La batalla de Maratón tuvo lugar en septiembre de 490 a.C. en la llanura de Maratón, una amplia explanada situada a unos 40 km al noreste de Atenas. Se libró entre los atenienses y los persas, con el apoyo de una pequeña fuerza de la ciudad de Platea que se unió a los atenienses. La contienda supuso el fin del primer intento de Persia, bajo el mando del rey Darío I, de someter a Grecia y formó parte de la primera guerra greco-persa. Aunque los detalles exactos —tropas, bajas y maniobras— son discutidos por los historiadores modernos, la victoria ateniense en Maratón fue clara y decisiva.
La invasión persa fue, en gran medida, una respuesta a la participación griega en la Revuelta Jónica. Entonces, Atenas y Eretria habían enviado una fuerza para apoyar a las ciudades de Jonia, que intentaban liberarse del dominio persa; los atenienses y los eretrios lograron capturar e incendiar Sardis, pero se vieron obligados a retirarse con graves pérdidas. Enfurecido por esta incursión, Darío juró castigar a los griegos y quemar Atenas y Eretria.
La expedición persa de 490 a.C., enviada por Darío y dirigida en el terreno por los generales Datis y Artafernes, desembarcó en la bahía de Maratón. Los persas enviaron una fuerza combinada de infantería ligera, arqueros y caballería; los atenienses, comandados por figuras como Milcíades (Miltiades), desplegaron principalmente hoplitas (soldados de infantería pesada) organizados en falanges. Según Heródoto, los atenienses eran aproximadamente 9.000 hoplitas apoyados por unos 1.000 plateos, frente a una fuerza persa mayor, pero las cifras concretas siguen siendo motivo de debate entre los especialistas.
Milcíades convenció a los ciudadanos de atacar antes de que llegaran refuerzos persas o que la caballería enemiga pudiera actuar con libertad. La táctica ateniense consistió en estrechar el centro de su formación y reforzar los flancos: tras un avance rápido desde sus posiciones —una carga intencionada que redujo la eficacia del fuego de arqueros persas—, los flancos griegos derrotaron a las unidades persas y envolvieron el centro, que finalmente se retiró. La acción demostró la eficacia de la falange hoplítica en terreno apropiado y la importancia del liderazgo y la disciplina.
En cuanto a bajas, Heródoto afirma que perecieron alrededor de 6.400 persas y 192 atenienses (más 11 plateos), pero los expertos modernos consideran estas cifras aproximadas y sujetas a revisión. Tras la derrota, la flota persa se reembarcó y se retiró hacia Asia Menor, lo que retrasó temporalmente los planes de Darío; no obstante, la amenaza persa no desapareció y desembocó en una nueva invasión, a gran escala y dirigida por Jerjes, en 480 a.C.
Las consecuencias de Maratón fueron relevantes tanto militar como políticamente: la victoria aumentó la moral y la reputación de Atenas, consolidó el prestigio de sus líderes militares (como Milcíades) y contribuyó al creciente protagonismo ateniense en el mundo griego. Culturalmente, la batalla dio origen a leyendas que llegaron a la época moderna: se cuenta que un mensajero corrió desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria, episodio que inspiró la carrera moderna de maratón (aunque las versiones antiguas y los nombres del corredor varían entre fuentes).
En resumen, la batalla de Maratón (490 a.C.) fue una victoria decisiva contra la primera invasión persa, un ejemplo temprano de la eficacia de la falange hoplítica frente a las fuerzas persas en determinadas condiciones y un episodio clave en el desarrollo de la historia política y militar de la antigua Grecia.
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