La respiración consiste en hacer entrar y salir el aire de los pulmones. El aire que entra y sale se llama respiración. Si una persona no puede respirar, morirá.

La respiración ayuda a las personas a hacer dos cosas muy importantes:

  1. Introducir el oxígeno en el cuerpo. Todas las partes del cuerpo necesitan oxígeno para sobrevivir. La única forma que tiene el ser humano de obtener oxígeno es respirándolo.
  2. Sacar el dióxido de carbono (CO2 ) del cuerpo. Cuando el cuerpo produce energía, le sobra dióxido de carbono. El cuerpo necesita deshacerse del dióxido de carbono sobrante, porque su exceso es venenoso. La única forma que tiene el ser humano de deshacerse del dióxido de carbono es exhalándolo.

Cuando una persona inspira, lleva aire a sus pulmones. El aire contiene oxígeno. El oxígeno pasa de los pulmones al torrente sanguíneo de la persona. Cuando el oxígeno entra en el torrente sanguíneo, el dióxido de carbono extra sale y entra en los pulmones. Esto se llama intercambio de gases: básicamente, el oxígeno y el dióxido de carbono cambian de lugar. El oxígeno está ahora en el torrente sanguíneo, que puede transportar ese oxígeno a todas las partes del cuerpo. Además, el dióxido de carbono está ahora en los pulmones, donde puede ser exhalado.

Los adultos respiran unas 18 veces por minuto, es decir, más de 25.000 veces al día. Los niños respiran aún más rápido.

¿Qué ocurre durante la respiración?

La respiración se puede dividir en dos partes principales:

  • Ventilación (movimiento del aire): la inspiración y la espiración. Al inspirar, el diafragma y los músculos intercostales se contraen; esto aumenta el volumen de la cavidad torácica y reduce la presión dentro de los pulmones, permitiendo que el aire entre. Al espirar, los músculos se relajan y el aire sale; la espiración puede ser pasiva (al reposo) o activa/forzada (al hacer ejercicio o toser).
  • Intercambio de gases: sucede en los alvéolos pulmonares, pequeñas bolsas con paredes muy delgadas rodeadas de capilares. El oxígeno pasa desde el aire alveolar a la sangre y el dióxido de carbono viaja en sentido opuesto por diferencias en la presión parcial de los gases.

Cómo se transportan los gases en la sangre

La mayor parte del oxígeno se transporta unido a la hemoglobina de los glóbulos rojos; una pequeña fracción viaja disuelta. El dióxido de carbono se transporta de tres formas: disuelto en sangre, unido a proteínas (incluida la hemoglobina) y, principalmente, en forma de ion bicarbonato (HCO3-) tras reaccionar con el agua en las células sanguíneas. Estos mecanismos permiten llevar O2 a los tejidos y retirar el CO2 producido por las células.

Respiración celular

En las mitocondrias de las células ocurre la respiración celular: el oxígeno se usa para quemar (metabolizar) nutrientes y producir energía en forma de ATP. Ese proceso genera dióxido de carbono como producto de desecho, que debe eliminarse mediante el intercambio de gases y la ventilación.

Control de la respiración

La frecuencia y la profundidad de la respiración están reguladas por el sistema nervioso central (principalmente el tronco encefálico: bulbo raquídeo y protuberancia) y por quimiorreceptores periféricos (en las arterias carótidas y aórticas). Estos sensores responden a cambios en la concentración de CO2, el pH y, en menor medida, el O2. Un aumento del CO2 o una disminución del pH estimulan la respiración para eliminar el exceso de CO2.

Frecuencia respiratoria y factores que la modifican

El valor mencionado al inicio (unos 18 ciclos por minuto) es un promedio; en reposo, una frecuencia normal en adultos suele estar entre 12 y 20 respiraciones por minuto. Los niños y los bebés tienen ritmos más rápidos. La frecuencia y la profundidad respiratoria aumentan en situaciones como ejercicio, fiebre, ansiedad, anemia o en lugares con baja presión de oxígeno (altitud).

Signos de alarma

Debe consultarse a un profesional de salud de inmediato si aparecen:

  • Dificultad marcada para respirar o sensación de ahogo.
  • Respiración muy rápida (>30 por minuto en adultos) o muy lenta.
  • Coloración azulada en labios, uñas o piel (cianosis).
  • Dolor torácico intenso, pérdida de conciencia, confusión o somnolencia excesiva.
  • Tos persistente con sangre, fiebre alta y dificultad respiratoria.

Consejos para mantener una buena función respiratoria

  • Evitar fumar y la exposición al humo de tabaco.
  • Realizar actividad física de forma regular para mejorar la capacidad pulmonar.
  • Vacunarse contra la gripe y la neumonía cuando esté indicado, y tratar oportunamente las infecciones respiratorias.
  • Minimizar la exposición a contaminantes y alérgenos (polvo, humo, productos químicos).
  • Practicar ejercicios de respiración y técnicas de relajación si hay hiperventilación por ansiedad.

Si tienes dudas sobre tu respiración o notas signos de alarma, consulta con un profesional de la salud para una evaluación y tratamiento adecuados.