La lateralidad es la preferencia por utilizar de forma habitual el lado izquierdo o el derecho del cuerpo para realizar diferentes actividades motoras y perceptivas. Se describe a las personas como zurdas o diestras cuando, por ejemplo, prefieren escribir, comer o manipular objetos con la mano izquierda o con la derecha. La lateralidad puede manifestarse en la mano, pero también en el ojo, el pie o el oído; no siempre todos los lados coinciden en una misma persona.

Causas y bases biológicas

La lateralidad surge de la interacción entre factores genéticos, el desarrollo cerebral y el ambiente. No existe un solo gen que determine ser zurdo o diestro; la herencia influye pero de forma compleja. Desde el punto de vista neuroanatómico, la asimetría hemisférica del cerebro (por ejemplo, la predominancia del hemisferio izquierdo para el lenguaje en muchas personas) está relacionada con la preferencia manual, aunque la relación no es absoluta.

Otras posibles influencias incluyen factores prenatales (hormonas, posición fetal) y aprendizaje o presión cultural que a veces ha llevado a forzar el uso de una mano en detrimento de la otra. Aún hoy las razones exactas no se entienden del todo.

Qué es habitual: diestra, zurda o ambidiestra

La mayoría de la población es diestra. Muchas personas, si deben elegir entre ambos lados para una función sensorial o motora, prefieren el ojo derecho, el pie derecho y el oído derecho; sin embargo, estas preferencias no siempre coinciden entre sí. Las razones de este predominio del lado derecho no están plenamente aclaradas.

La ambidestreza se refiere a la capacidad de usar ambas manos con aproximadamente la misma habilidad. La verdadera ambidestreza natural es rara (menos del 1% en la población), aunque en algunos deportes y actividades se entrena para reducir la diferencia entre lado dominante y no dominante. El fútbol es un ejemplo en el que se busca que un jugador sea competente con ambos pies.

Tipos y conceptos relacionados

  • Lateralidad manual: preferencia por la mano derecha o izquierda para tareas finas (escribir, cortar).
  • Lateralidad cruzada: cuando, por ejemplo, la mano dominante y el ojo dominante no coinciden; puede influir en el aprendizaje o la coordinación en algunos casos.
  • Lateralidad estable vs. inestable: en los niños la preferencia tarda en consolidarse; antes de los 4–6 años puede cambiar y estabilizarse más adelante.

Desarrollo y evaluación

La lateralidad comienza a definirse en la primera infancia y suele estabilizarse entre los 3 y 6 años, aunque en algunos niños no queda fija hasta más tarde. Se evalúa observando cuál mano se usa para actividades cotidianas (escribir, lanzar, comer) o mediante cuestionarios estandarizados como el Inventario de Lateralidad o la Edinburgh Handedness Inventory.

Si hay dudas (por ejemplo, falta de preferencia clara pasada la edad esperada, problemas persistentes de coordinación o dificultades escolares), es aconsejable consultar con un pediatra, un terapeuta ocupacional o un especialista en desarrollo infantil para descartar problemas motores o perceptivos asociados.

Implicaciones prácticas

La lateralidad tiene efectos prácticos en la ergonomía, la enseñanza y el diseño de herramientas. Algunas consideraciones:

  • Adaptaciones simples (tijeras para zurdos, mesas y bancos adecuados, configuración del aula) facilitan el aprendizaje y reducen la fatiga.
  • En deportes y artes marciales, desarrollar habilidades con el lado no dominante puede ser útil, pero la mejora suele lograrse mediante entrenamiento específico.
  • Tras lesiones cerebrales o accidentes, la lateralidad puede alterar las funciones motoras y sensoriales; la rehabilitación suele trabajar tanto el lado afectado como estrategias compensatorias.

Consejos y mitos

  • No es “mejor” ni “peor” ser zurdo o diestro: la lateralidad no determina la inteligencia ni la creatividad. Existen mitos culturales que ya no se sustentan científicamente.
  • Si eres zurdo, busca utensilios y herramientas adaptadas (tijeras, abrelatas, teclados y ratones configurables).
  • Evita forzar a un niño a cambiar de mano; el intento de convertir a un zurdo en diestro puede causar confusión y problemas de destreza.
  • Entrenar el lado no dominante puede mejorar la coordinación y ser útil en deportes, pero la verdadera ambidestreza requiere práctica intensa y específica.

En resumen, la lateralidad es una característica habitual y variable de las personas, con bases biológicas y ambientales. Comprenderla ayuda a adaptar la enseñanza, el trabajo y el deporte a las necesidades individuales, y a reconocer cuándo conviene buscar orientación profesional.