El virus del Ébola o enfermedad por el virus del Ébola (EVD), a menudo abreviado como Ébola, es un virus muy peligroso. Pertenece a la familia Filoviridae. Existen varias especies de ebolavirus; cuatro de ellas (Zaire, Sudan, Bundibugyo y Tai Forest) han infectado a humanos y pueden causar enfermedad grave. La infección por el ébola provoca una fiebre hemorrágica que suele comenzar de forma repentina: "hemorrágica" indica que la persona puede sangrar tanto por dentro como por fuera. El virus ataca muchos órganos y tejidos del cuerpo, lo que puede llevar al fallo de múltiples órganos. La gravedad varía según la especie del virus, el acceso a atención médica y otros factores; de cada 100 personas que contraen el ébola, mueren de media entre 25 y 90.

El virus se identificó por primera vez en 1976 en regiones de Sudán y en la República Democrática del Congo (cerca del río Ébola). Actualmente se encuentra principalmente en África, con muy pocos casos en Europa y en Estados Unidos relacionados con viajes o importación de casos.

Síntomas

Los síntomas aparecen generalmente entre 2 y 21 días después de la exposición (periodo de incubación más común: 8–10 días). Comienzan de forma brusca e incluyen:

  • Fiebre alta y debilidad intensa.
  • Dolores musculares, dolor de cabeza y dolor de garganta.
  • Vómitos, diarrea intensa y pérdida de apetito.
  • Sarpullido (en algunos casos).
  • Insuficiencia hepática o renal (alteraciones en la función de órganos).
  • Sangrado interno o externo (por ejemplo, sangrado nasal, de encías o sangre en heces).

Algunas personas presentan síntomas leves al inicio y empeoran rápidamente. Los supervivientes pueden tener secuelas prolongadas, como fatiga, dolores articulares, problemas de visión (uveítis) y persistencia del virus en algunos fluidos (por ejemplo, semen) durante meses.

Cómo se transmite

La transmisión humana del ébola ocurre por contacto directo con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de personas o animales infectados. Formas importantes de transmisión:

  • Contacto directo con fluidos corporales (sangre, vómito, heces, saliva, semen) de una persona sintomática.
  • Contacto con superficies u objetos contaminados (ropa, sábanas, utensilios) sin desinfección adecuada.
  • Contacto con animales infectados: se cree que los reservorios naturales incluyen murciélagos frugívoros; los primates no humanos y otros animales pueden transmitir el virus si se manipulan o consumen.
  • Transmisión sexual: el virus puede persistir en el semen y transmitirse sexualmente meses después de la recuperación.

No se considera una enfermedad transmitida por el aire en condiciones normales (no es una infección respiratoria transmitida por gotas respiratorias a distancia sin contacto directo), aunque procedimientos médicos que generen aerosoles pueden suponer riesgo si no hay medidas de protección adecuadas.

Diagnóstico y tratamiento

Diagnóstico:

  • Pruebas de laboratorio como PCR para detectar material genético del virus (el método más utilizado).
  • Tests rápidos de antígeno en algunas situaciones y serología para la investigación epidemiológica.

Tratamiento:

  • No existe un tratamiento antiviral universalmente efectivo para todos los tipos; la atención es en gran parte de soporte: rehidratación oral o intravenosa, corrección de desequilibrios electrolíticos, control de infecciones secundarias y soporte de órganos (oxigenoterapia, diálisis si procede).
  • En los últimos años se han aprobado y usado tratamientos específicos en brotes: terapias con anticuerpos monoclonales como Inmazeb (REGN-EB3) y Ebanga (mAb114) han mostrado reducir la mortalidad en infecciones por el ébolavirus del tipo Zaire.
  • El uso de plasma convaleciente y otros tratamientos experimentales se ha utilizado en emergencias; su eficacia puede variar.

Prevención y control

  • Detección temprana y aislamiento de casos sospechosos para evitar la transmisión.
  • Trazado y vigilancia de contactos: seguimiento de personas que tuvieron contacto con casos para detectar síntomas y cortar cadenas de transmisión.
  • Equipo de protección personal (EPP): uso estricto por parte del personal sanitario (guantes, batas, mascarillas, protección ocular, procedimientos de descontaminación).
  • Prácticas seguras de entierro: los rituales de manejo de cadáveres pueden ser una fuente importante de contagio y deben realizarse con medidas de bioseguridad y respeto cultural.
  • Vacunación: existen vacunas eficaces para la cepa Zaire (por ejemplo, la vacuna rVSV-ZEBOV, comercializada como Ervebo) utilizadas en estrategias de "anillo" alrededor de casos confirmados; hay investigación y desarrollo de vacunas para otras especies.
  • Educación comunitaria: informar sobre riesgos, evitar contacto con animales silvestres potencialmente infectados y fomentar la búsqueda temprana de atención.

Datos clave

  • Periodo de incubación: 2–21 días (habitualmente 8–10 días).
  • Tasa de letalidad: varía según la especie del virus y la calidad de la atención; históricamente entre 25% y 90%.
  • Reservorio natural: probables murciélagos frugívoros; otros animales (mono, antílopes) pueden transmitir la enfermedad si se cazan o consumen.
  • Laboratorios: el manejo de muestras requiere instalaciones de bioseguridad de alto nivel (BSL-4) o procedimientos estrictos de contención.
  • Seguimiento de supervivientes: importante para detectar complicaciones a largo plazo y prevenir transmisión sexual.

En caso de sospecha de exposición o síntomas sugestivos, hay que contactar a las autoridades sanitarias locales y evitar el contacto con otras personas hasta recibir indicaciones. La respuesta rápida de salud pública —detección, aislamiento, trazado de contactos, protección del personal sanitario y vacunación dirigida— es clave para controlar brotes y reducir la mortalidad.