La toma de posesión de Donald Trump como 45º presidente de los Estados Unidos se celebró el viernes 20 de enero de 2017 en la fachada oeste del edificio del Capitolio de los Estados Unidos en Washington, D.C. Esta ceremonia marcó, según la costumbre constitucional establecida en el artículo II de la Constitución y la tradición inaugural, el inicio oficial del mandato presidencial de cuatro años.

Juramento y ceremonias religiosas

La toma de posesión marcó el inicio del mandato de cuatro años de Donald Trump como presidente y de Mike Pence como vicepresidente. El juramento presidencial fue administrado a Trump por el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, y el juramento vicepresidencial fue administrado a Pence por el juez asociado Clarence Thomas. Para el juramento presidencial se utilizaron dos Biblias: la Biblia de Abraham Lincoln y una Biblia familiar de la familia Trump.

Las bendiciones corrieron a cargo de varios clérigos (entre ellos un rabino y el reverendo Franklin Graham, hijo del reverendo retirado Billy Graham, que durante décadas dio las bendiciones en la toma de posesión de los presidentes estadounidenses). Además de los actos formales hubo lecturas y oraciones de diversos líderes religiosos y civiles antes y después del juramento.

Discurso inaugural

El tema principal del discurso de investidura del presidente Trump fue su enfoque en los intereses nacionales y la prioridad de Estados Unidos en la política interior y exterior, resumido en expresiones como "¡América primero!" y su lema de campaña "Make America Great Again". En su alocución, Trump presentó un tono populista y nacionalista, haciendo hincapié en la recuperación económica, la seguridad fronteriza, la crítica a las élites políticas y la promesa de defender a los ciudadanos estadounidenses por encima de intereses extranjeros.

Asistencia y controversia sobre la concurrencia

El número de espectadores fue mucho menor que en las tomas de posesión de su predecesor Barack Obama, aunque el presidente Trump y su portavoz lo rebatieron. Las estimaciones de asistencia variaron considerablemente: mientras que imágenes aéreas y análisis independientes indicaron una concurrencia reducida con respecto a la inauguración de 2009, la Casa Blanca presentó cifras más altas. La discrepancia generó un debate público y mediático sobre la exactitud de las cifras de asistencia y la comunicación oficial.

Asistencia de expresidentes y figuras públicas

La ceremonia fue presenciada por varios expresidentes y sus respectivas esposas: los presidentes Jimmy Carter, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, junto con sus respectivas esposas, las Primeras Damas (incluida Hillary Clinton), habían confirmado su asistencia a la toma de posesión de Trump, y todos estaban presentes. George H. W. Bush, de 92 años, no asistió a la toma de posesión por motivos de salud.

Protestas, seguridad y eventos relacionados

Muchos grupos solicitaron permisos de manifestación para la toma de posesión de Donald J. Trump, entre ellos Bikers for Trump, y la Marcha de las Mujeres en Washington, prevista para el día después de la toma de posesión. La mayoría de los manifestantes estaban en contra del nuevo presidente; en la capital y en otras ciudades se organizaron diversas protestas y concentraciones. Durante algunas manifestaciones aisladas se produjeron incidentes de vandalismo y hubo detenciones por altercados y desórdenes públicos.

La operación de seguridad alrededor de la inauguración fue masiva: se implementaron cierres de calles, cordones y controles de acceso en el National Mall y zonas aledañas, además de coordinación entre agencias federales, estatales y locales para garantizar el orden y la protección de los asistentes y de los dignatarios invitados.

Eventos protocolarios y celebraciones

Al margen de la ceremonia oficial, se celebraron actos inaugurales, conciertos y bailes de investidura organizados por el comité inaugural. La jornada dio paso, al día siguiente, a la Marcha de las Mujeres, una protesta nacional e internacional que atrajo a cientos de miles de personas en ciudades de todo el mundo, expresando su descontento con varias políticas y declaraciones realizadas por Donald Trump durante la campaña y la transición.

Relevancia histórica

La toma de posesión de 2017 fue significativa por varios motivos: además de inaugurar la presidencia de Donald Trump, supuso la entrada en la Casa Blanca de un mandatario sin experiencia previa en cargos electivos o servicio militar, algo inusual en la historia presidencial reciente de Estados Unidos. El acto y su recepción pública inauguraron un periodo de fuerte polarización política y cultural que marcaría los años siguientes de su administración.

En conjunto, la ceremonia del 20 de enero de 2017 combinó los protocolos constitucionales y ceremoniales habituales con una intensa atención mediática y debates públicos sobre la imagen, la asistencia y las prioridades anunciadas por la nueva Administración.