La hipertensión o presión arterial alta es una enfermedad crónica en la que la presión arterial en las arterias es más alta de lo que debería. Esto obliga al corazón a trabajar más de lo normal para hacer circular la sangre por los vasos sanguíneos.

 

¿Qué significa tener hipertensión?

La presión arterial se expresa con dos números (por ejemplo, 120/80 mmHg): el primero es la presión sistólica (cuando el corazón se contrae) y el segundo la presión diastólica (cuando el corazón se relaja). Valores elevados de forma sostenida dañan lentamente arterias y órganos (corazón, cerebro, riñones, ojos).

Cómo se clasifica la presión arterial

  • Normal: alrededor de <120/80 mmHg.
  • Elevada: sistólica 120–129 y diastólica <80 mmHg.
  • Hipertensión estadio 1: sistólica 130–139 o diastólica 80–89 mmHg.
  • Hipertensión estadio 2: sistólica ≥140 o diastólica ≥90 mmHg.

Estos puntos de corte pueden variar según guías clínicas y la situación individual; el diagnóstico suele requerir varias mediciones en días distintos o monitorización ambulatoria de 24 horas.

Causas y factores de riesgo

La hipertensión puede ser:

  • Esencial (primaria): la forma más frecuente, sin una causa única identificable; suele desarrollarse gradualmente con la edad.
  • Secundaria: causada por otra enfermedad o por medicamentos. Entre las causas secundarias más comunes están:
  • Enfermedad renal crónica o estenosis de la arteria renal.
  • Alteraciones hormonales (p. ej., hiperaldosteronismo primario, feocromocitoma, hipertiroidismo, síndrome de Cushing).
  • Problemas congénitos como la coartación de la aorta.
  • Medicamentos: antiinflamatorios no esteroideos (AINE), anticonceptivos orales, corticoides, descongestionantes, algunos antidepresivos y drogas recreativas.

Factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar hipertensión:

  • Edad avanzada y antecedentes familiares.
  • Exceso de peso u obesidad.
  • Consumo elevado de sal y alimentos procesados.
  • Inactividad física.
  • Consumo excesivo de alcohol y tabaquismo.
  • Estrés crónico y apnea del sueño.
  • Diabetes y colesterol alto.

Síntomas

La hipertensión suele ser asintomática, por eso se le llama "asesino silencioso". Cuando aparecen síntomas pueden incluir:

  • Cefalea intensa, especialmente en la parte posterior de la cabeza.
  • Mareos, visión borrosa o zumbidos de oídos.
  • Palpitaciones o sensación de latidos fuertes.
  • En casos graves: dolor en el pecho, dificultad para respirar, confusión o pérdida de conciencia.

Complicaciones

  • Infarto de miocardio y enfermedad coronaria.
  • Accidente cerebrovascular (ictus).
  • Insuficiencia cardíaca.
  • Enfermedad renal crónica y fallo renal.
  • Retinopatía hipertensiva (daño en la retina) y pérdida de visión.
  • Formación de aneurismas.

Diagnóstico

  • Medición repetida de la presión arterial en consulta con un tensiómetro validado.
  • Automedición domiciliaria (importante para confirmar y controlar tratamiento).
  • Monitorización ambulatoria de 24 horas para detectar variaciones y evaluar la respuesta nocturna.
  • Pruebas complementarias: análisis de sangre y orina, electrocardiograma, ecocardiograma o pruebas renales si se sospecha causa secundaria o daño en órganos.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es reducir la presión arterial para disminuir el riesgo de complicaciones. Incluye medidas no farmacológicas y, si es necesario, medicamentos.

Medidas de estilo de vida (primera línea)

  • Reducir la sal: limitar el consumo de sal a ≤5–6 g al día (aprox. 2 g de sodio). Evitar alimentos procesados y salsas saladas.
  • Dieta saludable: patrón DASH (frutas, verduras, cereales integrales, lácteos bajos en grasa, menos grasas saturadas). Aumentar potasio natural (plátanos, espinacas, legumbres) si no hay contraindicación.
  • Actividad física: al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado (p. ej., caminar rápido) o 75 minutos de actividad vigorosa.
  • Pérdida de peso: bajar algunos kilos reduce notablemente la presión arterial.
  • Limitar alcohol: moderar el consumo (por ejemplo, ≤1 bebida/día en mujeres y ≤2 en hombres, según recomendaciones locales).
  • No fumar y reducir el estrés con técnicas de relajación y sueño adecuado.

Medicamentos

Si las medidas de estilo de vida no son suficientes, el médico puede prescribir medicamentos. Las familias más comunes son:

  • Diuréticos tiazídicos.
  • Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA).
  • Antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA-II).
  • Bloqueadores de los canales de calcio.
  • Betabloqueantes (en situaciones específicas).

La elección depende de la edad, condiciones asociadas (diabetes, enfermedad renal, embarazo), efectos secundarios y costo. Es crucial tomar los medicamentos según lo indicado y comunicar al médico cualquier efecto adverso.

Hipertensión grave: urgencia y emergencia hipertensiva

  • Urgencia hipertensiva: presión arterial muy elevada sin daño agudo a órganos; requiere control rápido pero no ingreso inmediato en todos los casos.
  • Emergencia hipertensiva: presión arterial muy elevada con daño a órganos (p. ej., encefalopatía hipertensiva, infarto, ictus, insuficiencia renal aguda). Es una situación médica que requiere atención hospitalaria inmediata.

Especial atención: embarazo

La hipertensión en el embarazo puede ser preexistente o desarrollarse durante la gestación (preeclampsia). Algunos antihipertensivos (IECA y ARA-II) están contraindicados en embarazo; las embarazadas con presión alta necesitan seguimiento estrecho por el equipo sanitario.

Prevención y recomendaciones prácticas

  • Revisar la presión arterial regularmente, especialmente si hay factores de riesgo o antecedentes familiares.
  • Adoptar una dieta saludable y reducir el consumo de sal y alcohol.
  • Mantener actividad física regular y controlar el peso.
  • Evitar el tabaco y dormir bien; tratar la apnea del sueño si existe.
  • Seguir las indicaciones médicas y realizar controles periódicos para ajustar tratamiento.

Cuándo consultar al médico

  • Si las mediciones de presión son consistentemente altas.
  • Si aparecen síntomas como dolor torácico, dificultad para respirar, confusión, pérdida de visión o debilidad súbita.
  • Si hay efectos secundarios importantes del tratamiento.
  • Durante el embarazo o si se planea quedar embarazada y se toma medicación para la presión.

La hipertensión es tratable y, en muchos casos, prevenible. Un diagnóstico precoz, cambios en el estilo de vida y el tratamiento adecuado reducen el riesgo de complicaciones graves y mejoran la calidad de vida.