La presidencia de Abraham Lincoln comenzó cuando asumió el cargo de 16º Presidente de los Estados Unidos el 4 de marzo de 1861 y terminó con su muerte el 15 de abril de 1865. Durante su mandato reclamó más prerrogativas que ningún otro presidente hasta entonces, ampliando considerablemente los poderes ejecutivos: autorizó bloqueos, reclutamientos y medidas militares sin siempre contar con la aprobación previa del Congreso, suspendió el habeas corpus en áreas conflictivas y ordenó la expansión del ejército y la marina. Como resultado, los hasta entonces limitados poderes del presidente crecieron enormemente durante su administración.

Contexto político y la secesión

Cuando Lincoln ganó las elecciones presidenciales de 1860, lo hizo sin el apoyo de ninguno de los estados del Sur. Desde la década de 1830 los estados sureños habían discutido la secesión por las tensiones sobre la esclavitud y los derechos de los estados, pero en 1860 ese discurso se transformó en acción política seria. Entre las elecciones y la toma de posesión de Lincoln en marzo de 1861, siete estados se separaron de la Unión y formaron los Estados Confederados de América (CSA). Las causas combinaron factores económicos, sociales, políticos y la percepción de que el nuevo gobierno federal amenazaba la institución de la esclavitud y el sistema de poder regional.

Inicio de la guerra y liderazgo militar

Cuando los confederados atacaron Fort Sumter el 12 de abril de 1861 y lo capturaron al día siguiente, comenzó la Guerra Civil estadounidense. A pesar de tener poca experiencia militar previa, Lincoln consiguió destacarse como un gran presidente de guerra. Supervisó la estrategia general, nombró y reemplazó a generales hasta encontrar liderazgo eficaz —cambió a George B. McClellan por otros comandantes hasta confiar finalmente en Ulysses S. Grant—, e impulsó medidas económicas y logísticas esenciales: financiamiento del conflicto, bloqueo naval del Sur (anaconda plan) y movilización industrial del Norte.

La guerra fue extremadamente sangrienta: las pérdidas humanas se contaron por cientos de miles (las estimaciones oscilan entre aproximadamente 620,000 y cifras más altas según estudios recientes), y transformó profundamente la sociedad y la economía estadounidenses. Internamente, Lincoln enfrentó resistencias políticas y sociales, protestas contra la conscripción —incluyendo los disturbios del Draft en Nueva York en 1863— y disputas sobre libertades civiles frente a la necesidad de preservar la Unión.

Proclamación de Emancipación y políticas sobre la esclavitud

En 1863, la Proclamación de Emancipación de Lincoln declaró libres a los esclavos en los estados en rebelión (las zonas controladas por la Confederación). La declaración tuvo efectos limitados en la práctica donde los rebeldes aún controlaban el territorio, pero tuvo un fuerte impacto político y simbólico: transformó la guerra en una lucha abierta contra la esclavitud, desalentó la intervención extranjera a favor del Sur y permitió el reclutamiento de personas afroamericanas en el ejército de la Unión. Más de 180,000 afroamericanos sirvieron en unidades federales (United States Colored Troops), aportando fuerza al esfuerzo bélico y marcando un paso decisivo hacia la ciudadanía y los derechos civiles.

La Proclamación, junto con la presión política y militar, condujo directamente a la abolición de la esclavitud en Estados Unidos mediante la aprobación del Decimotercer Enmienda, que fue aprobada por el Congreso en enero de 1865 y ratificada por los estados más tarde ese año.

Retórica, discursos y política interna

El discurso de Gettysburg, pronunciado por Lincoln el 19 de noviembre de 1863, es y sigue siendo uno de los más importantes de la historia de Estados Unidos: en pocas palabras reiteró los principios republicanos de igualdad y la necesidad de que la nación tuviera "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". Su segundo discurso inaugural, el 4 de marzo de 1865, formuló una visión para la reconciliación nacional con la famosa frase de "malice toward none, with charity for all", señalando cómo debía abordarse la reconstrucción tras la guerra.

Reelección de 1864 y el final de la guerra

En 1864 Lincoln fue reelegido, derrotando al candidato demócrata George B. McClellan. Eligió como compañero de fórmula a Andrew Johnson, un demócrata pro-Union de Tennessee, bajo la etiqueta del "National Union" para atraer apoyo más amplio. Bajo su liderazgo y la estrategia de gobiernos militares efectivos como la de Grant, la guerra llegó a su fin en 1865 con la rendición gradual de las fuerzas confederadas y la restauración formal de la autoridad federal sobre la mayor parte del territorio.

Asesinato y sucesión

En 1865, cuando la Guerra Civil estaba terminando, Lincoln fue asesinado por John Wilkes Booth, un actor y simpatizante de la Confederación. Booth disparó a Lincoln en el Ford's Theatre la noche del 14 de abril de 1865; Lincoln murió la mañana del 15 de abril. Su fallecimiento convirtió a Lincoln en un mártir de la causa de la Unión. Tras su muerte, el vicepresidente Andrew Johnson asumió la presidencia y dirigió la primera fase de la Reconstruction, aunque con políticas y resultados controvertidos que diferían en importancia y en enfoque respecto a los planteamientos de Lincoln.

Legado

Lincoln es ampliamente reconocido como uno de los mejores presidentes de la historia de Estados Unidos por su liderazgo en la preservación de la Unión, su papel decisivo en la eliminación institucional de la esclavitud y por la fuerza moral y política de su oratoria. Su presidencia reforzó el poder del gobierno federal sobre los estados y dejó lecciones duraderas sobre autoridad ejecutiva en tiempos de emergencia, límites constitucionales y el equilibrio entre seguridad y libertades civiles. Su vida y obra siguen siendo objeto de estudio y de interpretación en la historia, la política y la cultura estadounidense.