Catalina de Aragón (a menudo escrita como "Catalina") (16 de diciembre de 1485 - 7 de enero de 1536) fue la hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Catalina fue la esposa de Arturo, Príncipe de Gales, y posteriormente se casó con su hermano, Enrique VIII.
Nacida en Alcalá de Henares y educada según las estrictas normas de la corte de los Reyes Católicos, Catalina representó desde muy joven una alianza diplomática entre España e Inglaterra. Su matrimonio con Arturo, Príncipe de Gales, celebrado en noviembre de 1501, tenía un fuerte componente político: reforzar la alianza entre la corona inglesa y la corona española. Tras la temprana muerte de Arturo en abril de 1502, Catalina permaneció en la corte inglesa y, tras años de negociaciones y una dispensa papal que permitiera el matrimonio entre cuñados, contrajo matrimonio con Enrique VIII en junio de 1509, poco después de la ascensión de éste al trono.
Como reina consorte, Catalina desempeñó un papel activo en la vida política y social del reino. Fue llamada a ejercer la regencia en 1513 durante la campaña de Enrique en Francia; en ese periodo gestionó el gobierno y apoyó la movilización contra la invasión escocesa, actuación que reforzó su prestigio. Durante los años siguientes sufrió numerosos embarazos y pérdidas: sólo una hija, la futura María I (nacida el 18 de febrero de 1516), sobrevivió hasta la edad adulta. La incapacidad para proporcionar un heredero varón y la ambición dinástica del rey contribuyeron con el tiempo a la crisis matrimonial que marcó el final de su vida.
A partir de 1527 Enrique comenzó a buscar la anulación del matrimonio alegando, entre otros argumentos, que su unión con la viuda de su hermano sería contraria a las Escrituras a menos que la dispensa papal fuera inválida. Catalina se negó a aceptar la nulidad y defendió públicamente la validez de su matrimonio y su título de reina, basando su postura en la dispensa papal original y en su dignidad como esposa legítima del rey. La disputa —conocida en Inglaterra como "the King's Great Matter"— implicó a figuras como el cardenal Thomas Wolsey, el arzobispo Thomas Cranmer y, más tarde, al secretario Thomas Cromwell.
La negativa de Catalina y las maniobras de Enrique terminaron por provocar la ruptura entre la corona inglesa y la jurisdicción papal. En 1533 Thomas Cranmer declaró el matrimonio nulo y Enrique se casó con Ana Bolena; en 1534 el Parlamento aprobó el Acta de Supremacía, que reconocía al rey como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. Catalina, aislada de la corte, fue desplazada de palacio y apartada de su hija. Vivió sus últimos años en relativa reclusión en residencias como Kimbolton, donde mantuvo hasta el final una conducta serena y una firme defensa de su estatus.
Murió el 7 de enero de 1536. Según testigos contemporáneos, mantuvo hasta sus últimos momentos la convicción de que era la legítima reina de Inglaterra; según se cuenta, sus últimas palabras incluyeron la reivindicación de su título. Fue enterrada en la catedral de Peterborough con una inscripción que la reconoce como reina.
Legado: Catalina de Aragón ha pasado a la historia como figura clave en el proceso que desembocó en la Reforma inglesa. Es recordada por su conducta digna y su firme defensa de principios religiosos y legales frente a la presión política. Su hija, María I, restauró en parte la memoria de su madre durante su breve reinado y reivindicó su legitimidad. En la historiografía y la cultura popular Catalina suele representarse como símbolo de constancia y rectitud en una época de profundas convulsiones religiosas y dinásticas.

