Enrique II de Inglaterra, también conocido como Enrique II Curtmantle (Le Mans, Francia, 5 de marzo de 1133 - Chinon, Francia, 6 de julio de 1189) fue también conde de Anjou, conde de Maine, duque de Normandía, duque de Aquitania, duque de Gascuña, conde de Nantes, señor de Irlanda y, en varias ocasiones, controló partes de Gales, Escocia y el oeste de Francia. Se preocupó tanto de su imperio en Francia como de Inglaterra.
Enrique era hijo de Geoffrey V, conde de Anjou, y de la emperatriz Matilde. Se casó con Leonor de Aquitania en 1152 y fue coronado rey en 1154. Entre sus hijos se encuentran los futuros reyes Ricardo, que más tarde dirigiría muchas batallas, y Juan. Aunque fue rey de Inglaterra, nunca aprendió el idioma inglés porque su familia había llegado desde Normandía en 1066. Hablaban el francés normando. Enrique era inteligente y bien educado. Hablaba con fluidez el latín, que era la lengua de la gente culta de Europa en aquella época. Todos los documentos y leyes estaban escritos en latín.
Enrique II luchó contra su hermano Geoffrey en Montsoreau en 1152. La sucesión de Enrique II al trono inglés se acordó en 1153. Finalmente llegó al trono en 1154 a la muerte de Esteban I. Redujo el poder de los barones, que se habían hecho muy poderosos en el reinado de Esteban, y en 1166 introdujo el juicio con jurado.
Contexto, matrimonio y construcción del llamado "imperio angevino"
El matrimonio con Leonor de Aquitania (1152) fue decisivo: unió a Enrique extensos territorios en el sudoeste de Francia (Aquitania y Gascuña) con sus posesiones en Anjou, Maine y Normandía, formando lo que los historiadores llaman el imperio angevino. Este conjunto de dominios hizo de Enrique uno de los señores más poderosos de Europa occidental y condicionó su política: debía gobernar y defender territorios separados por el Canal de la Mancha y por centenares de kilómetros de tierras feudales.
Reinado y conflictos internos
Enrique II trabajó sistemáticamente para centralizar el poder real. Durante los primeros años de su reinado recuperó o consolidó el control sobre castillos que se habían convertido en centros de poder local tras la anarquía del reinado de Esteban. Para ello empleó tanto la fuerza militar como la diplomacia, y cuando fue necesario demolió castillos rebeldes para debilitar a los barones.
Un episodio clave fue la rebelión de 1173–1174. Varios de sus hijos (especialmente el mayor, Enrique el Joven, y posteriormente Ricardo), con el apoyo de su esposa Leonor y del rey de Francia, se sublevaron contra Enrique buscando tierras y poder propio. La revuelta fue seria pero Enrique la sofocó gracias a su red de aliados, sus recursos militares y su habilidad política. Pese a ello, los enfrentamientos familiares continuaron durante gran parte del reinado.
Conflicto con la Iglesia: Tomás Becket
Una de las crisis más famosas del reinado fue la ruptura con Tomás Becket, arzobispo de Canterbury. Inicialmente íntimos colaboradores, Enrique y Becket chocaron por la cuestión de la jurisdicción sobre clérigos y privilegios eclesiásticos. Enrique impulsó en 1164 las Constituciones de Clarendon, un conjunto de medidas destinadas a subordinar ciertos privilegios eclesiásticos a la autoridad real. El choque culminó en el asesinato de Becket en 1170 por cuatro caballeros que consideraron (erróneamente) actuar por la voluntad del rey. Aunque Enrique negó responsabilidad directa y sufrió una fuerte condena moral y política, el asesinato dañó gravemente su prestigio y reforzó el poder simbólico de la Iglesia.
Reformas judiciales y administrativas
Enrique II es recordado por sus reformas que constituyeron la base del derecho común inglés (common law) y de una administración real más efectiva. Entre las medidas más importantes destacan:
- Itinerancia de los jueces: estableció jueces itinerantes (justices in eyre) que visitaban condados para administrar justicia en nombre del rey, lo que uniformó la aplicación de la ley.
- Assize of Clarendon (1166): reformó la investigación de delitos introduciendo mecanismos de jurados de presentación (grandes jurados primitivos) y procedimientos para identificar a los sospechosos. Estas normas mejoraron la persecución del delito y fortalecieron la autoridad real frente a la justicia local.
- Assize of Northampton (1176): complementó y endureció medidas contra los delincuentes y reguló penas, reforzando las sentencias emitidas en las eyres.
- Consolidación del Exchequer: perfeccionó la administración financiera real mediante controles y registros (las conocidas "pipe rolls"), lo que permitió un control más riguroso de los ingresos y gastos de la Corona.
- Scutage y ejército: desarrolló el uso del scutage (pago en dinero en lugar del servicio de caballería) para obtener recursos y contratar tropas profesionales cuando fue necesario.
Estas reformas tuvieron un efecto duradero: centralizaron la Justicia, redujeron la arbitrariedad local y fomentaron procedimientos escritos y estandarizados que dieron lugar al sistema jurídico inglés medieval.
Política exterior e Irlanda
En el plano exterior Enrique trató de mantener y defender su vasto dominio territorial frente a la monarquía francesa y otros señores regionales. En 1171 realizó una expedición a Irlanda tras la llamada de algunos señores anglonormandos que buscaban protección. Enrique obtuvo la sumisión de algunos reyes irlandeses y estableció una esfera de influencia que pasaría a denominarse dominio señorío de Irlanda; esta intervención supuso el inicio de la presencia anglonormanda sostenida en la isla.
Familia y sucesión
Enrique tuvo varios hijos con Leonor de Aquitania: entre ellos Enrique el Joven (coronado co‑rey pero sin poder efectivo), Ricardo (el futuro Ricardo Corazón de León), Godofredo, y Juan (que heredó finalmente Inglaterra tras la muerte de Ricardo). Las tensiones por la sucesión —el reparto de tierras, la coronación de un heredero sin poder real y las ambiciones de los hijos— fueron fuente de conflictos continuos y acabaron debilitando la unidad familiar y política en sus últimos años.
Muerte y legado
Enrique II murió en Chinon, Francia, el 6 de julio de 1189. Al morir fue sucedido por su hijo Ricardo I. El legado de Enrique es complejo: por una parte dejó una monarquía más centralizada, una administración y unas cortes reales más fuertes, y reformas legales que influyeron en el desarrollo del common law; por otra, su política familiar y sus continuas tensiones con la Iglesia y con sus hijos crearon problemas que afectaron a sus sucesores.
En términos generales, Enrique II consolidó la autoridad real frente a la nobleza, sentó bases administrativas y judiciales que perduraron y creó un conglomerado territorial —el llamado imperio angevino— que marcó la geopolítica anglo‑francesa de finales del siglo XII.

