Thomas Becket fue un sacerdote inglés, arzobispo de Canterbury, que fue asesinado en la catedral de Canterbury en 1170. Su figura pasó a la historia por el conflicto que mantuvo con el rey Enrique II y por su martirio, que lo convirtió en símbolo de la defensa de los derechos de la Iglesia frente al poder real. La gente solía pensar que su nombre era Thomas á Becket, pero ahora se sabe que es erróneo; lo más probable es que su apellido reflejara su origen o un antepasado y no incluyera la preposición "á".
Primeros años y formación
Becket nació en Cheapside, Londres, probablemente hacia 1118–1120. Fue un niño inteligente y activo, aficionado a los deportes y a la caza, según las crónicas medievales. A los 16 años salió de Inglaterra para completar sus estudios en París, donde recibió formación en derecho y teología que luego le serviría tanto en la administración como en la Iglesia.
Ascenso en la corte y nombramiento como arzobispo
En 1143 Becket ingresó en la casa de Teobaldo de Bec (Theobald of Bec) como empleado y más tarde pasó a formar parte del círculo cercano del joven rey Enrique II. Con la subida al trono de Enrique, Becket fue nombrado Lord Canciller de Inglaterra, cargo desde el que administró la justicia real y se ganó la confianza del monarca. En 1162, contra las expectativas de muchos, fue elegido y consagrado arzobispo de Canterbury. Su nombramiento obligó a Becket a pasar de ser un servidor del rey a jefe de la Iglesia inglesa, lo que creó tensiones crecientes entre su lealtad a la Corona y su nueva función pastoral.
Conflicto con Enrique II
La relación entre Becket y Enrique II, hasta entonces amistosa y de colaboración, se rompió por la defensa que Becket hizo de la independencia eclesiástica. El choque principal giró en torno a los privilegios judiciales y la jurisdicción de los tribunales seculares sobre los clérigos ingleses. Enrique trató de reafirmar los derechos tradicionales de la corona sobre la Iglesia mediante las conocidas Constituciones de Clarendon, propuestas en enero de 1164 durante una asamblea en el Palacio de Clarendon, donde el rey solicitó formalmente a Becket que aceptara estas limitaciones.
Las tensiones aumentaron cuando Enrique, en octubre de 1164, hizo comparecer a Becket ante un gran consejo en el castillo de Northampton para responder a diversas acusaciones políticas. Tras ser juzgado y declarado culpable en su ausencia, Becket optó por la huida y buscó refugio en la corte del rey Luis VII de Francia, que le ofreció protección.
Exilio y retorno
Becket pasó casi dos años en la abadía cisterciense de Pontigny, y luego en Sens, como exiliado de la corte inglesa. Durante ese período desarrolló una postura más rígida y pía, reforzando su autoridad espiritual; al volver a Inglaterra, retomó medidas canónicas contra aquellos de sus adversarios eclesiásticos y llegó a excomulgar a obispos y clérigos que consideró corresponsables de su persecución, amenazando con sancionar también al propio rey si persistía la injerencia real.
El asesinato
La escalada del conflicto y las palabras de Enrique —cuyas formulaciones exactas se han perdido y existen varias versiones transmitidas por la tradición— fueron interpretadas por algunos de sus seguidores como una orden implícita contra Becket. La frase más citada en la tradición oral es "¿Quién me librará de este molesto sacerdote?".
El 29 de diciembre de 1170 cuatro caballeros leales al rey asaltaron la catedral de Canterbury y mataron a Becket en el interior del templo, concretamente en el coro y cerca del altar mayor. Los nombres que la historia conserva de esos asesinos son Reginald Fitzurse, Hugh de Morville, William de Tracy y Richard le Breton. Su muerte fue considerada por muchos contemporáneos como un asesinato sacrílego por haberse cometido en un lugar sagrado y mientras el arzobispo desempeñaba funciones religiosas.
Canonización y santuario
El martirio de Becket provocó una ola de indignación popular y devoción. Fue declarado santo por el papa Alejandro III en 1173, apenas tres años después de su muerte. Su tumba en la catedral se convirtió en un importante lugar de peregrinación, con un famoso santuario en Canterbury que atrajo a fieles de toda Europa —un hecho que influyó también en la literatura medieval, como en las peregrinaciones narradas por Geoffrey Chaucer siglos después—.
No obstante, el santuario principal fue destruido por orden de Enrique VIII durante la Reforma inglesa en el siglo XVI, cuando el monarca suprimió los monasterios y rechazó la autoridad papal en Inglaterra. A pesar de la demolición del santuario, la memoria de Becket perdura en la tradición cristiana; su fiesta litúrgica se celebra el 29 de diciembre, día de su martirio.
Consecuencias y legado
La muerte de Becket tuvo importantes consecuencias políticas y religiosas. Aunque el rey Enrique II no fue acusado formalmente del crimen, en 1174 realizó un acto público de penitencia en Canterbury, en el que, según las crónicas, hizo demostraciones de arrepentimiento ante la Iglesia. El episodio subrayó la tensión entre la autoridad real y la autonomía eclesiástica y dejó una huella duradera en las relaciones entre Iglesia y Estado en Inglaterra y en Europa.
Thomas Becket se convirtió en un símbolo del conflicto por las libertades eclesiásticas y en ejemplo de martirio por la defensa de la conciencia religiosa frente al poder secular. Su figura ha sido recuperada y reinterpretada en la historia, la literatura, el arte y el teatro —entre las obras más conocidas modernas destaca la obra "Murder in the Cathedral" de T. S. Eliot—, y sigue siendo objeto de estudio para entender la evolución del sistema jurídico y las relaciones entre autoridad temporal y espiritual.

