La enfermedad de las arterias coronarias, también llamada cardiopatía coronaria, es el proceso por el cual las arterias que suministran sangre al músculo cardíaco se estrechan u obstruyen. En términos generales, se trata de una manifestación de aterosclerosis aplicada al lecho coronario; esta afectación disminuye el flujo de sangre y, por tanto, de oxígeno y nutrientes necesarios para el funcionamiento del corazón. Para una descripción general y definición de los términos, puede consultarse material introductorio. Las arterias coronarias son vasos específicos que rodean al corazón y lo nutren continuamente.

Fisiopatología y características

El mecanismo básico es la acumulación de material graso, células inflamatorias y tejido fibroso en la íntima arterial, conocida como placa. Con el tiempo la placa reduce el diámetro del vaso y altera la hemodinámica. Una arteria es el conducto encargado de transportar la sangre desde el corazón hacia tejidos; en las coronarias, esa sangre contiene oxígeno y nutrientes que mantienen viable el músculo cardíaco. La exposición crónica a factores de riesgo puede provocar crecimiento progresivo de la placa, erosión o rotura, con formación de trombos que obstruyen súbitamente el flujo.

Síntomas y evolución clínica

Muchas personas con enfermedad coronaria permanecen asintomáticas durante años. Cuando aparecen síntomas suelen manifestarse como angina (dolor torácico de esfuerzo) o disnea al esfuerzo. La ruptura de una placa seguida de trombosis puede producir un infarto agudo de miocardio, que es la presentación más grave. La enfermedad coronaria también puede causar arritmias y muerte súbita cardiaca. Para información sobre signos y síntomas consulte síntomas asociados y escenarios clínicos. El término ataque al corazón se usa para describir un infarto agudo por oclusión coronaria.

Factores de riesgo y epidemiología

Los factores que aumentan la probabilidad de desarrollar enfermedad coronaria incluyen tabaquismo, hipertensión arterial, hiperlipidemia (colesterol elevado), diabetes, obesidad, sedentarismo y antecedentes familiares. La prevalencia aumenta con la edad; es más frecuente en hombres a edades medias, aunque el riesgo en mujeres se incrementa después de la menopausia. La cardiopatía isquémica es una de las principales causas de muerte a nivel global, por lo que su prevención y manejo son prioridades en salud pública.

Diagnóstico, tratamiento y prevención

El diagnóstico combina evaluación clínica, pruebas de laboratorio y estudios de imagen. Entre las pruebas más utilizadas figuran electrocardiograma, pruebas de esfuerzo, ecocardiograma, tomografía coronaria y coronariografía invasiva. El tratamiento depende de la gravedad: medidas de estilo de vida y control de factores de riesgo, fármacos (antiagregantes, estatinas, betabloqueantes, inhibidores de la enzima convertidora), intervenciones percutáneas (angioplastia con stent) y cirugía de revascularización coronaria en casos seleccionados. La prevención primaria y secundaria se centra en dejar de fumar, controlar presión y glucemia, dieta saludable, ejercicio y adherencia a medicación cuando esté indicada.

Datos prácticos y distinciones

Es importante distinguir entre isquemia estable (angina crónica) y síndromes coronarios agudos (angina inestable e infarto). La presentación clínica varía: no todo dolor torácico es coronario y no todos los infartos cursan con dolor intenso. El pronóstico ha mejorado con terapias farmacológicas y técnicas de revascularización, pero la prevención sigue siendo el pilar. Para ampliar información especializada puede seguirse material de referencia y guías clínicas disponibles en línea: fuente 1, fuente 2, fuente 3, fuente 4, fuente 5, fuente 6, fuente 7, fuente 8 y fuente 9.