Eduardo VI (12 de octubre de 1537 - 6 de julio de 1553) fue rey de Inglaterra e Irlanda desde el 28 de enero de 1547 hasta su muerte en 1553. Era hijo de Enrique VIII de Inglaterra y de Jane Seymour; su madre murió doce días después de su nacimiento. Tras la muerte de su padre, Eduardo subió al trono con sólo nueve años, siendo el heredero varón por delante de sus hermanas mayores, María e Isabel.
Formación y salud
Desde niño recibió una educación humanista y religiosa muy rigurosa, orientada hacia las corrientes reformistas del continente. Aprendió latín y matemáticas y estuvo bajo la influencia de tutores y clérigos protestantes, entre los que destacó el arzobispo Thomas Cranmer. Eduardo fue un joven culto y piadoso, pero su salud fue frágil durante casi toda su corta vida; las fuentes contemporáneas y la mayoría de los historiadores modernos consideran que murió probablemente de tuberculosis, aunque la naturaleza exacta de su enfermedad sigue siendo objeto de discusión.
Gobierno y regencia
Puesto que era menor de edad, el poder real fue ejercido por un consejo de regencia y por dos hombres que llegaron a dominar la política inglesa: primero su tío, Edward Seymour, duque de Somerset, que actuó como Lord Protector entre 1547 y 1549; y después Juan Dudley, duque de Northumberland, quien dirigió el gobierno desde 1549 hasta poco antes de la muerte de Eduardo. Ambos influyeron decisivamente en la política interna y religiosa, aunque con estilos distintos: Somerset se mostró más dispuesto a políticas sociales amplias y a una intervención militar activa en Escocia; Northumberland destacó por su sentido práctico, control político y apoyo decidido a las reformas protestantes.
Reformas religiosas
Eduardo fue el primer monarca inglés que gobernó abiertamente como protestante. Aunque su padre había impuesto la supremacía real sobre la Iglesia de Inglaterra, muchos elementos católicos habían permanecido. Bajo Eduardo se consumaron reformas doctrinales y litúrgicas promovidas por Somerset, Northumberland y especialmente por Cranmer:
- Publicación del Book of Common Prayer (Libro de Oración Común) en 1549 y su versión revisada en 1552, que unificaron el culto en lengua vernácula y eliminaron gran parte de la liturgia católica latina.
- Avances doctrinales que condujeron a los artículos confesionales reformistas (antecedentes de las posteriores "39 Articles").
- Reformas en la organización eclesiástica: progresiva eliminación de prácticas como las misas por los difuntos y reducción de imágenes y ceremonias consideradas supersticiosas.
Estas reformas generaron fuerte resistencia en zonas conservadoras, lo que contribuyó a disturbios y rebeliones en 1549.
Problemas internos y disturbios
El reinado de Eduardo estuvo marcado por dificultades económicas y sociales. La crisis del precio de los alimentos, el cierre de conventos y la presión sobre las tierras comunales y cerramientos (enclosures) provocaron descontento. En 1549 estallaron varias revueltas importantes, entre ellas la Rebelión del Libro de Oración (también llamada «Rebelión del Oeste» o Prayer Book Rebellion) en Cornualles y Devon, y la Kett's Rebellion en Norfolk, dirigidas contra lordes locales y los abusos relacionados con los cercamientos. El gobierno de Somerset sofocó muchas de estas insurrecciones, pero a costa de desgastar su autoridad.
Política exterior: Escocia y la «Rough Wooing»
En política exterior, Inglaterra intentó consolidar su influencia sobre Escocia en la llamada «Rough Wooing» (1543–1551), una campaña militar destinada a forzar la unión dinástica mediante el matrimonio entre Eduardo y la joven María, reina de Escocia. Tras la victoria inglesa en la batalla de Pinkie (1547), Inglaterra ocupó varios puntos en la costa escocesa, pero la resistencia escocesa y la intervención francesa impidieron una solución definitiva. A la larga, la política fracasó y los costes militares agravaron los problemas financieros.
La cuestión sucesoria y la muerte
Eduardo murió con apenas quince años y medio. Antes de fallecer intentó asegurar que la corona continuara en manos protestantes: alteró la sucesión mediante su testamento político —conocido como la «Devise for the Succession»— y nombró heredera a su prima Lady Jane Grey, excluyendo a sus hermanas María e Isabel. La intención de Eduardo y de sus consejeros, sobre todo de Northumberland, era impedir que María, católica, devolviera a Inglaterra al catolicismo. Jane fue proclamada reina tras la muerte de Eduardo, pero apenas gobernó unos nueve días; el apoyo popular y la lealtad de gran parte de la nobleza se decantaron por María, que depuso a Jane y reclamó el trono, subiendo al poder como María I.
Legado
El reinado de Eduardo VI, breve pero intenso, consolidó muchas de las reformas religiosas que transformarían la Iglesia inglesa: la liturgia en inglés, la eliminación de ciertos ritos y la promulgación de doctrinas reformadas tuvieron efectos duraderos. Aunque María I revirtió muchas medidas y restauró temporalmente el catolicismo, la obra reformista de la época de Eduardo fue restaurada y completada durante el reinado de Isabel I en 1559. La figura de Eduardo se recuerda como la de un rey joven, profundamente religioso y educado, cuyo gobierno puso a Inglaterra en el camino de la Reforma protestante.


