Catalina II de Rusia (también titulada Catalina la Grande o Yekaterina Aleksei'evna) (21 de abril de 1729, Stettin, Alemania - 17 de noviembre de 1796 Tsarskoye Selo, Rusia) fue emperatriz de Rusia. Llegó al poder mediante un golpe de estado que depuso a su marido, que fue asesinado.

Catalina elevó significativamente la preeminencia de la Corona rusa y transformó al país en una gran potencia europea. Durante su reinado (1762–1796) consolidó las conquistas territoriales en el oeste y el sur mediante guerras y diplomacia. En los conflictos contra el Imperio Otomano y en las particiones de la Mancomunidad Polaco-Lituana, Rusia obtuvo territorios clave que le dieron acceso al Mar Negro y aumentaron su influencia en Europa central y oriental. Su gobierno combinó ideas ilustradas con una práctica política autocrática: promovió reformas culturales y administrativas, pero también fortaleció a la nobleza y mantuvo —e incluso amplió— el régimen de la servidumbre.

Orígenes y acceso al trono

Nacida como Sophie Friederike Auguste von Anhalt‑Zerbst, fue educada en la corte prusiana y llegó a Rusia al casarse con el gran duque Pedro (futuro Pedro III). Se convirtió al cristianismo ortodoxo y adoptó el nombre Yekaterina (Catalina). En julio de 1762, tras la deposición de Pedro III en un golpe palaciego que ella apoyó, asumió el poder como emperatriz. Aunque hay polémica sobre la muerte de Pedro, lo cierto es que Catalina gobernó de forma firme desde el primer momento y consolidó rápidamente su posición.

Reformas políticas y administrativas

Catalina impulsó proyectos de modernización inspirados en parte por las ideas de la Ilustración europea. En 1767 promovió la Comisión Legislativa para revisar las leyes del imperio y redactó la famosa Nakaz (Instrucción), un texto con influencias de Montesquieu y Beccaria que proponía principios de legalidad, igualdad ante la ley y racionalización administrativa. Sin embargo, la comisión no llegó a producir una constitución ni reformó de manera profunda la estructura política: la monarquía absoluta se mantuvo.

  • En 1785 otorgó la Carta de la Nobleza, que reconocía y garantizaba privilegios para la aristocracia y reforzaba su papel en la administración local.
  • Promovió la creación de instituciones culturales y educativas, como el Instituto Smolny para jóvenes nobles y el estímulo a la enseñanza y las ciencias.

Cultura, arte e ideas

Catalina fue una mecenas destacada de las artes y la cultura. Mantuvo correspondencia con figuras de la Ilustración como Voltaire y Diderot, atrajo artistas e intelectuales a la corte y coleccionó obras de arte que serían la base de los museos imperiales (la colección que dio origen a la futura Hermitage). Su corte se convirtió en un centro cultural que favoreció la difusión de ideas europeas en Rusia.

Expansión territorial y política exterior

Bajo su mando, Rusia obtuvo importantes victorias territoriales:

  • Guerras contra el Imperio Otomano que culminaron en tratados favorables (por ejemplo, en 1774 con resultados que aumentaron la presencia rusa en el Mar Negro y la protección de los cristianos ortodoxos en territorios otomanos).
  • Anexión de Crimea en 1783, lo que consolidó el acceso ruso al Mar Negro.
  • Participación decisiva en las particiones de la Mancomunidad Polaco‑Lituana (1772, 1793 y 1795), mediante las cuales Rusia, Prusia y Austria se repartieron importantes territorios polacos.

Conflictos internos: la servidumbre y la rebelión de Pugachov

A pesar de sus simpatías por algunas ideas ilustradas, Catalina reforzó el poder de la nobleza sobre los campesinos. La presión sobre los siervos y las tensiones sociales desembocaron en la gran rebelión de Yemelián Pugachov (1773–1775), un levantamiento campesino y cosaco que representó una seria amenaza al régimen. La revuelta fue brutalmente reprimida y, como consecuencia, el gobierno aumentó las medidas de control y represión en las zonas rurales.

Legado y fallecimiento

Catalina la Grande dejó un legado complejo: modernizó y occidentalizó muchos aspectos de la vida rusa, modernizó la administración y colocó a Rusia entre las principales potencias europeas, pero lo hizo manteniendo y en algunos casos ampliando relaciones de privilegio para la nobleza y la opresión de los campesinos. Además consolidó fronteras y territorios que transformaron el mapa político de Europa oriental. Murió el 17 de noviembre de 1796 en Tsarskoye Selo, dejando un imperio más grande y más influyente, así como una dinastía que continuaría marcando la historia rusa.