La neumonía es una enfermedad de los pulmones y del sistema respiratorio. El pulmón contiene muchos pequeños bulbos, o sacos, llamados alvéolos. Estos ayudan a extraer el oxígeno del aire. En caso de neumonía, estos bulbos se inflaman. Se llenan de un líquido y ya no pueden absorber tanto oxígeno como antes. Esto hace que la persona con neumonía tenga dificultades para respirar. Puede sentirse sin aliento o como si se ahogara. También puede sentir dolor al respirar. A veces las personas mueren de neumonía, incluso cuando van al hospital y toman medicamentos.
Qué es y cómo progresa
La neumonía es una infección del tejido pulmonar que puede afectar una parte (lobar) o varios segmentos de los pulmones. La gravedad varía desde un cuadro leve que se resuelve en casa hasta una infección grave que requiere hospitalización y soporte con oxígeno o ventilación mecánica. La progresión depende del agente causal, la edad y el estado de salud de la persona.
Causas
- Bacterias: la causa más frecuente en adultos es Streptococcus pneumoniae, pero también intervienen otros gérmenes.
- Virus: influenza, virus respiratorio sincitial (VRS), y virus como el SARS-CoV-2 pueden producir neumonía.
- Hongos: en personas con defensas muy bajas pueden aparecer neumonías por hongos.
- Aspiración: inhalar alimentos, líquidos o vómito hacia los pulmones puede provocar neumonía.
Síntomas habituales
- Tos, a veces con esputo (flema) amarilla, verde o con sangre.
- Fiebre, sudoración y escalofríos.
- Dificultad para respirar o respiración rápida.
- Dolor torácico que suele aumentar al respirar o toser.
- Fatiga, pérdida de apetito y malestar general.
- En ancianos o personas con enfermedades crónicas puede aparecer confusión o decaimiento sin fiebre marcada.
Diagnóstico
- Evaluación clínica: historia y auscultación pulmonar por el profesional de la salud.
- Radiografía de tórax o, en casos complejos, tomografía (TAC) para confirmar la infección y su extensión.
- Pruebas de laboratorio: análisis de sangre, hemocultivos y, cuando es posible, cultivo de esputo.
- Oximetría de pulso para medir la saturación de oxígeno en sangre.
- Pruebas específicas para virus (p. ej., PCR) cuando se sospecha infección viral.
Tratamiento
- Antibióticos: si la causa es bacteriana. Es importante tomar el tratamiento completo según la indicación médica.
- Antivirales: pueden usarse en neumonía por influenza o COVID-19 cuando el médico lo indica.
- Antifúngicos: en neumonías por hongos y según la evaluación especializada.
- Cuidados de soporte:
- Oxígeno suplementario si la saturación es baja.
- Hidratación, reposo y antipiréticos/analgésicos para fiebre y dolor.
- Fisioterapia respiratoria para ayudar a eliminar secreciones.
- Hospitalización: recomendada en casos de dificultad respiratoria importante, saturación de oxígeno baja, sepsis, confusión, incapacidad para hidratarse o en pacientes de alto riesgo.
Prevención
- Vacunas: la vacunación contra la gripe y contra neumococo reduce el riesgo y la gravedad de algunas neumonías. También las vacunas frente a COVID-19 disminuyen la probabilidad de enfermedad grave.
- Higiene: lavarse las manos, evitar el contacto cercano con personas enfermas y cubrirse al toser o estornudar.
- Evitar el tabaquismo: fumar daña las defensas de las vías respiratorias.
- Manejo de factores de riesgo: controlar enfermedades crónicas (diabetes, EPOC, insuficiencia cardíaca) y mantener una buena nutrición.
Quiénes corren más riesgo
- Niños menores de 2 años y adultos mayores de 65 años.
- Personas con enfermedades crónicas (respiratorias, cardíacas, diabetes, enfermedad renal).
- Personas inmunodeprimidas (tratamientos inmunosupresores, VIH, cáncer).
- Personas que fuman o que tienen problemas para tragar.
Complicaciones posibles
- Derrame pleural (líquido alrededor del pulmón) o empiema (acumulación de pus en el espacio pleural).
- Absceso pulmonar.
- Insuficiencia respiratoria y sepsis (infección generalizada).
- Empeoramiento de enfermedades crónicas existentes.
Cuándo buscar atención médica urgente
- Respiración muy rápida o dificultad para respirar pronunciada.
- Saturación de oxígeno baja (si dispone de un oxímetro) o labios/manos azuladas.
- Confusión, somnolencia intensa o dificultad para despertarse.
- Dolor torácico intenso o vómitos persistentes.
- Fiebre muy alta que no cede con antipiréticos o empeoramiento rápido.
La neumonía es una enfermedad tratable, pero puede ser grave. Si sospecha que usted o alguien a su cargo tiene neumonía, consulte a un profesional de la salud para recibir evaluación y tratamiento adecuados. Siga las indicaciones médicas y complete los cursos de antibióticos o antivirales cuando se prescriban.
