La invasión de Polonia en 1939 fue una ofensiva militar en la que la Alemania nazi, y dos semanas después la Unión Soviética, invadieron Polonia. Fue el inicio de la Segunda Guerra Mundial en Europa. La invasión comenzó el 1 de septiembre de 1939 con un ataque alemán y se prolongó hasta principios de octubre (con combates organizados hasta el 6 de octubre y rendiciones de unidades aisladas poco después). La agresión alemana fue precedida por el pacto germano-soviético de no agresión (el llamado Pacto Molotov-Ribbentrop) firmado el 23 de agosto de 1939, que incluía un protocolo secreto para repartirse esferas de influencia en Europa del Este; ese acuerdo facilitó la coordinación posterior entre Berlín y Moscú para la partición del territorio polaco.
Antecedentes y motivaciones
La ofensiva alemana se preparó con campañas de desinformación y actos de falsa bandera (como el incidente de Gleiwitz) que sirvieron de pretexto para justificar el ataque. Alemania buscaba recuperar territorios perdidos tras la Primera Guerra Mundial, ampliar su espacio vital y eliminar lo que consideraba una amenaza en el flanco oriental. La firma del pacto con la Unión Soviética aseguró a Hitler que no habría intervención soviética inmediata desde el este, y facilitó la división de Polonia entre ambas potencias.
Desarrollo militar: la táctica de la blitzkrieg y la resistencia polaca
Esta fue la primera gran prueba a gran escala de la blitzkrieg (guerra relámpago) coordinando tanques, artillería y aviación para romper rápidamente las líneas enemigas. El ataque sorpresa alemán fue brillante desde el punto de vista operativo: rápida penetración, envolvimientos y explotación de brechas defensivas. La Wehrmacht combinó divisiones motorizadas y acorazadas con la potente Luftwaffe para desorganizar las comunicaciones y la logística polaca.
Sin embargo, en los primeros días de la invasión los polacos ofrecieron una resistencia más dura de lo que los alemanes esperaban. En la Batalla de Mokra (1–2 de septiembre) las fuerzas polacas rechazaron el ataque de una división Panzer alemana, infligiéndole pérdidas. Durante los primeros días la fuerza aérea polaca —aunque en inferioridad numérica y con muchos aparatos obsoletos— opuso una defensa notable, obligando a la Luftwaffe a emplearse más de lo previsto; no obstante, la superioridad material y numérica alemana hizo que la Luftwaffe alcanzara la superioridad aérea tras pocos días.
La maniobra alemana de envolvimiento, unida al bloqueo de rutas de retirada (Polonia quedaba rodeada por territorios controlados por Alemania al norte, oeste y sur), redujo las opciones tácticas del alto mando polaco. Los alemanes llegaron a las afueras de Varsovia y comenzaron el asedio el 8–9 de septiembre; la ciudad resistió intensamente y fue bombardeada y sometida a un asedio que terminó con la capitulación en torno al 27–28 de septiembre tras agotamiento de suministros y destrucción masiva en la ciudad. La batalla del Bzura (9–19 de septiembre) fue la mayor contraofensiva polaca: al principio tuvo éxito, diezmando unidades alemanas y tomando prisioneros (el texto original cita 3 500 prisioneros), pero la superioridad alemana en reservas, material y apoyo aéreo revirtió la situación y la ofensiva polaca fue aplastada.
Invasión soviética y retirada polaca
El 17 de septiembre de 1939 la Unión Soviética invadió por el este, justificando su acción con la supuesta necesidad de proteger a las minorías ucranianas y bielorrusas en el territorio polaco. Esta invasión dejó al ejército polaco atrapado entre dos frentes y sin posibilidad real de sostener una guerra prolongada. Frente a la evidencia de que Gran Bretaña y Francia no podrían socorrer a Polonia inmediatamente en el terreno —la llamada "guerra falsa" o "Phoney War"— el alto mando polaco ordenó la retirada de unidades hacia la zona rumana para permitir la evacuación vía Rumanía y Hungría de personal, material y la continuidad de la lucha desde el extranjero.
Gran parte de la armada polaca logró escapar a Gran Bretaña y muchos oficiales, técnicos y pilotos lograron reorganizarse en el exilio. Además, los criptógrafos polacos que habían descifrado la (máquina) Enigma alemana antes de la guerra trasladaron su trabajo a Francia y luego a Gran Bretaña, aportando inteligencia que sería decisiva en los años siguientes.
Consecuencias políticas, humanas y territoriales
Al final de la campaña, el territorio polaco fue dividido entre Alemania y la Unión Soviética, con annexioness y la creación por parte alemana del llamado "Generalgouvernement" en la zona central. La ocupación estuvo acompañada por represión brutal: detenciones masivas, deportaciones, ejecuciones de oficiales, eliminación de la élite política e intelectual, y persecuciones contra la población judía que darían paso a políticas genocidas en los años siguientes.
Las pérdidas humanas fueron elevadas: decenas de miles de soldados polacos murieron y cientos de miles fueron hechos prisioneros; además hubo un gran número de víctimas civiles por bombardeos, represalias y políticas de ocupación. Las estimaciones varían según las fuentes, pero la campaña supuso un coste humano y material muy importante para Polonia.
Tras la caída del país, los políticos polacos establecieron un gobierno en el exilio primero en Francia y luego en Gran Bretaña, desde donde coordinaron la contribución militar y diplomática polaca a la guerra. En los años siguientes, muchas unidades polacas lucharían junto a los Aliados en distintos frentes: la marina y la aviación polacas se integraron en las fuerzas británicas y más tarde formaron parte de operaciones en el frente occidental y en Italia; al finalizar la guerra, las fuerzas armadas polacas constituían una de las fuerzas aliadas más numerosas.
Valor histórico
La invasión de Polonia marcó el inicio de un conflicto global que transformó Europa y el mundo. Mostró la eficacia de nuevas formas de guerra mecanizada, la importancia de la inteligencia y la logística, y las consecuencias políticas de los acuerdos entre grandes potencias. También dejó lecciones trágicas sobre la vulnerabilidad de los Estados medianos frente a agresiones coordinadas, y las terribles consecuencias para las poblaciones civiles bajo ocupación.
En resumen, la campaña de 1939 terminó con la derrota militar de Polonia, la ocupación y la partición del país entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, el establecimiento de autoridades en el exilio y el inicio de una ocupación que supuso sufrimiento y cambios demográficos y políticos de largo alcance en Europa central y oriental.