Una micorriza (raíces de hongos en griego) es una asociación simbiótica entre un hongo y las raíces de una planta.

En una micorriza, el hongo vive dentro de las raíces de la planta y en la tierra. Las hifas fúngicas son más eficaces que las raíces de las plantas en la absorción de nutrientes.

Las micorrizas son importantes para el crecimiento de las plantas en muchos ecosistemas. Al menos el 80% de las especies de plantas terrestres (y más del 90% de las familias) tienen micorrizas. Dependen de ellas para sobrevivir. Son los simbiontes más comunes en el reino vegetal: afectan a unas 6.000 especies de hongos y a 240.000 especies de plantas.

Las micorrizas se dividen en dos tipos principales: ectomicorrizas y endomicorrizas. Las hifas de los hongos ectomicorrícicos no penetran en las células individuales de la raíz, mientras que las hifas de los hongos endomicorrícicos penetran en la pared celular e invaginan la membrana celular.

La simbiosis de las micorrizas es muy antigua, ya que data de al menos 400 millones de años.

Funciones principales

  • Mejora de la absorción de nutrientes: las hifas exploran un volumen de suelo mucho mayor que las raíces y facilitan la captación de fósforo, nitrógeno, zinc y otros micronutrientes poco móviles.
  • Mayor acceso al agua: las redes de hifas contribuyen a la absorción de agua y aumentan la resistencia de las plantas a la sequía.
  • Protección frente a patógenos: la presencia de micorrizas puede reducir la infección por hongos patógenos de la raíz mediante competencia, producción de compuestos antifúngicos y fortalecimiento de la barrera física.
  • Mejora de la estructura del suelo: las hifas ayudan a agregar partículas del suelo, lo que mejora la porosidad, la aireación y la retención de agua.
  • Intercambio de nutrientes por carbono: la planta suministra azúcares (carbono) al hongo a cambio de nutrientes y agua; este intercambio es regulado y depende de las condiciones ambientales.
  • Comunicación entre plantas: mediante las redes micorrícicas las plantas pueden intercambiar señales químicas e incluso nutrientes, favoreciendo la transferencia entre individuos (a veces llamado “wood wide web”).

Tipos y características

Ectomicorrizas (ECM): las hifas forman una manta (piel) alrededor de la raíz y penetran el tejido radicular sólo hasta el espacio intercelular, formando el llamado red de Hartig. Son comunes en árboles leñosos como coníferas y muchas especies de frondosas (por ejemplo, familias Pinaceae, Fagaceae y Betulaceae). Los hongos ectomicorrícicos pertenecen mayoritariamente a grupos como basidiomicetos y ascomicetos.

Endomicorrizas (o intraradicales): las hifas penetran las células de la raíz y forman estructuras especializadas que facilitan el intercambio. Entre las endomicorrizas destacan:

  • Micorrizas arbusculares (MA): causadas por hongos del filo Glomeromycota. Forman arbusculos (estructuras ramificadas dentro de la célula) y, a menudo, vesículas para almacenamiento. Son las más extendidas y colonizan la mayoría de las plantas herbáceas, muchos cultivos (trigo, maíz, arroz) y leguminosas.
  • Micorrizas ericoides: típicas de plantas de la familia Ericaceae (brezos, arándanos) y adaptadas a suelos ácidos y pobres en nutrientes; los hongos son frecuentemente ascomicetos.
  • Micorrizas orquidáceas: fundamentales para la germinación de las orquídeas; los hongos suministran nutrientes a las plántulas que carecen de reservas propias.

Estructura y mecanismos de intercambio

En las ectomicorrizas la manta fúngica y la red de Hartig facilitan la transferencia desde el suelo hasta las células radiculares sin penetrarlas. En las arbusculares, los arbusculos presentan una gran superficie de contacto con la membrana plasmática de la célula hospedadora, optimizando el intercambio de fósforo y otros iones por carbono.

Importancia ecológica y evolución

Las micorrizas son clave en ciclos biogeoquímicos: movilizan y redistribuyen nutrientes, influyen en la productividad primaria y en la estabilidad de los ecosistemas. Existen evidencias fósiles que sitúan la asociación micorrícica en los primeros vegetales terrestres hace al menos 400 millones de años, lo que sugiere que las micorrizas jugaron un papel esencial en la colonización de tierra firme por las plantas.

Aplicaciones prácticas

  • Agricultura sostenible: uso de inoculantes micorrícicos (sobre todo arbusculares) para mejorar el rendimiento y reducir la dependencia de fertilizantes fosfatados.
  • Restauración y reforestación: inocular plantas jóvenes con hongos micorrícicos puede aumentar la supervivencia y el crecimiento en suelos degradados.
  • Manejo forestal: comprender las relaciones ectomicorrízicas ayuda a seleccionar especies y prácticas que mantengan la salud del bosque.

Limitaciones y consideraciones

La eficacia de las micorrizas depende de factores como tipo de hongo y planta, disponibilidad de fósforo en el suelo, pH, temperatura y prácticas agrícolas (p. ej. laboreo intensivo o uso de fungicidas puede reducir la colonización). No siempre la inoculación comercial produce efectos positivos si ya existe una comunidad micorrícica adaptada en el suelo.

Cómo se estudian

Las micorrizas se analizan mediante técnicas microscópicas (tinción de raíces para observar hifas, arbusculos y vesículas), ensayos isotópicos para seguir flujos de nutrientes y carbono, y métodos moleculares (PCR, secuenciación) para identificar hongos presentes en raíces y suelo.

En resumen, las micorrizas son asociaciones simbióticas muy extendidas y variadas que benefician tanto a plantas como a hongos, con implicaciones profundas para la productividad, la salud del suelo y la gestión ecológica y agrícola.