La laringotraqueobronquitis, conocida comúnmente como crup, es una infección respiratoria aguda que afecta sobre todo a niños pequeños. Se caracteriza por inflamación de la laringe, la tráquea y a veces los bronquios superiores, lo que dificulta el paso normal del aire. Aunque puede presentarse de forma leve, en episodios moderados o graves el estrechamiento de las vías aéreas causa ruidos respiratorios llamativos y puede requerir atención médica.

Causas y mecanismo

El crup suele ser de origen viral; entre los agentes implicados se encuentran los parainfluenza, el virus respiratorio sincitial (VRS), la gripe y otros virus respiratorios. La infección provoca inflamación y edema de las vías aéreas superiores, especialmente en la subglotis, donde el diámetro es pequeño en los niños, por lo que una hinchazón moderada produce un efecto obstructivo importante.

Síntomas y diagnóstico

Los signos característicos aparecen con frecuencia por la noche o empeoran en horas nocturnas. El cuadro típico incluye:

  • Una tos seca y ruidosa, denominada tos "perruna", que recuerda el ladrido.
  • Estridor inspiratorio: un sonido agudo y sibilante al respirar.
  • Ronquera debida a la inflamación de las cuerdas vocales.

El diagnóstico se realiza habitualmente por la historia clínica y la exploración respiratoria. Los médicos descartan otras causas de obstrucción, como un cuerpo extraño o infecciones más graves (por ejemplo, epiglotitis). En la mayoría de los casos no son necesarios análisis de sangre, cultivos ni imágenes; en situaciones atípicas o muy graves puede considerarse una radiografía lateral de cuello, que a veces muestra el llamado "steeple sign".

Tratamiento y manejo

El tratamiento depende de la gravedad. Las medidas generales incluyen mantener la calma del niño, administrar líquidos y, si procede, humidificar el ambiente. Los fármacos más empleados son:

  • Esteroides sistémicos en dosis única o corta para reducir la inflamación de la vía aérea; el uso de esteroides por vía oral es una intervención habitual que mejora rápidamente los síntomas.
  • Epinefrina nebulizada en casos moderados o severos con estridor a reposo, para reducir temporalmente el edema y mejorar la respiración; su uso requiere observación clínica posterior por posible reaparición de los síntomas cuando pasa el efecto de la epinefrina.
  • Oxigenoterapia y vigilancia en entorno hospitalario sólo si existe insuficiencia respiratoria o riesgo de descompensación. Tradicionalmente se ha recomendado ambiente húmedo, aunque la evidencia es limitada.

En general la hospitalización es rara; la mayoría de los niños mejoran en pocas horas o días con tratamiento ambulatorio. En situaciones complejas se valoran posibles intervenciones adicionales por especialistas en pediatría o neumología.

Pronóstico, prevención y datos prácticos

El pronóstico suele ser bueno: la enfermedad es autolimitada y rara vez causa complicaciones graves cuando se maneja adecuadamente. Afecta principalmente a lactantes y niños pequeños, con mayor frecuencia entre los 6 meses y los 3 años, aunque puede presentarse hasta los 5-6 años. Para prevenir algunas causas virales es útil la higiene respiratoria y la vacunación frente a la gripe cuando esté indicada.

Diferencias y consideraciones relevantes

Es importante diferenciar el crup de otras urgencias cervicales y laríngeas: la epiglotitis bacteriana es menos frecuente desde las vacunas y suele evolucionar más rápidamente hacia una obstrucción grave; un cuerpo extraño en la vía aérea provoca inicio brusco y asimetría clínica. En la práctica clínica corriente no son imprescindibles pruebas complementarias, y sólo se solicitan radiografías u otras exploraciones si la presentación es inusual o el diagnóstico no está claro: en esos casos puede realizarse una radiografía lateral de cuello o pruebas dirigidas según la sospecha radiológica.

En resumen, la laringotraqueobronquitis es una causa común de estridor y tos en niños pequeños, con manejo principalmente clínico y medidas que van desde esteroides orales hasta epinefrina nebulizada en los episodios más severos; la detección precoz y la evaluación de la gravedad permiten un tratamiento eficaz y un buen pronóstico.