Enrique Benedicto María Clemente Tomás Francisco Javier Estuardo (11 de marzo de 1725 - 13 de julio de 1807) fue un cardenal católico romano y el cuarto y último heredero jacobita que reclamó públicamente los tronos de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Hijo de Jacobo Francisco Eduardo Estuardo (el llamado «Viejo Pretendiente») y de María Clementina Sobieska, Enrique nació en el seno de la familia real estuardo exiliada en Roma y pasó la mayor parte de su vida en los Estados Pontificios.

Biografía y contexto familiar

Como segundo hijo varón de Jacobo Francisco Eduardo, nunca estuvo destinado a reinar de forma inmediata; en cambio, su condición de príncipe exiliado lo situó en un entorno en el que la carrera clerical era una salida socialmente aceptable y práctica. Su hermano mayor, Carlos Eduardo Estuardo («Bonnie Prince Charlie»), lideró el último gran levantamiento jacobita en 1745, pero Enrique optó por una vida clerical y no intervino activamente en los intentos militares o políticos por recuperar la corona.

Carrera eclesiástica

Enrique desarrolló una larga y destacada trayectoria dentro de la Iglesia Católica Romana. Fue nombrado cardenal y, con el paso de los años, ocupó altos cargos dentro del Sacro Colegio Cardenalicio, llegando a ser decano del Colegio Cardenalicio y cardenal‑obispo de Ostia y Velletri. Pasó toda su existencia al servicio del Papado y de la administración eclesiástica en los territorios pontificios, desempeñando labores pastorales y de representación en la Curia.

Reivindicación jacobita

Cuando su hermano Carlos murió en enero de 1788, Enrique se convirtió, para los partidarios jacobitas, en el legítimo heredero de la dinastía Estuardo y fue reconocido por ellos como Enrique IX de Inglaterra en la esfera privada de los seguidores del movimiento. A diferencia de sus predecesores, no llevó a cabo campañas para reclamar activamente los tronos; su posición fue esencialmente simbólica y familiar. El Papa, sin embargo, no reconoció a Enrique como monarca legítimo de Inglaterra, Escocia e Irlanda, denominándole en la esfera pública «cardenal duque de York» y empleando la forma nuncupatus para indicar el uso tradicional del título entre los jacobitas.

Legado y fallecimiento

Enrique nunca contrajo matrimonio ni dejó descendencia legítima; con su muerte en 1807 se cerró la línea directa masculina de los Estuardo que había encabezado las reclamaciones jacobitas. Aunque la dinastía perdió su pretensión efectiva sobre los tronos británicos mucho antes, la figura de Enrique representa el último eslabón visible entre el jacobitismo dinástico del siglo XVII–XVIII y la Europa napoleónica que ya transformaba el mapa político del continente.

Pasó su vida en los Estados Pontificios y, al momento de su muerte, era —y sigue siendo— uno de los cardenales de mayor antigüedad en la historia de la Iglesia. Su imagen y su nombre perviven en la historiografía como símbolo de la etapa final del movimiento jacobita y como ejemplo de la intersección entre política dinástica y carrera eclesiástica en la Europa moderna temprana.