El desangramiento (también llamado hemorragia) es la pérdida de sangre suficiente para comprometer la función normal del organismo y que, si no se controla, puede provocar la muerte. No es necesario perder toda la sangre del cuerpo para que el desangramiento sea mortal: muchas personas fallecen al perder entre la mitad y dos tercios de su volumen sanguíneo.
Un adulto medio tiene entre 4 y 6 litros de sangre (aproximadamente entre 9 y 12 pintas estadounidenses). El hombre promedio suele tener algo más de sangre que la mujer promedio; además, las personas más grandes o con mayor peso corporal tienen más volumen sanguíneo. Por eso, en términos generales, una pérdida de unos 2,5 a 4 litros de sangre puede ser letal en un adulto. Para comparar, esta cantidad equivale a unas cinco a ocho veces la sangre que se dona en una sola donación de sangre.
Los niños y los bebés tienen mucho menos volumen sanguíneo que los adultos; por tanto, cantidades de pérdida mucho menores pueden causar desangramiento peligroso en edades pediátricas.
El desangramiento es una emergencia médica y requiere atención inmediata.
Principales causas
- Traumatismos por accidentes, caídas, heridas por arma blanca o de fuego.
- Complicaciones quirúrgicas o postoperatorias.
- Trastornos de la coagulación (congénitos o adquiridos), como hemofilia o uso de anticoagulantes.
- Ruptura de vasos sanguíneos internos: hemorragias intracraneales, gastrointestinales, retroperitoneales.
- Complicaciones obstétricas (por ejemplo, hemorragia posparto, desprendimiento de placenta).
- Enfermedades que erosionan vasos (úlceras gástricas, tumores, aneurismas).
Tipos de hemorragia
- Arterial: sangre de color rojo brillante que sale a chorro y suele ser más peligrosa por la rapidez de pérdida.
- Venosa: sangre más oscura y fluida; puede perderse en grandes cantidades si no se controla.
- Capilar: sangrado más lento y superficial (p. ej., raspaduras).
- Interna: sin salida visible al exterior; puede ser difícil de detectar pero potencialmente mortal.
Síntomas y señales de alarma
- Presencia de sangre visible en la herida, vómito con sangre o heces negras/tarry.
- Palidez intensa, sudor frío y piel fría y pegajosa.
- Frecuencia cardíaca rápida (taquicardia) y respiración acelerada.
- Hipotensión (presión arterial baja), mareo, confusión o pérdida de conciencia.
- Sensación de debilidad extrema, desmayo o pérdida de conocimiento.
- Dolor local intenso o distensión abdominal (puede indicar hemorragia interna).
Primeros auxilios: qué hacer de inmediato
Ante una hemorragia visible, actúe rápidamente siguiendo estos pasos básicos:
- Llame a los servicios de emergencia si la pérdida es abundante, continua o si la persona está inconsciente, tiene síntomas de choque o la herida es profunda.
- Presión directa: aplique presión firme y continua sobre la herida con una gasa, paño limpio o la mano enguantada. Mantenga la presión hasta que llegue ayuda o cese el sangrado.
- Elevar la zona lesionada por encima del nivel del corazón si no hay sospecha de lesión de columna o fractura.
- Vendaje compresivo: cuando la presión directa controle el sangrado, mantenga un vendaje firme para sostener la compresión.
- Torniquete: solo cuando la hemorragia sea masiva y no se pueda controlar por presión directa (p. ej., amputación o sangrado arterial grave). Debe aplicarlo personal entrenado o según instrucciones de emergencia; anote la hora de colocación y busque atención inmediata.
- No retirar objetos clavados: estabilícelos y deje que el personal sanitario los retire en condiciones seguras.
- Si la persona está en shock: acuéstela con las piernas elevadas (siempre que no haya lesiones que lo impidan), manténgala abrigada y monitorice sus signos vitales hasta la llegada de ayuda.
Tratamiento médico
En el servicio de urgencias, el tratamiento dependerá de la causa y la gravedad, e incluye:
- Control local del sangrado (sutura, ligadura de vasos, hemostasia quirúrgica).
- Reposición de volumen: líquidos intravenosos y, si es necesario, transfusión de sangre o componentes sanguíneos.
- Corrección de trastornos de la coagulación: medicamentos hemostáticos, factores de coagulación o reversión de anticoagulantes.
- Intervenciones endovasculares o quirúrgicas para lesiones internas o fuentes de sangrado difíciles de alcanzar.
- Cuidados en unidad de reanimación o cuidados intensivos si la pérdida ha sido masiva o hay inestabilidad hemodinámica.
Prevención y factores de riesgo
- Tomar precauciones en actividades de riesgo (uso de equipo de protección, manejo seguro de herramientas y vehículos).
- Controlar y revisar el uso de anticoagulantes con el médico; informar sobre sangrados inusuales.
- Tratamiento y seguimiento de úlceras, tumores o enfermedades que puedan causar sangrado interno.
- En embarazadas, controles obstétricos regulares para detectar complicaciones a tiempo.
Cuándo buscar ayuda urgente
Consulte o pida ayuda inmediata si observa:
- Sangrado abundante que no cede con presión directa.
- Sangre en vómito, heces con sangre o heces negras y alquitranadas.
- Síntomas de shock: mareo extremo, confusión, pulso débil y rápido, piel fría y húmeda o pérdida de conciencia.
- Heridas profundas, heridas por arma blanca o de fuego, amputaciones o huesos expuestos.
El desangramiento es una situación grave pero muchas veces reversible si se actúa con rapidez y de forma adecuada. La atención temprana y el tratamiento especializado salvan vidas.






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