La ecuación de Schrödinger es una ecuación diferencial (un tipo de ecuación que implica una función desconocida en lugar de un número desconocido) que constituye la base de la mecánica cuántica, una de las teorías más precisas sobre el comportamiento de las partículas subatómicas. Es una ecuación matemática que se le ocurrió a Erwin Schrödinger en 1925. Define una función de onda de una partícula o sistema (grupo de partículas) que tiene un valor determinado en cada punto del espacio para cada tiempo determinado. Estos valores no tienen ningún significado físico (de hecho, son matemáticamente complejos), pero la función de onda contiene toda la información que puede conocerse sobre una partícula o sistema. Esta información puede encontrarse manipulando matemáticamente la función de onda para obtener valores reales relacionados con propiedades físicas como la posición, el momento, la energía, etc. La función de onda puede considerarse como una imagen de cómo actúa esta partícula o sistema con el tiempo y la describe de la forma más completa posible.

La función de onda puede estar en varios estados diferentes a la vez, por lo que una partícula puede tener muchas posiciones, energías, velocidades u otras propiedades físicas diferentes al mismo tiempo (es decir, "estar en dos sitios a la vez"). Sin embargo, cuando se mide una de estas propiedades sólo tiene un valor específico (que no puede predecirse definitivamente), y la función de onda se encuentra, por tanto, en un único estado específico. Esto se denomina colapso de la función de onda y parece estar causado por el acto de observación o medición. La causa exacta y la interpretación del colapso de la función de onda siguen siendo objeto de un amplio debate en la comunidad científica.

Para una partícula que sólo se mueve en una dirección en el espacio, la ecuación de Schrödinger se parece:

- ℏ 2 2 m ∂ 2 ∂ x 2 Ψ ( x , t ) + V ( x ) Ψ ( x , t ) = i ℏ ∂ ∂ t Ψ ( x , t ) {\displaystyle -{\frac {\hbar ^{2}}{2m}{\frac {\parcial ^{2}}{parcial x^{2}}\Psi (x,\t)+V(x)\Psi (x,t)=i\hbar {\frac {\parcial }{parcial t}}\Psi (x,\t)} {\displaystyle -{\frac {\hbar ^{2}}{2m}}{\frac {\partial ^{2}}{\partial x^{2}}}\Psi (x,\,t)+V(x)\Psi (x,t)=i\hbar {\frac {\partial }{\partial t}}\Psi (x,\,t)}

donde i {\displaystyle i}{\displaystyle i} es la raíz cuadrada de -1, ℏ {\displaystyle \hbar }{\displaystyle \hbar } es la constante de Planck reducida, t {\displaystyle t}{\displaystyle t} es el tiempo, x {\displaystyle x}x es una posición, Ψ ( x , t ) {\displaystyle \Psi (x,\,t)}{\displaystyle \Psi (x,\,t)} es la función de onda, y V ( x ) {\displaystyle V(x)}{\displaystyle V(x)} es la energía potencial, una función aún no elegida de la posición. El lado izquierdo es equivalente al operador de energía hamiltoniano que actúa sobre Ψ {\displaystyle \Psi } {\displaystyle \Psi }.

Interpretación probabilística (Regla de Born)

La interpretación estándar de la función de onda fue propuesta por Max Born: el módulo al cuadrado de la función de onda, |Ψ(x,t)|², da la densidad de probabilidad de encontrar la partícula en la posición x en el tiempo t. Por eso la función de onda debe estar normalizada, es decir:

∫ |Ψ(x,t)|² dx = 1 (integral sobre todo el espacio).

De forma más general, la probabilidad de que una magnitud física (observable) tome ciertos valores se obtiene a partir de la función de onda y de los autovalores y autofunciones del operador asociado a esa magnitud.

Ecuación independiente del tiempo y estados estacionarios

Si la energía potencial V(x) no depende del tiempo, se busca soluciones que separen variables Ψ(x,t) = ψ(x)·T(t). Esto conduce a la ecuación independiente del tiempo (estacionaria):

- (ℏ² / 2m) d²ψ(x)/dx² + V(x)ψ(x) = E ψ(x)

Las soluciones ψ(x) que satisfacen esta ecuación con condiciones de contorno apropiadas son los estados estacionarios o autofunciones del Hamiltoniano, con E siendo los autovalores (niveles de energía). En muchos sistemas cuánticos estos valores de energía son discretos (cuantización), como ocurre en la partícula en una caja o en el átomo de hidrógeno.

Operadores, esperanzas y mediciones

En mecánica cuántica, las magnitudes físicas se representan por operadores (por ejemplo, el operador momento es -iℏ ∂/∂x). El valor esperado (media) de un observable A en el estado Ψ se calcula como:

<A> = ∫ Ψ*(x,t) Ĥ_A Ψ(x,t) dx

Si Ψ es una autofunción del operador Ĥ_A con autovalor a, entonces la medición del observable dará el valor a con probabilidad 1. Si Ψ es una superposición de autofunciones, la medición produce uno de los posibles autovalores con probabilidad determinada por los coeficientes de dicha superposición.

Propiedades importantes

  • Linealidad y superposición: La ecuación de Schrödinger es lineal, por lo que combinaciones lineales de soluciones son también soluciones.
  • Conservación de la probabilidad: La evolución según Schrödinger conserva la normalización; existe una ecuación de continuidad que define la corriente de probabilidad.
  • Condiciones de contorno: Las soluciones deben ser finitas, continuas y cuadrado-integrables en todo el dominio físico.
  • Localización y dispersión: Los paquetes de ondas que representan partículas libres tienden a dispersarse con el tiempo, reflejando la incertidumbre en posición y momento.

Ejemplos comunes

  • Partícula en una caja (pozo infinito): conduce a niveles de energía discretos y funciones de onda sinusoidales; es un ejemplo básico de cuantización.
  • Oscilador armónico cuántico: modelo clave en física con soluciones guiadas por polinomios de Hermite; aparece en vibraciones moleculares y en campos cuánticos.
  • Átomo de hidrógeno: resolución en coordenadas esféricas produce niveles de energía que explican las líneas espectrales del hidrógeno.

Aplicaciones y técnicas

La ecuación de Schrödinger es fundamental en:

  • Química cuántica (estructura y reactividad molecular).
  • Física del estado sólido (bandas electrónicas, semiconductores).
  • Diseño de dispositivos cuánticos (láseres, transistores, qubits).
  • Métodos numéricos: muchas veces no hay solución analítica y se usan aproximaciones (variacional, perturbación) o cálculos numéricos.

Interpretaciones y el problema de medición

La interpretación de Copenhague (clásica) toma la regla de Born y el colapso como elementos fundamentales: antes de medir, el sistema está en superposición; la medición da un resultado aleatorio y proyecta el sistema en un autestado. Existen otras interpretaciones (por ejemplo, muchos mundos, variables ocultas, etc.) que tratan de explicar o evitar el colapso; el debate filosófico y físico sobre la naturaleza exacta de la medición continúa abierto.

Límite clásico y correspondencia

En situaciones macroscópicas o cuando ℏ puede considerarse pequeño frente a las acciones típicas del sistema, los resultados cuánticos tienden a reproducir los de la mecánica clásica (principio de correspondencia). Fenómenos como interferencia y túnel cuántico no tienen análogos clásicos directos.

Resumen

La ecuación de Schrödinger proporciona el marco para describir la dinámica y los estados de los sistemas cuánticos mediante la función de onda. A partir de ella se extraen probabilidades, energías y otras predicciones experimentales que han sido verificadas con gran exactitud. Aunque sus aspectos matemáticos y su interpretación conceptual pueden ser desafiantes, su poder explicativo y su alcance práctico la convierten en la piedra angular de la física y la química modernas.