La sepsis es una enfermedad muy peligrosa que se produce cuando una infección va mal. Normalmente, el sistema inmunitario del organismo es capaz de combatir los gérmenes y superar la infección, pero en la sepsis algo sale mal: el agente patógeno puede llegar a la sangre o provocar una respuesta inflamatoria exagerada en los tejidos. El término sepsis se utiliza con frecuencia para referirse a la septicemia (envenenamiento de la sangre), aunque la septicemia es sólo un tipo de sepsis. La bacteriemia se refiere específicamente a la presencia de bacterias en el torrente sanguíneo (viremia y fungemia son los términos utilizados para los virus y los hongos). La sepsis es una urgencia médica, ya que puede poner en peligro la vida si no se actúa con rapidez.

Causas

La sepsis puede originarse a partir de cualquier infección: pulmonar (neumonía), urinaria, abdominal (apendicitis, peritonitis), de piel o heridas, dispositivos médicos infectados (catéteres, prótesis) y otras. No siempre se aisla un germen en la sangre; a veces la infección permanece localizada pero desencadena una respuesta inflamatoria sistémica. Los microorganismos más frecuentes son bacterias, aunque virus, hongos y parásitos también pueden producir sepsis.

Síntomas

Los signos y síntomas de la sepsis varían según la gravedad, pero incluyen:

  • Fiebre alta o temperatura corporal muy baja.
  • Escalofríos o sensación de frío intenso.
  • Taquicardia (corazón acelerado) y respiración rápida.
  • Confusión, somnolencia o disminución del estado de alerta.
  • Dolor o malestar intenso generalizado.
  • Disminución de la producción de orina o sequedad de mucosas.
  • Piel fría, pálida o pegajosa y, en casos graves, manchas purpúreas por fallo circulatorio.

En sepsis grave o shock séptico aparecen evidencias de disfunción orgánica (insuficiencia renal, respiratoria, alteración de la coagulación) y tensión arterial muy baja que no mejora con líquidos.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la sospecha clínica y en pruebas complementarias:

  • Historia y examen físico para localizar la posible fuente de infección.
  • Análisis de sangre: hemograma, bioquímica, marcadores inflamatorios (PCR, procalcitonina) y pruebas de función orgánica.
  • Hemocultivos y cultivo de otras muestras (orina, esputo, líquido de herida) para identificar el germen y su sensibilidad a antibióticos.
  • Pruebas de imagen (radiografía de tórax, ecografía, TAC) para localizar la infección.

Tratamiento

La sepsis requiere atención médica inmediata, normalmente en un hospital. Los pilares del tratamiento son:

  • Antibióticos de amplio espectro iniciados lo antes posible y ajustados después según los cultivos.
  • Reposición de líquidos intravenosos para mantener la perfusión y la presión arterial.
  • Vasopresores (medicamentos que elevan la presión arterial) si los líquidos no son suficientes.
  • Control de la fuente de infección: drenaje de abscesos, retirada de dispositivos infectados, cirugía si es necesaria.
  • Soporte de órganos en unidades de cuidados intensivos cuando aparece fallo respiratorio (respirador), insuficiencia renal (diálisis) o coagulopatía.
  • Monitoreo estrecho y tratamiento de complicaciones (coagulación, metabólicos, nutrición).

Prevención

  • Higiene adecuada de heridas, cuidados de dispositivos venosos y catéteres.
  • Vacunación según indicaciones (gripe, neumococo, otras) para reducir el riesgo de infecciones graves.
  • Tratamiento temprano y correcto de infecciones localizadas.
  • Buenas prácticas en hospitales para prevenir infecciones nosocomiales.

Factores de riesgo y pronóstico

Están en mayor riesgo las personas mayores, neonatos, personas con enfermedades crónicas (diabetes, insuficiencia renal, enfermedad pulmonar), inmunodeprimidos (quimioterapia, tratamientos inmunosupresores) y quienes han sido sometidos a intervenciones quirúrgicas o tienen dispositivos invasivos. El pronóstico depende de la rapidez del diagnóstico y tratamiento, la gravedad inicial y la presencia de comorbilidades. La sepsis y el shock séptico tienen una mortalidad significativa, por lo que la atención rápida mejora claramente los resultados.

Sepsis grave y shock séptico

Cuando la sepsis progresa a disfunción orgánica significativa se habla de sepsis grave; si además hay hipoperfusión tisular y hipotensión persistente a pesar de la administración adecuada de líquidos hablamos de shock séptico. El shock séptico es la forma más grave y requiere soporte avanzado en UCI.

Cuándo acudir a urgencias

Busque atención médica de inmediato si alguien con una infección presenta:

  • Confusión, somnolencia o dificultad para despertarse.
  • Respiración muy rápida, pulso muy rápido o difícil de sentir.
  • Fiebre muy alta o temperatura muy baja.
  • Piel fría, pálida o con manchas, o disminución notable de la orina.

La sepsis es una emergencia; el tratamiento precoz salva vidas.