El Mar Interior Occidental era un enorme mar interior. Dividió a Norteamérica en dos mitades durante la mayor parte del período cretácico medio y tardío. Tenía hasta 760 m de profundidad, 970 km de ancho y más de 3.200 km de largo.
¿Qué fue y cuándo existió?
El Mar Interior Occidental (conocido en inglés como Western Interior Seaway) fue una extensa cuña marina que penetró longitudinalmente en el interior de Norteamérica durante gran parte del Cretácico. Su existencia se sitúa aproximadamente entre hace 100 y 66 millones de años, alcanzando su máxima expansión durante el Cretácico medio y tardío. En ese tiempo el nivel del mar global era mucho más alto y los polos no tenían casquetes glaciares permanentes, lo que favoreció la invasión marina del continente.
Cómo se formó
Su formación respondió a la combinación de varios factores:
- Elevado nivel del mar global (transgresiones marinas) que inundaron zonas bajas del continente.
- Subsistencia tectónica en la región central de Norteamérica, causada por procesos asociados a las cadenas montañosas en formación (por ejemplo, las orogenias relacionadas con la subducción en la costa oeste), que crearon espacio para acumular agua.
- Conexiones con los océanos Ártico y Protoatlántico/Golfo de México que permitieron la circulación y rellenado del seaway.
Ambientes y tipos de sedimentos
El Mar Interior Occidental incluía una variedad de ambientes marinos: desde plataformas someras costeras y bahías hasta cuencas profundas. Los sedimentos depositados ahora forman formaciones rocosas muy estudiadas, como el Niobrara Chalk, la Pierre Shale y la Bearpaw Formation. Estos depósitos contienen calizas, margas, lutitas oscuras y yesos en algunos tramos, e indican cambios en oxigenación, productividad biológica y suministro de sedimento desde tierra firme.
Fauna y ecosistemas
El seaway fue un ecosistema marino rico y diverso. Entre los organismos más representativos se encuentran:
- Reptiles marinos: mosasaurios y plesiosaurios, grandes depredadores ápices.
- Peces: tiburones (por ejemplo, Cretoxyrhina) y diversos teleósteos.
- Invertebrados: ammonites, bivalvos (como las inocerámidas) y crustáceos.
- Microorganismos: fitoplancton y foraminíferos que contribuyeron a la formación de rocas carbonatadas y a ciclos biogeoquímicos.
En las tierras emergidas a ambos lados del mar vivían dinosaurios y otros vertebrados terrestres: la presencia del seaway generó dos provincias faunísticas diferenciadas en el continente, llamadas Laramidia (al oeste) y Appalachia (al este).
Evidencias y fósiles
Los restos fosilizados que afloran en amplias zonas de Estados Unidos y Canadá permiten reconstruir la historia del seaway. Entre las pruebas geológicas y paleontológicas están:
- Capas sedimentarias marinas bien conservadas (calizas, margas y lutitas) que continúan a lo largo de cientos de kilómetros.
- Abundantes fósiles marinos (mosasaurios, plesiosaurios, ammonites, peces y microfósiles) en formaciones como el Niobrara y la Pierre.
- Registros geoquímicos e isotópicos que reflejan cambios en la salinidad, temperatura y niveles de oxígeno en el agua.
- Datos de sondeos, registros sísmicos y mapas geológicos que muestran la extensión y batimetría antigua del seaway.
Cierre del seaway y legado
Hacia el final del Cretácico y durante el Paleógeno la combinación de descenso relativo del nivel del mar y el levantamiento tectónico (incluyendo procesos como la orogenia Laramide) provocó la regresión progresiva del Mar Interior Occidental hasta su desaparición como cuerpo marino continuo. Sus sedimentos quedaron enterrados y luego afloraron en diversas regiones, proporcionando importantes yacimientos fósiles y recursos naturales.
Importancia geológica y económica
El antiguo seaway dejó un legado relevante:
- Es una fuente clave para el estudio de la paleogeografía y la evolución de los ecosistemas marinos en condiciones de alto nivel del mar.
- Sus formaciones contienen hidrocarburos, fuentes de minerales y depósitos industriales (por ejemplo, yeso y calizas), además de ser zonas ricas en fósiles que atraen la investigación y el turismo científico.
- Estudiares como indicadores de cambios climáticos y eventos oceánicos anóxicos del Cretácico.
En conjunto, el Mar Interior Occidental no solo marcó la geografía de Norteamérica durante decenas de millones de años, sino que legó un registro geológico y paleontológico fundamental para entender la historia de la Tierra en el Cretácico.


