Azotes (castigo corporal infantil): definición, efectos y evidencia científica
Azotes (castigo corporal infantil): definición, efectos y evidencia científica — analiza daños físicos y emocionales, investigación y alternativas de disciplina respetuosa.
Definición
Azotar significa golpear las nalgas de otra persona para causarle dolor. Con frecuencia los azotes se dan con la mano abierta, aunque la práctica puede variar según la cultura y la familia. En algunos países, los padres azotan a los niños y adolescentes como forma de castigarlos; en otros ya está prohibido por ley. Los padres que usan azotes suelen esperar que así los niños obedezcan, y desde épocas pasadas hasta la actualidad los adultos han azotado con más frecuencia a los niños que a las niñas.
Formas y práctica de los azotes
Cuando un padre pega a su hijo, normalmente golpea sus nalgas con la mano abierta. A veces se emplean otros objetos —por ejemplo un cinturón o una cuchara de madera—, lo que aumenta el riesgo de daño. La piel puede estar vestida o desnuda. En algunas ocasiones el progenitor hace que el niño se tumbe en su regazo; en otras, le pide que se agache o que se tumbe boca abajo en la cama.
La forma, la frecuencia y la intensidad del castigo corporal varían: a veces son azotes aislados, otras veces forman parte de una disciplina habitual que puede escalar. Usar objetos para azotar o golpear con fuerza aumenta el riesgo de lesiones físicas y delictivas.
Cómo se sienten los niños
Cuando se pregunta a los niños cómo se sienten al ser golpeados por sus padres, muchos responden que se ponen tristes, enfadados y asustados. Algunos niños pequeños del Reino Unido cuyos padres les pegan han dicho frases como: "se siente como si alguien te golpeara con un martillo" y "duele y es doloroso por dentro, es como si te rompieran los huesos". Estas reacciones emocionales muestran que el castigo corporal puede afectar el bienestar y la seguridad emocional del menor.
Efectos y evidencia científica
La Dra. Elizabeth T. Gershoff, investigadora sobre los azotes, concluye tras revisar numerosas investigaciones que los azotes no funcionan como método de enseñanza del comportamiento. Afirma que no enseñan a los niños a comportarse bien ni a obedecer a sus padres a largo plazo; de hecho, la obediencia suele disminuir con el tiempo. Describe los azotes como "violentos" y considera que deben eliminarse como práctica educativa.
En 2012, un equipo de científicos canadienses que analizó décadas de investigación llegó a conclusiones similares: los azotes no son eficaces y con el tiempo aumentan la probabilidad de que los niños desarrollen conductas agresivas. Murray Straus, otro investigador del tema, ha informado que estudios más recientes muestran asociaciones entre el castigo corporal en la infancia y mayor probabilidad de cometer delitos en la adultez, incluso cuando los padres han sido afectuosos en otros aspectos.
Aunque un pequeño número de científicos sostiene que los azotes "ordinarios" no causan daño, numerosos trabajos y revisiones —algunos citan "más de 100" estudios— hallan efectos negativos consistentes: perjuicios en el desarrollo cognitivo, mayor riesgo de trastornos mentales, y otros resultados adversos a largo plazo. Investigadores de la Universidad de Manitoba (Canadá) observaron que los niños a quienes se les pega incluso "a veces" presentan más problemas de salud mental en la adultez, incluyendo:
- Depresión: sentimientos duraderos de tristeza o pérdida de placer e interés (depresión).
- Ansiedad: mucho miedo y preocupación (ansiedad).
- Alteraciones del control del impulso y del estado de ánimo (manía), y trastornos relacionados.
- Mayor riesgo de abuso de drogas y alcohol.
Otros estudios indican que el castigo corporal frecuente puede afectar el cerebro en desarrollo, reduciendo el crecimiento esperado en ciertas áreas y provocando dificultades para pensar con claridad o regular las emociones, lo que puede aumentar la probabilidad de conductas agresivas o de daño hacia otros.
En términos metodológicos, gran parte de la evidencia proviene de estudios longitudinales que controlan múltiples factores y muestran asociaciones persistentes entre castigo corporal y resultados negativos; aunque es difícil probar causalidad absoluta en todos los casos, la convergencia de hallazgos y la consistencia entre estudios han llevado a muchas organizaciones profesionales a desaconsejar su uso.
Postura de organizaciones profesionales y situación legal
La Academia Americana de Pediatría y otros organismos de salud y profesionales sostienen que los azotes no son una manera adecuada de enseñar a los niños y advierten que pueden herir fácilmente a los menores. Señalan además que el castigo corporal puede derivar en maltrato infantil y recomiendan enfáticamente no usar objetos para pegar a los niños.
Grupos de abogados, trabajadores sociales y políticos han calificado los azotes como violentos y contrarios a los derechos humanos. Dar azotes a una persona menor de 18 años está prohibido por la ley en más de 40 países; entre ellos se cuentan Brasil, Alemania, Israel, Argentina, Suecia, Países Bajos, España, Polonia, Nueva Zelanda, Kenia y Costa Rica. En otros países, la ley permite cierta “corrección” doméstica o no la regula expresamente, por lo que es importante conocer la normativa local.
Alternativas al castigo corporal
Existen métodos de disciplina que son efectivos y no implican daño físico. Entre las alternativas recomendadas están:
- Explicaciones claras y coherentes sobre las reglas y las consecuencias.
- Refuerzo positivo: elogiar y recompensar comportamientos adecuados.
- Tiempo fuera o "time-out": retirar al niño brevemente de una situación hasta que se calme.
- Consecuencias naturales y lógicas relacionadas con la conducta (cuando sea seguro hacerlo).
- Redirección: ofrecer opciones y cambiar la atención en niños pequeños.
- Modelado: los adultos muestran con su comportamiento cómo actuar.
- Rutinas y límites previsibles que reducen la frustración y las conductas conflictivas.
- Búsqueda de apoyo profesional: programas de educación parental, terapia familiar o intervención psicosocial cuando las dificultades son persistentes.
Estas estrategias requieren constancia y comunicación; suelen ser más eficaces a largo plazo que la violencia física y promueven el desarrollo emocional y social del niño.
Cuándo pedir ayuda
Busque ayuda profesional si el castigo físico es frecuente, si causa lesiones, si el niño muestra miedo extremo, cambios conductuales importantes, o señales de trauma. Profesionales de la salud, servicios sociales, pediatras y psicólogos pueden orientar sobre técnicas alternativas y valorar la seguridad del menor. En muchos lugares, los profesionales están legalmente obligados a reportar sospechas de maltrato infantil.
Resumen
Los azotes son una forma de castigo corporal que suele consistir en golpear las nalgas, a veces con la mano abierta y en ocasiones con objetos. La evidencia científica acumulada indica que no son efectivos para enseñar buen comportamiento y se asocian con efectos negativos a corto y largo plazo en la salud mental, el desarrollo y la conducta de los niños. Muchas organizaciones médicas y de derechos humanos los desaconsejan, y más de 40 países los han prohibido por ley. Existen alternativas seguras y eficaces para la disciplina que protegen el bienestar del menor; si la situación es preocupante, conviene pedir apoyo profesional.

Azotes en Alemania en 1935
Preguntas y respuestas
P: ¿Qué son los azotes?
R: Dar azotes es golpear las nalgas de otra persona para causarle dolor, normalmente con la mano abierta.
P: ¿Se utilizan los azotes para castigar a niños y adolescentes en todos los países?
R: No, en algunos países ya no está permitido.
P: ¿Es más probable que se pegue a los niños que a las niñas?
R: Sí, desde el pasado hasta nuestros días, los adultos han azotado más a los niños que a las niñas.
P: ¿Cómo suelen administrar los padres un azote?
R: Los padres suelen golpear las nalgas del niño con la mano abierta o utilizar otros objetos como un cinturón o una cuchara de madera. Las nalgas del niño pueden estar vestidas o desnudas y a menudo el padre hace que el niño se tumbe sobre su regazo o se agache o se tumbe boca abajo sobre una cama.
P: ¿Cómo se sienten los niños cuando son azotados por sus padres?
R: Muchos niños dicen que les hace sentir tristes, enfadados y asustados. Algunos niños pequeños del Reino Unido cuyos padres les pegan dijeron cosas como "se siente como si alguien te golpeara con un martillo" y "duele y es doloroso por dentro, es como si te rompieran los huesos".
P: ¿Qué dice la Academia Americana de Pediatría sobre el uso de los azotes como castigo para los niños?
R: La Academia Americana de Pediatría dice que los azotes no son una buena forma de ayudar a los niños a aprender a comportarse porque pueden herir fácilmente a un niño pequeño y conducir al maltrato infantil; también aconsejan no utilizar ningún objeto al administrar un azote.
P: ¿Qué han descubierto las investigaciones sobre la eficacia (o ineficacia) de los azotes para enseñar un buen comportamiento? R: Las investigaciones realizadas a lo largo de muchos años demuestran que los azotes no funcionan; por el contrario, pueden hacer que los niños obedezcan menos a medida que pasa el tiempo y se vuelvan más agresivos con el tiempo; además, las investigaciones han demostrado que el uso de esta forma de castigo no aporta ningún beneficio, sólo perjuicios, entre los que se incluyen enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, la manía, el abuso de drogas/alcohol, etc., así como una disminución de la capacidad para pensar con claridad y una mayor tendencia a hacer daño a los demás.
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