La fiebre del Zika es una enfermedad causada por el virus del Zika. El virus del Zika pertenece al género Flavivirus, como el dengue y el chikungunya. Sin embargo, la fiebre del Zika no suele ser tan grave como esas enfermedades. La mayoría de las personas que contraen el virus del Zika (60-80%) no presentan síntomas.

Síntomas

Cuando aparecen síntomas, suelen ser leves y de corta duración. Entre los más comunes están:

  • Fiebre baja.
  • Conjuntivitis (ojos rojos, sin pus).
  • Dolor en las articulaciones, sobre todo manos y pies.
  • Erupción cutánea que suele comenzar en la cara y se extiende al resto del cuerpo.
  • Dolor muscular, dolor de cabeza y malestar general.

Por lo general los síntomas mejoran en 2 a 7 días. En casi todos los casos el tratamiento es de soporte: reposo, líquidos y analgesia. No se deben tomar AINE (ibuprofeno, aspirina) hasta descartar la infección por dengue, porque pueden aumentar el riesgo de sangrado.

Cómo se transmite

El modo más frecuente de transmisión es la picadura de mosquitos del género Aedes (principalmente Aedes aegypti), que también transmiten el dengue y el chikungunya. Además, existen otras vías de transmisión:

  • Transmisión materno‑fetal: una mujer infectada puede transmitir el virus al feto durante el embarazo.
  • Transmisión sexual: el virus puede encontrarse en semen y otros fluidos sexuales.
  • Transfusiones de sangre o trasplantes en contextos donde no se detecta la infección.
  • Contacto perinatal en el momento del parto (menos frecuente).

Complicaciones y riesgos en el embarazo

Desde el brote registrado a partir de 2015 en Brasil, se confirmó la asociación entre infección materna por Zika y malformaciones congénitas. Los científicos creen que cuando una mujer con el virus del Zika está embarazada, puede transmitir el virus a su feto. Esto puede causar microcefalia —un defecto de nacimiento que produce una cabeza más pequeña de lo normal— y un conjunto de alteraciones conocido como el síndrome congénito por Zika.

El síndrome congénito por Zika puede incluir:

  • Microcefalia e hipoplasia craneal.
  • Anomalías oculares (p. ej., daño de la retina).
  • Contracturas articulares y problemas musculares.
  • Retraso en el crecimiento y discapacidad intelectual.
  • Convulsiones y otras alteraciones neurológicas.

En los lugares donde circula el virus, también se ha observado un aumento de trastornos neurológicos en adultos, como el síndrome de Guillain-Barré, y se estudia la posible relación con otras enfermedades autoinmunes.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza mediante pruebas de laboratorio:

  • Pruebas moleculares (RT‑PCR) para detectar material genético del virus: más útiles en la fase aguda (los primeros días tras la aparición de síntomas).
  • Detección del virus en orina, que puede ser positiva más tiempo que en sangre.
  • Pruebas serológicas (IgM/IgG): permiten identificar exposición reciente, pero pueden dar resultados cruzados con otros flavivirus como el dengue.

En el embarazo se realizan además ecografías seriadas para evaluar el desarrollo fetal; si hay sospecha, el seguimiento obstétrico y neurológico debe ser estrecho.

Tratamiento

No existe un tratamiento antiviral específico ni una terapéutica curativa aprobada de uso general para el Zika. El manejo es principalmente sintomático:

  • Reposo y adecuada hidratación.
  • Paracetamol para controlar fiebre y dolor (evitar AINE hasta descartar dengue).
  • Atención médica si aparecen signos de alarma: sangrado, dificultad para respirar, confusión, fiebre alta o empeoramiento rápido.

La atención especializada es imprescindible en embarazadas con infección confirmada o sospechada.

Prevención

La prevención combina medidas individuales y de salud pública para reducir la exposición al mosquito y limitar otras vías de transmisión:

  • Control de mosquitos: eliminar criaderos (agua estancada en recipientes, neumáticos, floreros), uso de insecticidas autorizados y acciones comunitarias de fumigación cuando corresponde.
  • Protección personal: usar repelentes registrados (seguir indicaciones del fabricante), ropa de manga larga y pantalones, mosquiteros en camas y ventanas, especialmente durante el día, cuando pican los Aedes.
  • Prevención sexual: el virus puede permanecer en el semen durante semanas o incluso meses. Se recomienda usar preservativo o abstenerse de relaciones sexuales sin protección si existe riesgo de exposición y especialmente si la pareja está embarazada; consulte a su profesional de salud sobre la duración de la precaución en cada caso.
  • Evitar viajar: las autoridades de salud pueden desaconsejar viajes a zonas con transmisión activa de Zika para mujeres embarazadas o parejas que planean embarazo; ver recomendaciones oficiales actualizadas antes de viajar.
  • Seguridad en transfusiones y trasplantes: en áreas con transmisión se aplican medidas de tamizaje y seguridad para minimizar el riesgo.

Consejos para embarazadas y quienes planean embarazo

Si está embarazada o piensa quedarse embarazada:

  • Evite viajar a zonas con circulación activa del virus. Si debe viajar, consulte a su profesional de salud y siga las medidas de protección contra mosquitos.
  • Si ha estado expuesta o presenta síntomas compatibles, consulte de inmediato para evaluación y pruebas. El seguimiento obstétrico puede incluir ecografías específicas para detectar posibles alteraciones fetales.
  • Si su pareja ha estado expuesta, use preservativo o absténganse de relaciones sexuales sin protección durante el tiempo recomendado por su equipo de salud.
  • Si planea concebir tras una posible exposición, solicite orientación médica sobre el momento más seguro para intentarlo y las pruebas disponibles.

Vacunas y perspectivas

Hasta la fecha no existe una vacuna de amplia disponibilidad aprobada para el uso general contra el Zika; sin embargo, se han desarrollado y evaluado varias candidatas en estudios clínicos. La investigación continúa para disponer de vacunas y tratamientos más efectivos.

En resumen, aunque la mayoría de las infecciones por Zika son leves o asintomáticas, el riesgo más grave es para el embarazo por la posibilidad de daño fetal. La prevención (control del mosquito, protección personal y precauciones sexuales) y la atención médica temprana son fundamentales. Para información y recomendaciones actualizadas, consulte a las autoridades sanitarias locales o a su profesional de salud.