La sístole es la fase del ciclo cardíaco en la que el miocardio se contrae para impulsar la sangre fuera del corazón. Se contrasta con la diástole, periodo de relajación y llenado. Para una introducción general al órgano implicado, véase corazón, y para la fase opuesta, consulte diástole.

La sístole no es un instante único, sino un conjunto ordenado de eventos eléctricos y mecánicos. Primero actúan las aurículas para terminar el llenado ventricular (sístole auricular), y luego los ventrículos se contraen (sístole ventricular). El llenado previo facilita que la contracción ventricular expulse la sangre hacia la circulación pulmonar y sistémica; en relación con el llenado puede consultarse llenado de sangre.

Fases mecánicas

  • Contracción isovolumétrica: los ventrículos aumentan presión con las válvulas auriculoventriculares cerradas, sin salida de volumen.
  • Fase de eyección: cuando la presión ventricular supera a la arterial, se abren las válvulas semilunares y la sangre sale hacia la aorta y el tronco pulmonar.
  • Fin de la sístole: al disminuir la presión ventricular, cierran las válvulas semilunares y comienza la diástole.

Las válvulas y cámaras principales implicadas son las aurículas y los ventrículos, junto con las válvulas mitral, tricúspide, aórtica y pulmonar. El cierre de las válvulas produce los ruidos cardiacos característicos: el primer sonido (S1) aparece al inicio de la sístole ventricular por el cierre mitral/tricúspide; el segundo sonido (S2) marca el cierre de las semilunares al terminarla.

En el plano eléctrico, la sístole ventricular se asocia con la despolarización rápida del miocardio, identificable en un electrocardiograma por el complejo QRS; esta actividad eléctrica precede y coordina la contracción muscular.

Importancia clínica

  • La presión sistólica es el valor máximo de la presión arterial y refleja la fuerza de expulsión ventricular.
  • Alteraciones de la sístole —como la insuficiencia sistólica o las valvulopatías— afectan el gasto cardíaco y pueden manifestarse como fatiga, disnea o soplos.
  • Pruebas como el ECG, ecocardiografía o mediciones de la presión arterial permiten evaluar la eficacia de la sístole.

Históricamente, el estudio de la circulación y de la contracción cardiaca avanzó desde las descripciones de la circulación por William Harvey hasta el desarrollo del electrocardiograma por Einthoven, que permitió relacionar eventos eléctricos y mecánicos. Entender la sístole es esencial para diagnosticar y tratar muchas enfermedades cardiovasculares, así como para interpretar parámetros hemodinámicos y la respuesta a terapias.