Jaime II y VII (14 de octubre de 1633 - 16 de septiembre de 1701) fue rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde 1685 hasta 1688. Fue el rey Jaime II en Inglaterra e Irlanda, y el rey Jaime VII en Escocia. También fue duque de Normandía desde el 31 de diciembre de 1660. Perdió sus reinos en la Revolución Gloriosa de 1688. No consiguió recuperarlos en una guerra y pasó el resto de su vida en Francia.

Fue el último rey católico romano de las Islas Británicas. A algunos de sus habitantes no les gustaron sus ideas religiosas, lo que llevó a un grupo de ellos a desobedecer y luchar contra él. Esto se llamó la Revolución Gloriosa en Inglaterra y Escocia. El rey Jacobo y su hijo, Jacobo Francisco Eduardo se exiliaron. El rey fue sustituido por su hija protestante, la reina María II, y su marido el rey Guillermo III y II. Se convirtieron en gobernantes en 1689.

La creencia de que Jaime, y no Guillermo III o María II, era el único y verdadero gobernante se conoció como jacobitismo (de Jacobus o Iacobus, que significa Jaime en latín). Jaime hizo un intento serio de recuperar su trono cuando desembarcó en Irlanda en 1689. Tras su derrota en la batalla del Boyne en el verano de 1690, regresó a Francia, viviendo el resto de su vida bajo la protección del rey Luis XIV. Su hijo Jacobo Francisco Eduardo Estuardo (El Viejo Pretendiente) y su nieto Carlos Eduardo Estuardo (El Joven Pretendiente y Bonnie Prince Charlie) intentaron restaurar la línea jacobita tras la muerte de Jacobo, pero fracasaron.



 

Orígenes y primeros años

Jaime nació el 14 de octubre de 1633, segundo hijo del rey Carlos I y de la reina Enriqueta María de Francia. Durante la Guerra Civil Inglesa y el período de la República (Commonwealth) su familia sufrió el exilio y la ejecución del rey Carlos I; Jaime vivió parte de su juventud fuera de Inglaterra y regresó al país con la Restauración de la monarquía en 1660.

Cargos, servicio naval y conversión

Tras la Restauración recibió el título de Duque de York y ocupó puestos importantes: fue comandante naval y, desde 1660 hasta 1673, Lord High Admiral. Participó en las guerras navales con Holanda y en la reorganización de la Marina. En 1673, ante la aprobación del Test Act que exigía a los altos cargos jurar que no eran católicos, Jaime renunció a sus cargos cuando su fe católica se hizo de conocimiento público.

Matrimonios y descendencia

Se casó primero con Ana Hyde (matrimonio celebrado en 1659), con quien tuvo dos hijas que serían relevantes para la sucesión: María y Ana (ambas fueron educadas como protestantes). Tras la muerte de Ana Hyde, Jaime contrajo matrimonio con María de Módena en 1673, con quien tuvo a su hijo varón más conocido, Jacobo Francisco Eduardo (nacido en 1688), cuya llegada a la línea sucesoria fue un factor decisivo en la crisis que desembocó en la Revolución Gloriosa.

Política religiosa y conflicto

Jaime defendió explícitamente la libertad de culto para católicos y disidentes protestantes. Entre sus medidas más controvertidas estuvo la emisión de las Declaraciones de Indulgencia (1687 y 1688), que intentaban suspender las leyes penales contra católicos y otros disidentes. Para llevar a cabo sus proyectos nombró a católicos en cargos civiles y militares, lo que provocó temor entre amplios sectores de la élite política y religiosa sobre una posible restauración del catolicismo como religión dominante.

El enfrentamiento con la Iglesia anglicana culminó en el célebre juicio de los Siete Obispos (1688), que fueron procesados por oponerse a la lectura pública de la Declaración de Indulgencia; su absolución fue interpretada como un augurio de la derrota política del rey.

Rebeliones internas y mano dura

En 1685, apenas iniciado su reinado, se produjo la Rebelión del duque de Monmouth, un intento de usurpación encabezado por el hijo ilegítimo de Carlos II. Las fuerzas leales a Jaime derrotaron a Monmouth en la batalla de Sedgemoor y, durante la represión, el juez Jeffreys celebró las conocidas “Bloody Assizes”, procesos que dejaron una fuerte huella en la memoria pública y aumentaron el rechazo hacia la corte.

La Revolución Gloriosa y el exilio

El nacimiento en 1688 de un hijo varón (Jacobo Francisco Eduardo) hizo temer la instauración de una dinastía católica. Por ello, líderes políticos de ambos bandos —Whigs y muchos Tories— invitaron a Guillermo de Orange (y marido de su hija María) a intervenir. Guillermo desembarcó en Inglaterra en noviembre de 1688; ante la deserción de parte de sus generales y la pérdida de apoyo, Jaime huyó a Francia en diciembre de ese año. En 1689 el Parlamento ofreció la corona conjunta a Guillermo y a su esposa María, y aprobó el Bill of Rights, que asentó principios que limitaron la autoridad real y reforzaron el papel del Parlamento.

Campaña en Irlanda (1689–1691)

Jaime intentó recuperar el trono mediante la vía militar y desembarcó en Irlanda en 1689, donde aún contaba con apoyos católicos y con tropas francesas. Tuvo éxitos iniciales —ocupó Dublín y contó con el reconocimiento de parte de la población— pero la intervención de Guillermo y la llegada de refuerzos cambiaron la suerte del conflicto. En julio de 1690 fue derrotado en la Batalla del Boyne, y después en la decisiva Batalla de Aughrim (1691). El fracaso en Irlanda obligó a Jaime a regresar a Francia, donde vivió protegido por Luis XIV hasta su muerte.

Últimos años y legado

Jaime falleció en el exilio el 16 de septiembre de 1701 en Saint-Germain-en-Laye (Francia). Su permanencia en Francia y los esfuerzos de sus sucesores jacobitas mantuvieron la cuestión dinástica viva durante décadas, con intentos por restaurar la dinastía estuardo en 1715 y 1745 que finalmente fracasaron.

Entre las consecuencias más duraderas de su reinado y caída están:

  • El establecimiento de la supremacía parlamentaria: la Revolución Gloriosa y el Bill of Rights (1689) marcaron el comienzo de un sistema en el que el monarca no podía gobernar sin el consentimiento del Parlamento.
  • La exclusión de los católicos de la corona: la controversia religiosa que rodeó a Jaime contribuyó a que el Parlamento aprobara, en 1701, el Act of Settlement, que aseguraba una sucesión protestante y, con ello, la eventual llegada de la Casa de Hannover a la corona británica.
  • Memoria dividida: Jaime es recordado de forma muy distinta según las tradiciones: para los detractores fue un monarca autoritario y proclive a favorecer su fe; para los jacobitas fue el legítimo soberano destronado por una invasión extranjera.

En conjunto, el reinado de Jaime II y VII fue breve pero decisivo para la conformación del sistema político británico moderno: su intento de establecer una tolerancia que favoreciera a los católicos provocó la reacción que terminó limitando definitivamente el poder monárquico y asegurando la sucesión protestante para las generaciones siguientes.