El vuelo 291 de Iran Air se estrelló el 21 de enero de 1980 durante la aproximación al aeropuerto de Teherán-Mehrabad. Operado con un Boeing 727-86, cubría la ruta entre el aeropuerto de Mashad y Teherán. A las 19:11 hora local el avión impactó contra las laderas de las montañas de Alborz, a unos 29 km al norte de Teherán, mientras realizaba la aproximación a la pista 29 en condiciones meteorológicas adversas de niebla y nieve. Los 8 miembros de la tripulación y los 120 pasajeros a bordo murieron; la aeronave quedó completamente destruida. En su momento este siniestro fue el más mortífero en la historia de la aviación civil iraní.

Un resumen de los hechos clave:

• Fecha: 21 de enero de 1980.
• Aeronave: Boeing 727-86.
• Ruta: Mashad – Teherán (Mehrabad).
• Lugar del accidente: Montañas de Alborz, 29 km al norte de Teherán.
• Condiciones meteorológicas: niebla y nieve durante la aproximación.
• Víctimas: 128 fallecidos (8 tripulación + 120 pasajeros).

La investigación oficial determinó que la causa probable del accidente estuvo relacionada con fallos en la navegación y el apoyo terrestre: el sistema de aterrizaje por instrumentos (instrument landing system, ILS) y un radar de tierra no estaban operativos en el momento de la aproximación. En términos operativos, la falta de esos equipos críticos y la mala visibilidad aumentaron considerablemente el riesgo de un impacto controlado contra el terreno (CFIT, por sus siglas en inglés), es decir, una aeronave en condiciones controladas que, por error de navegación o falta de información, choca contra el terreno.

Como consecuencia del accidente y de las conclusiones de la investigación, se tomaron medidas legales: el jefe de la Autoridad de Aviación Civil de Irán y otros cinco funcionarios fueron acusados de homicidio involuntario por su presunta responsabilidad en el mantenimiento y la supervisión de los sistemas de navegación y control aéreo. El suceso puso de manifiesto la importancia del mantenimiento operativo de ayudas a la navegación y del control del tráfico aéreo, especialmente en aeropuertos con aproximaciones sobre terreno montañoso.

Contexto y lecciones aprendidas: este accidente subraya varios factores recurrentes en siniestros similares — meteorología adversa, aproximaciones a aeropuertos rodeados de relieve elevado y la dependencia de ayudas radioeléctricas en tierra. Las recomendaciones habituales tras sucesos de esta naturaleza incluyen:

• garantizar la disponibilidad y el mantenimiento regular de sistemas ILS y radares;
• mejorar la formación y los procedimientos de tripulación para aproximaciones en condiciones de baja visibilidad;
• reforzar los procedimientos de gestión y supervisión de las autoridades de aviación y del control del tráfico aéreo;
• evaluar y, si procede, instalar ayudas adicionales (por ejemplo, sistemas de navegación por satélite y procedimientos de aproximación por instrumentos actualizados) para reducir la dependencia exclusiva de equipos terrestres.

El accidente del vuelo 291 de Iran Air sigue siendo un recordatorio de la interdependencia entre la tecnología de ayuda a la navegación, la gestión regulatoria y la toma de decisiones operativas en condiciones difíciles. Aunque han pasado décadas desde el suceso, sus conclusiones son citadas en la aviación civil como ejemplo de la necesidad de redundancia y mantenimiento estricto de las ayudas a la navegación y de protocolos claros en situaciones meteorológicas adversas.