Eduardo I (17 de junio de 1239-7 de julio de 1307), también Longshanks (que significa "piernas largas") y el Martillo de los Escoceses, fue un rey Plantagenet de Inglaterra. Se convirtió en rey el 21 de noviembre de 1272, hasta su muerte en 1307. Su madre era la reina Leonor de Provenza y su padre el rey Enrique III de Inglaterra. De joven, Eduardo luchó contra Simón de Montfort en defensa de la corona de su padre. Fue a una cruzada y su padre murió cuando Eduardo estaba de regreso. Como gobernante, mejoró las leyes e hizo que el Parlamento fuera regular y más importante. Conquistó Gales y sometió a los galeses con una política brutal. Se empeñó en controlar Escocia a través de reyes títeres y lo consiguió durante su vida. Expulsó al pueblo judío de Inglaterra.


 

Primeros años y acceso al trono

Nacido en el palacio de Westminster en 1239, Eduardo fue el primogénito superviviente de Enrique III y Leonor de Provenza. Participó desde joven en la política y en campañas militares, destacando su papel en la represión de la rebelión de Simón de Montfort. En 1271 partió hacia la llamada Novena Cruzada (la campaña en Tierra Santa) como príncipe —regresó en 1272 y, en el trayecto, recibió la noticia de la muerte de su padre. Aunque se convirtió en rey en noviembre de 1272, su coronación oficial tuvo lugar en 1274.

Reformas administrativas y legales

Eduardo I es conocido por profundizar la centralización del poder real y por impulsar reformas legales que consolidaron el derecho común inglés. Algunas de sus acciones más relevantes fueron:

  • Promover estatutos que regularon la propiedad, la administración de justicia y el procedimiento legal (por ejemplo, las enmiendas en las Statutes of Westminster).
  • Fortalecer el papel del monarca en la selección y supervisión de jueces y oficiales locales, y profesionalizar la administración real.
  • Fomentar la convocatoria regular de Parlamento, incluyendo representantes de condados y ciudades, lo que evolucionó hacia una institución central en la recaudación de impuestos y la validación de decisiones del rey (el llamado "Model Parliament" de 1295 consolidó esta práctica).

Conquista de Gales y política en la frontera

Eduardo dirigió una serie de campañas militares en Gales que terminaron con la derrota y muerte de Llywelyn ap Gruffudd en 1282 y con la captura del último gran señor galés, Dafydd ap Gruffudd, en 1283. Tras estas campañas impuso un control directo sobre los territorios galeses, dividió la región en condados a la manera inglesa y promovió la construcción de una red de fortalezas impresionantes —entre ellas Caernarfon, Conwy, Harlech y Beaumaris—, que aún hoy son ejemplo de la arquitectura militar edwardiana. En 1301 creó el título de Prince of Wales para su hijo Eduardo de Caernarfon, iniciando una tradición dinástica.

Relaciones con Escocia

La política de Eduardo hacia Escocia fue ambiciosa y conflictiva. Tras la muerte de la heredera Margaret, la Doncella de Noruega (1290), se ofreció como árbitro en la sucesión escocesa y terminó imponiendo a Juan Balliol como rey en 1292. Cuando Balliol intentó resistir la autoridad inglesa, Eduardo lo depuso (1296) y lanzó campañas para someter la nobleza escocesa. Estas campañas provocaron fuertes resistencias lideradas por figuras como William Wallace y, más tarde, Robert the Bruce. Eduardo supervisó personalmente varias operaciones militares y murió preparando otra campaña contra los escoceses el 7 de julio de 1307 en Burgh-by-Sands, cerca de Carlisle.

Política religiosa y social

En 1290 Eduardo ordenó la expulsión de los judíos de Inglaterra, una medida que siguió a décadas de presiones financieras y sociales contra las comunidades judías. Esta expulsión fue definitiva hasta su revocación siglos después. Su reinado también se caracterizó por impuestos exigentes y el uso frecuente del scutage (un pago para evitar el servicio militar), lo que generó tensiones con la nobleza y con representantes de las ciudades.

Vida personal y legado

Eduardo se casó con Eleanor of Castile, con quien tuvo varios hijos, incluido el heredero Eduardo (luego Eduardo II). La muerte de Eleanor en 1290 afectó profundamente al rey; en su memoria mandó erigir las conocidas "Eleanor Crosses", cruces conmemorativas en las localizaciones del funeral entre Lincoln y Westminster. En 1299 se casó en segundas nupcias con Margaret de Francia.

Su legado es complejo: por un lado, dejó una monarquía más centralizada y un marco legal más sólido que influyó en la evolución del estado inglés; por otro, sus campañas en Gales y Escocia, la dureza de sus medidas contra disidentes y la expulsión de los judíos muestran un gobierno autoritario y militarizado. Las fortificaciones que mandó construir en Gales y sus reformas institucionales permanecen como huellas visibles de su reinado.

Muerte y enterramiento

Eduardo I falleció el 7 de julio de 1307 en Burgh-by-Sands, cerca de Carlisle, mientras se preparaba para reanudar la campaña en Escocia. Su cuerpo fue trasladado a Westminster Abbey, donde fue enterrado; su hijo le sucedió como Eduardo II.