Euskadi Ta Askatasuna o ETA (en euskera "Patria Vasca y Libertad"; pronunciación IPA: [ˈɛːta]) fue una organización armada nacionalista y separatista que operó principalmente en el País Vasco y en otras zonas del norte de España y del suroeste de Francia. Su objetivo declarado era crear un estado independiente para el pueblo vasco, un grupo étnico con entre 2 y 2,5 millones de personas en la región, muchos de los cuales hablan el euskara, una lengua no indoeuropea autóctona.
Orígenes y evolución
ETA se fundó en 1959 por jóvenes nacionalistas vascos, surgidos en parte del entorno de la Organización Juvenil del Partido Nacionalista Vasco, que rechazaban la línea moderada de ese partido y la dictadura de Francisco Franco. En sus primeros años combinó reivindicaciones culturales y políticas con acciones de protesta; con el tiempo adoptó una estrategia armada y revolucionaria que incluyó atentados, secuestros y extorsión.
Ideología
La organización mezcló el nacionalismo vasco con corrientes de izquierdas (en distintos momentos con matices marxistas). Su proyecto político reclamaba la independencia del llamado Euskal Herria, que abarca territorios del norte de España y del sur de Francia, y la creación de un Estado propio con fuerte componente social y colectivista.
Métodos y acciones
- Atentados con bomba, asesinatos selectivos y atentados indiscriminados contra personas y bienes.
- Sectuestros de figuras públicas y empresarios.
- Extorsión económica conocida como "impuesto revolucionario" impuesto a empresarios para financiar la actividad.
- Violencia contra fuerzas de seguridad y contra quienes consideraban colaboradores del Estado o adversarios políticos.
Entre sus acciones más conocidas está el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco en 1973, un golpe que tuvo gran impacto político durante la dictadura franquista. A lo largo de las décadas ETA fue responsable de más de 800 asesinatos, numerosos heridos y daños materiales. Su violencia causó un profundo sufrimiento y polarización en la sociedad vasca y española.
Relación con la política y la sociedad vasca
ETA surgió y actuó en un contexto en el que existían también partidos y movimientos nacionales y de izquierdas que reclamaban autonomía o independencia por medios exclusivamente políticos. Varias formaciones políticas y movimientos sociales simpatizantes fueron acusados de ser la rama política o de apoyar a ETA; entre ellos destacaron Herri Batasuna y Batasuna, partidos que terminaron ilegalizados por la justicia española por su presunta vinculación con la organización. Con el tiempo surgieron fuerzas políticas legales (p. ej. Sortu, Bildu) que rechazaron la violencia y entraron en la vida política institucional.
Acción policial, judicial y declive
Desde los años ochenta y sobre todo en las décadas siguientes, las fuerzas de seguridad de España y Francia, con cooperación internacional, llevaron a cabo detenciones y operaciones que mermaron la capacidad operativa de ETA. La política penitenciaria, la pérdida de apoyo social, la presión internacional y la eficacia policial marcaron un descenso de su actividad.
Cese de la violencia y disolución
Tras múltiples intentos de negociación y varios anuncios de alto el fuego intermitentes, ETA anunció en 2011 el cese definitivo de su actividad armada. En los años siguientes facilitó pasos hacia el desarme y en 2018 anunció su disolución definitiva, dando por concluida su trayectoria como organización armada.
Víctimas, memoria y legado
El conflicto dejó una larga lista de víctimas —familias de asesinados, heridos, expoliados— y heridas sociales que todavía siguen siendo objeto de memoria, reconocimiento y debates sobre justicia y reconciliación. Asociaciones de víctimas, instituciones públicas y colectivos de derechos humanos han impulsado iniciativas para esclarecer hechos, condenar la violencia y ofrecer reparación a las víctimas.
Valoración y actualidad
Hoy la violencia de ETA es mayoritariamente condenada en la sociedad vasca y española. El fin de la organización abrió espacio a soluciones políticas dentro de los cauces democráticos y a un debate sobre el futuro del nacionalismo vasco sin el recurso a la violencia. No obstante, el recuerdo de décadas de terrorismo y las demandas de memoria y justicia siguen vigentes y marcan la agenda pública en el País Vasco y en España.