John Locke (pronunciado /ˈlɒk/; 29 de agosto de 1632 - 28 de octubre de 1704), conocido como el Padre del Liberalismo, fue un filósofo y médico inglés. Sus escritos sobre la teoría del contrato social influyeron en Voltaire y Rousseau, en muchos pensadores escoceses de la Ilustración y en los revolucionarios estadounidenses. Sus ideas se mencionan en la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

Las teorías de Locke solían versar sobre la identidad y el yo. Locke pensaba que nacemos sin pensamientos y que, en cambio, el conocimiento está determinado únicamente por la experiencia.

Biografía y contexto

Nació en Wrington (Somerset) en el seno de una familia modestamente acomodada; su padre fue un abogado partidario del Parlamento. Estudió en la Westminster School y en el Christ Church de la Universidad de Oxford, donde recibió formación clásica y científica. Su interés por la medicina y la filosofía le llevó a practicar métodos empíricos y a cultivar relaciones con figuras políticas e intelectuales influyentes.

Trabajó como médico y asesor cercano de Anthony Ashley Cooper, conde de Shaftesbury, lo que le acercó al ámbito político. Debido a su implicación con círculos políticos críticos con la monarquía de Carlos II, pasó un tiempo en el exilio en los Países Bajos y regresó a Inglaterra tras la Revolución Gloriosa (1688). Pasó los últimos años escribiendo y atendiendo a asuntos intelectuales hasta su muerte en 1704.

Obras principales

  • Two Treatises of Government (Dos tratados sobre el gobierno civil, publicados a finales del siglo XVII): desarrolla la teoría del contrato social, los derechos naturales y la legitimidad basada en el consentimiento de los gobernados.
  • An Essay Concerning Human Understanding (Ensayo sobre el entendimiento humano, 1690): exposición sistemática de su teoría del conocimiento, introduciendo la idea de la tabula rasa y diferenciando las ideas derivadas de la sensación y de la reflexión.
  • A Letter Concerning Toleration (Carta sobre la tolerancia, 1689): defensa de la tolerancia religiosa —con límites en algunos casos— como fundamento de la paz civil.
  • Some Thoughts Concerning Education (Algunas reflexiones sobre la educación, 1693): recomendaciones prácticas sobre la educación moral e intelectual de los jóvenes.

Ideas clave

Empirismo y tabula rasa. Locke rechazó la existencia de ideas innatas. Sostuvo que la mente al nacer es una tabula rasa (tabla rasa) y que todo conocimiento procede de la experiencia, dividida en sensación (información externa) y reflexión (operaciones internas de la mente).

Identidad personal. Propuso que la identidad de una persona se basa en la continuidad de la conciencia y la memoria, más que en la substancia corporal o en un alma inmutable.

Teoría política. En política defendió los derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad. Para Locke, el poder legítimo emana del consentimiento de los gobernados; el gobierno es un fiduciario al que se le confía la protección de esos derechos y, si traiciona esa confianza, los ciudadanos conservan el derecho a la resistencia y a la revolución. Estas ideas sentaron bases importantes del liberalismo político moderno.

Tolerancia y religión. Locke abogó por la separación entre Iglesia y Estado en la medida en que los asuntos de fe no deben resolverse por la fuerza civil; sin embargo, sus límites a la tolerancia (por ejemplo, respecto a los ateos o a los católicos en ciertos contextos) han sido objeto de debate.

Educación y método. La experiencia empírica y la observación guiaron su método: la filosofía y la ciencia deben basarse en la observación, la evidencia y la crítica. En educación, recomendó el cultivo del carácter, la disciplina y el aprendizaje práctico.

Legado y críticas

Locke influyó decisivamente en la Ilustración europea, en filósofos y estadistas como Montesquieu o Jefferson, y en la formación de las democracias liberales modernas. Sus ideas sobre derechos individuales y límites del poder estatal aparecen en constituciones y declaraciones políticas posteriores.

Sus críticos, tanto contemporáneos como posteriores, señalaron problemas en su empirismo extremo (por ejemplo, Leibniz y otros racionalistas cuestionaron la negación de las ideas innatas) y en algunas tensiones internas de su teoría política. Aun así, su combinación de teoría política, epistemología y propuestas prácticas sobre tolerancia y educación ha asegurado su presencia central en la historia del pensamiento occidental.