák y Elgar, las colecciones de Vivaldi (p. ej. Las cuatro estaciones), los Brandenburg Concertos de Bach (ejemplos de concierto/concerto grosso), el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo y el Concerto for Orchestra de Bartók.

En resumen, el concierto es una forma musical basada en el contraste y el diálogo entre un solista (o grupo de solistas) y la orquesta. Su rica historia va desde modelos barrocos y clásicos hasta experimentaciones contemporáneas, y sigue siendo uno de los géneros centrales del repertorio sinfónico y de recital.