Joseph Vissarionovich Stalin (nacido Ioseb Besarionis dze Jughashvili; 18 de diciembre de 1878–5 de marzo de 1953) fue un dirigente de origen georgiano que llegó a ser líder de la Unión Soviética entre 1922 y 1953. Sucedió políticamente a Vladimir Lenin y promovió una versión del marxismo-leninismo que más tarde se identificó con el término estalinismo.
Como dirigente del Estado, impulsó la industrialización acelerada y la colectivización agrícola, aplicadas mediante una fuerte centralización del poder, planes económicos estatales y un aparato de seguridad muy activo. Esas políticas transformaron la economía y la sociedad soviéticas, y al mismo tiempo estuvieron acompañadas por campañas de represión, purgas y desplazamientos que siguen siendo objeto de análisis y debate. Desde su origen personal hasta su práctica política, Stalin fue un político georgiano cuya figura polarizó opiniones dentro y fuera de la URSS.
En septiembre de 1939, la Unión Soviética invadió Polonia en el contexto de pactos y de la rápida escalada que condujo a la Segunda Guerra Mundial. Antes de la invasión alemana a la URSS, el Estado soviético firmó un pacto de no agresión con el régimen alemán y su líder, Adolf Hitler, acuerdo que tuvo consecuencias geopolíticas inmediatas. La relación cambió radicalmente en junio de 1941 con la ofensiva alemana conocida como Operación Barbarroja, que abrió el frente oriental y convirtió a la Unión Soviética en el principal escenario del conflicto en Europa oriental.
Tras la derrota de la Alemania nazi, la Unión Soviética amplió su influencia en Europa del Este, estableciendo zonas de influencia y manteniendo fuerzas en territorios ocupados, incluida parte de Alemania. En esos territorios se crearon una serie de estados que, en diverso grado, adoptaron políticas marxistas‑leninistas y sistemas de partido único afines a Moscú. Este despliegue contribuyó a situar a la URSS como una superpotencia en el orden internacional de la posguerra.
Stalin falleció en marzo de 1953; la causa oficial fue un derrame cerebral. Su legado político, económico y humano genera evaluaciones contrapuestas: por un lado, la modernización y la victoria en la Segunda Guerra Mundial; por otro, la represión y las víctimas de las políticas estatales. La historiografía continúa revisando y contextualizando su papel en el siglo XX.

