La intolerancia a la lactosa se produce cuando una persona no puede digerir la leche o los productos lácteos (como el queso o el yogur).
La lactosa es un azúcar disacárido (doble molécula de azúcar), que debe dividirse (digerirse) en dos azúcares simples (monosacáridos), la glucosa y la galactosa.
Se necesita una enzima llamada lactasa para descomponerla. Las personas con intolerancia a la lactosa no tienen esta enzima o sólo la producen en pequeñas cantidades. Por ello, no pueden digerir la lactosa.
Hasta el 75% de las personas de todo el mundo empiezan a perder la capacidad de digerir la lactosa al llegar a la edad adulta. Esta pérdida de capacidad oscila entre el 5% en el norte de Europa, más del 71% en Sicilia y más del 90% en partes de África y Asia. La intolerancia a la lactosa no tiene cura. Las personas tienen que cambiar su dieta para incluir sólo alimentos con muy poca lactosa. Hay muchos sustitutos de la leche.
La leche no es un producto fermentado. Si no se digiere, puede fermentar en el intestino delgado, lo que puede causar un problema llamado pseudoalergia. Los aminoácidos se transforman en otras sustancias, que pueden actuar de forma muy parecida a la histamina en una verdadera alergia.
La intolerancia a la lactosa no es lo mismo que la alergia a la leche, que es una reacción inmunitaria a algunas de las proteínas de la leche.
Tipos y causas
Existen tres formas principales de intolerancia a la lactosa:
- Intolerancia primaria (más común): con la edad disminuye la producción de lactasa. Es el tipo al que se refiere la mayoría de las estadísticas poblacionales.
- Intolerancia secundaria: causada por daño temporal a la mucosa intestinal (por ejemplo, después de una gastroenteritis, enfermedad celíaca o enfermedad inflamatoria intestinal). Si la lesión se cura, la lactasa puede volver a aumentar.
- Deficiencia congénita: rara y presente desde el nacimiento; los bebés producen muy poca o ninguna lactasa por causas genéticas.
Síntomas
Los síntomas suelen aparecer entre 30 minutos y 2 horas después de ingerir lactosa y pueden incluir:
- Dolor o distensión abdominal.
- Gases y flatulencia.
- Heces líquidas o diarrea.
- Náuseas y, a veces, vómitos.
- Rugidos intestinales (borborigmos).
La intensidad depende de la cantidad de lactosa ingerida y del nivel de lactasa que produzca cada persona.
Diagnóstico
Si se sospecha intolerancia a la lactosa, el médico puede recomendar:
- Prueba del hidrógeno en el aliento: es la más usada; después de ingerir una solución con lactosa se mide la cantidad de hidrógeno exhalado, que aumenta si la lactosa no se digiere.
- Prueba de tolerancia a la lactosa: mide la glucosa en sangre después de beber lactosa; si la glucosa no aumenta adecuadamente, indica mala absorción.
- Pruebas de heces: en lactantes y niños se pueden medir ácidos grasos o pH bajo en heces por fermentación de lactosa.
- Pruebas genéticas: para detectar variantes asociadas con persistencia o pérdida de lactasa.
- Prueba de eliminación y reintroducción: eliminar los lácteos de la dieta durante un tiempo y reintroducirlos para ver la aparición o desaparición de síntomas.
Tratamiento y manejo
No existe una "cura" para la intolerancia por deficiencia de lactasa, pero hay muchas estrategias eficaces para controlar los síntomas:
- Reducción o eliminación de fuentes de lactosa: limitar o evitar leche y productos con lactosa. Algunas personas toleran pequeñas cantidades o productos con menos lactosa.
- Productos sin lactosa y sustitutos: leche sin lactosa, bebidas vegetales y quesos curados o fermentados con menor contenido en lactosa. Hay muchos sustitutos de la leche disponibles.
- Enzimas de lactasa: suplementos en comprimidos o gotas que se toman con alimentos lácteos para ayudar a digerir la lactosa.
- Probióticos: algunas cepas pueden mejorar la digestión de la lactosa en ciertas personas, aunque la evidencia es variable.
- Tratar la causa subyacente: si es una intolerancia secundaria, tratar la enfermedad intestinal puede restaurar la lactasa.
- Suplementos de calcio y vitamina D: si se limita el consumo de lácteos, conviene asegurar aportes adecuados para la salud ósea.
Consejos prácticos
- Leer las etiquetas de los alimentos: la lactosa puede estar presente en productos procesados, salsas, medicamentos y alimentos preparados.
- Probar pequeñas cantidades: algunas personas toleran yogur con cultivos activos o quesos curados porque tienen menos lactosa.
- Usar productos sin lactosa o añadir gotas/comprimidos de lactasa antes de consumir lácteos.
- Si sospecha intolerancia en un bebé o niño, consulte al pediatra antes de cambiar la fórmula o la dieta.
- Mantener una dieta equilibrada: al eliminar lácteos, buscar otras fuentes de calcio (verduras de hoja verde, frutos secos, pescado enlatado con espinas) y asegurarse de una ingesta adecuada de vitamina D.
Complicaciones y cuándo consultar
Si la intolerancia lleva a evitar sistemáticamente los lácteos sin sustituir sus nutrientes, puede aumentar el riesgo de deficiencias de calcio y vitamina D y, a largo plazo, afectar la salud ósea. Consulte al médico si:
- Los síntomas son intensos o persistentes.
- Hay pérdida de peso, sangre en las heces o signos de malabsorción.
- Los síntomas aparecen en recién nacidos o lactantes.
- No está seguro si se trata de intolerancia o de alergia a la leche, ya que requieren enfoques distintos.
Con un diagnóstico correcto y una dieta adaptada, la mayoría de las personas con intolerancia a la lactosa pueden controlar los síntomas y llevar una vida normal y saludable.

