El kakapo (Strigops habroptilus) es el único loro que no puede volar. Vivía en las praderas, los matorrales y las regiones costeras de Nueva Zelanda, pero ahora es tan raro que sólo puede verse en las islas protegidas de la costa. Kakapo significa "loro nocturno" en lengua maorí.

Los kakapos son más activos por la noche (nocturnos) y les gusta estar solos. Para mantener a otros kakapos fuera de su territorio, emiten un sonido "skraaarking". El kakapo puede vivir unos 60 años.

Apariencia y características

El kakapo es un loro grande y robusto, con plumaje de tonos verde musgo moteado que le sirve de excelente camuflaje entre la vegetación. Tiene una cara ancha con plumas que forman una especie de disco facial, ojos oscuros y un pico fuerte adaptado a una dieta herbívora. Los machos suelen ser más grandes que las hembras; los ejemplares adultos pueden llegar a pesar varios kilos y medir casi medio metro o más de largo. No vuelan, pero están bien adaptados a trepar y caminar por el suelo.

Alimentación y conducta

Son principalmente herbívoros: comen hojas, brotes, semillas, frutas y raíces de las plantas nativas. En años en que ciertas especies de árboles (como el rimu) producen muchos frutos, los kakapos pueden reproducirse con más éxito. Durante el día suelen descansar en huecos o entre la vegetación y salen a alimentarse por la noche.

Reproducción

El kakapo tiene un sistema de reproducción tipo "lek": los machos defienden y anuncian un territorio de exhibición desde donde llaman a las hembras con potentes "booms" que resuenan en el bosque. Para ello excavan o arreglan pequeñas depresiones en el suelo desde las que emiten sus llamados. Las hembras son las que crían a los polluelos en solitario; la incubación y el cuidado de los pollos depende únicamente de la hembra. La frecuencia de reproducción es irregular y suele estar ligada a la disponibilidad de alimento (años de abundancia de frutos).

Amenazas

  • Introducción de depredadores: ratas, hurones, gatos y otros mamíferos traídos por humanos han sido la principal causa del declive del kakapo, ya que atacan huevos, polluelos y adultos poco adaptados a depredadores terrestres.
  • Pérdida y fragmentación del hábitat por la actividad humana.
  • Baja tasa reproductiva y cuellos de botella genéticos, que dificultan la recuperación de la especie.

Conservación

El kakapo es una de las aves más emblemáticas y vulnerables de Nueva Zelanda. Hoy se considera en peligro crítico y su supervivencia depende de intensos programas de conservación. Las medidas incluyen:

  • Traslado de individuos a islas libres de depredadores y la protección estricta de esos hábitats.
  • Monitoreo continuo con radiotransmisores y seguimiento individual de cada ave.
  • Cría asistida, incubación en cautividad cuando es necesario y manejo veterinario para reducir mortalidad.
  • Alimentación suplementaria en años con escasez de frutos para mejorar la tasa de supervivencia y reproducción.
  • Gestión genética para minimizar los efectos de consanguinidad.

Gracias a estas acciones, las poblaciones han pasado de números críticos a una recuperación lenta pero sostenida; sin embargo, la cifra total sigue siendo baja (menos de 300 individuos en libertad y programas de recuperación), y el trabajo de conservación continúa siendo vital.

Importancia cultural y científica

El kakapo tiene un valor cultural importante para los pueblos maoríes y es también un símbolo internacional de los problemas y éxitos de la conservación moderna. Su historia ilustra cómo especies evolucionadas sin mamíferos depredadores vuelven a ser extremadamente vulnerables tras la llegada de humanos y animales introducidos.

Cómo ayudar

  • Apoyando iniciativas y organizaciones dedicadas a la conservación en Nueva Zelanda.
  • Difundiendo información veraz sobre la especie y las amenazas que enfrenta.
  • Si visitas Nueva Zelanda, informarte y respetar las áreas protegidas y las normas para evitar afectar a fauna sensible.

El kakapo es un ejemplo único de adaptación y fragilidad: su cuidado requiere compromiso científico y social para asegurar que las futuras generaciones puedan conocer a este singular “loro nocturno”.