La Casa de Tudor fue la dinastía que ocupó el trono de Inglaterra entre 1485 y 1603. Su época marcó el paso de la Inglaterra medieval a una monarquía más fuerte y centralizada, en un contexto de conflictos dinásticos, transformaciones religiosas y gran actividad cultural.
Su ascenso comenzó cuando Enrique Tudor derrotó a Ricardo III en la batalla de Bosworth Field, uno de los episodios decisivos de las Guerras de las Rosas. Tras esa victoria, fue proclamado Enrique VII. Su matrimonio con Isabel de York ayudó a simbolizar la reconciliación entre las dos ramas rivales de la nobleza inglesa.
La legitimidad Tudor se apoyó tanto en la victoria militar como en alianzas matrimoniales cuidadosamente calculadas. El heredero primogénito fue Arturo, príncipe de Gales, que contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, hija de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla. Arturo murió en 1502 y nunca reinó, y ese hecho cambió el curso de la sucesión y de la política dinástica inglesa.
Después de Enrique VII gobernaron Enrique VIII, Eduardo VI, María I e Isabel I. Bajo ellos se reforzó la autoridad real, se reorganizó el vínculo entre la Corona y la Iglesia y se profundizó la Reforma inglesa. También crecieron el comercio, la expansión marítima y la proyección internacional del reino.
La etapa Tudor es recordada, además, por su influencia cultural. La corte patrocinó arquitectura, música y literatura, y el reinado de Isabel I suele asociarse con una de las grandes edades de la literatura inglesa. Aunque hubo tensiones religiosas, conspiraciones y represión, la monarquía logró consolidarse como centro de la vida política del país.
Rasgos principales
- Consolidación política: fortalecimiento de la Corona tras décadas de guerra civil.
- Cambio religioso: ruptura con Roma y formación de la Iglesia de Inglaterra.
- Expansión marítima: mayor interés por el comercio, la navegación y las exploraciones.
- Legado cultural: florecimiento artístico y literario, especialmente en la era isabelina.