El término victoria decisiva se refiere a una victoria militar que decide un asunto o un conflicto. Una victoria decisiva tiene que producir un resultado positivo para el vencedor y crear una condición de paz entre los dos estados en guerra. En comparación, una victoria inconclusa es aquella en la que uno de los bandos ha ganado, pero las cuestiones entre ellos no se han resuelto. Un objetivo deseable para todos los ejércitos que luchan en guerras convencionales es una victoria rápida y decisiva con pocas bajas. Por ejemplo, en la Guerra de los Seis Días que comenzó el 5 de junio de 1967, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lograron una victoria decisiva sobre los ejércitos combinados de Egipto, Siria y Jordania. Esto estableció a Israel como una potencia regional en Oriente Medio con unos seis años de paz. Durante la Guerra Fría (1947-1991) la idea de una victoria decisiva (o de cualquier victoria) parecía obsoleta. En su lugar, la teoría de la guerra limitada parecía más práctica en la era de las armas nucleares, ya que no escalaría a una guerra a gran escala que resultaría en una destrucción mutua asegurada.