La hipótesis del impacto gigante propone que la Luna se formó a partir de los restos expulsados cuando la joven Tierra colisionó con un protoplaneta aproximadamente del tamaño de Marte. Esta explicación —también conocida como la teoría de Theia— es la hipótesis científica dominante para la formación lunar y trata de explicar varios rasgos observados del sistema Tierra–Luna.

Las evidencias principales que apoyan la idea del impacto gigante provienen de las muestras lunares traídas por las misiones Apolo y de estudios teóricos y numéricos. Entre los indicios observacionales se incluyen:

  1. la superficie de la Luna fue una vez fundida; las muestras muestran rocas formadas a partir de un océano de magma temprano (un "magma ocean") que implicaría calor extremo tras un gran impacto,
  2. el núcleo de hierro de la Luna parece relativamente pequeño y su densidad global es inferior a la de la Tierra, lo que sugiere que la mayor parte del hierro quedó en la Tierra tras la colisión, y
  3. evidencias de colisiones parecidas en otros sistemas estelares: observaciones astronómicas y modelos de formación planetaria muestran que impactos gigantes pueden provocar "discos de escombros" alrededor de cuerpos, análogos al material protoplanetario del que pudo formarse la Luna.

El nombre Theia —en referencia a la Titán griega que fue madre de Selene, la diosa de la luna— designa al protoplaneta que habría chocado con la Tierra. Los modelos numéricos y las simulaciones hidrodinámicas muestran que un impacto frontal y de gran energía entre la Tierra y un cuerpo de ese tamaño puede lanzar al espacio una fracción importante del manto terrestre y del impactor, material que posteriormente reacumula para formar la Luna.

No obstante, la hipótesis tiene desafíos importantes y preguntas sin resolver:

  • Composición isotópica prácticamente idéntica: las proporciones isotópicas del oxígeno en las rocas lunares son esencialmente idénticas a las terrestres. Si gran parte del material lunar proviniera de Theia, cabría esperar diferencias isotópicas apreciables; la semejanza sugiere mezcla completa, que es difícil de explicar con algunos escenarios de impacto.
  • Elementos volátiles y siderófilos: las muestras lunares muestran menos elementos volátiles y una química que no coincide exactamente con las predicciones simples del impacto (por ejemplo, la abundancia de elementos que se unen al hierro —elementos siderófilos— y el óxido de hierro). La hipótesis clásica implicaría un océano de magma en la Tierra primitiva y una fracción de materiales volátiles perdida por vaporización; sin embargo, las cantidades observadas no encajan completamente con el modelo básico.
  • Cantidad de momento angular y energía: cualquier modelo debe reproducir el momento angular del sistema Tierra–Luna actual y explicar cómo la interacción posterior (migración, disipación de marea) condujo a la configuración actual.

Para afrontar estas discrepancias se han propuesto variantes y refinamientos de la teoría original:

  • Impacto de gran energía / sinestia: algunos modelos sugieren un impacto más violento que formó una estructura globalmente vaporosa y en rotación —denominada "sinestia"— donde el material se mezcló intensamente antes de condensarse, lo que explicaría la uniformidad isotópica.
  • Equilibración isotópica en el disco protoplanetario: tras el impacto, una fase vaporosa y un disco protoplanetario podrían haber permitido el intercambio eficiente de isótopos entre la Tierra y el material del disco, homogenizando las señales isotópicas.
  • Impactos múltiples o impactos de menor energía: en lugar de un único golpe gigante, algunos escenarios proponen varios impactos más pequeños que, acumulados, generarían la masa lunar y cuya mezcla podría dar lugar a la composición observada.
  • Theia con composición similar a la Tierra: es posible que Theia se hubiera formado en una región del disco protoplanetario con composición química y isotópica muy parecida a la de la Tierra, reduciendo las diferencias esperadas.

Estado actual de la investigación y pruebas futuras: los avances en modelado numérico, en experimentos de alta presión y temperatura, y en mediciones isotópicas de mayor precisión han refinado nuestras ideas, pero no ofrecen aún una solución única aceptada por toda la comunidad. Las próximas líneas de investigación incluyen:

  • mediciones isotópicas más precisas (p. ej. de Ti, O, W y otros isótopos) en rocas lunares y terrestres para restringir el origen del material,
  • nuevas misiones y retorno de muestras de regiones no visitadas de la Luna (por ejemplo, el cuadrante sur o el lado lejano) que puedan contener información sobre el manto lunar primitivo,
  • mejores modelos dinámicos y de física del impacto que incorporen la química y la termodinámica del vapor y del polvo, y
  • estudios comparativos de discos de escombros y señales de grandes colisiones en sistemas planetarios extrasolares para situar el evento lunar en un contexto más amplio.

En resumen, la hipótesis del impacto gigante sigue siendo la explicación más plausible y la que mejor concilia muchas observaciones sobre la Luna y la Tierra, pero requiere refinamientos para resolver problemas como la identidad isotópica y las abundancias de elementos volátiles y siderófilos. Las soluciones propuestas (impactos más energéticos, sinestias, múltiples impactos o Theia con composición parecida) están activamente estudiadas; futuros datos de muestras y observaciones decidirán cuál o cuáles de estas variantes representan mejor el origen lunar.