La Revolución Gloriosa (1688) fue un cambio político decisivo en la historia de Inglaterra y Escocia. Muchos sectores de la sociedad y del Parlamento rechazaron al monarca católico Jacobo II porque sus políticas favorecían a los católicos, intentaban ampliar el poder real frente al Parlamento y generaron alarma —especialmente tras el nacimiento de un heredero varón— por la posibilidad de una dinastía católica permanente. Para evitarlo, un grupo de notables invitó al príncipe protestante Guillermo III de Orange-Nassau a intervenir.

Desarrollo

En noviembre de 1688 Guillermo desembarcó en Inglaterra con un ejército. El desembarco encontró poco apoyo popular a favor de Jacobo y, ante la deserción de muchos de sus oficiales y el avance de las tropas de Guillermo, Jacobo decidió huir; partió hacia Francia y pidió protección al rey Luis XIV. Guillermo llegó acompañado de su esposa, la princesa María, hija de Jacobo II, y ambos aceptaron gobernar en conjunto cuando el Parlamento lo consideró oportuno.

La Carta de Derechos y la nueva Constitución

Tras estos sucesos, el Parlamento proclamó la supremacía parlamentaria y aprobó la Carta de Derechos (Bill of Rights) en 1689, documento clave que limitó las prerrogativas del monarca y estableció garantías políticas y civiles. Aunque la Corona fue ocupada por Guillermo y María, fue el Parlamento el que impuso las condiciones del nuevo régimen. Con ello, Inglaterra pasó a ser una monarquía constitucional en la que el poder real quedó sujeto a la ley y a la voluntad representativa.

Puntos principales de la Carta de Derechos

  • Prohibición de suspender leyes o imponer impuestos sin el consentimiento del Parlamento.
  • Prohibición de mantener un ejército permanente en tiempos de paz sin aprobación parlamentaria.
  • Garantía de elecciones libres y regulares al Parlamento y protección de la libertad de expresión en sus debates.
  • Prohibición de castigos crueles y medidas arbitrarias como fianzas excesivas o multas desproporcionadas.
  • Confirmación de que la sucesión al trono debía ser protestante, lo que excluía a católicos de la Corona.

Consecuencias

Impacto inmediato: la Revolución fue relativamente poco sangrienta en Inglaterra (por eso se llamó "Gloriosa"), pero desencadenó conflictos en Irlanda y Escocia donde los partidarios de Jacobo (los jacobitas) resistieron, dando lugar a enfrentamientos posteriores como la batalla del Boyne en 1690.

Impacto a largo plazo: la Revolución consolidó la supremacía parlamentaria sobre la Corona, sentó las bases del parlamentarismo moderno y limitó la arbitrariedad del poder real. También impulsó la tolerancia —aunque limitada— a ciertos grupos protestantes mediante la Toleration Act de 1689, y marcó la orientación religiosa y política del Reino Unido hacia la sucesión protestante. Sus principios influyeron en ideas políticas europeas y en movimientos posteriores, incluidos algunos de la Revolución americana y del pensamiento liberal en general.

En resumen, la Revolución Gloriosa transformó las instituciones británicas: de una monarquía con poder amplio se pasó a una monarquía constitucional en la que el Parlamento consolidó su papel central en la gobernanza.